El día 21[i], Aub ha ido a La Barata, donde reside el presidente de la República, Manuel Azaña, para visitar a su asistente, el recientemente nombrado coronel Ángel Riaño Herrero[ii]. Le conoce de algún encuentro en París. Se cayeron bien. Además, durante un tiempo ha ostentado un alto cargo en aviación, por lo que está seguro de que entenderá las necesidades del rodaje.
El día es soleado. Se sientan en un banco, el bosque les rodea protector.
—¿Qué tal Max? He oído que estás metido en el cine —inicia con cierta sorna.
—¿Te das cuenta? ¡Yo haciendo películas! Vivir para ver. ¿Y vosotros?, ¿Qué tal el presidente? Por cierto, enhorabuena por tu ascenso. Merecido sin duda.
—Bueno, siempre es una satisfacción. Pero me temo que no es debido a mis méritos —Aub sonríe condescendiente—. Fíjate que me atribuyen haber contribuido a sofocar la rebelión de Cuatro Vientos. Les he escrito agradeciendo el gesto pero puntualizando méritos. Me temo que ha sido una argucia para enmascarar el ascenso de un montón de militares comunistas. Así se lo he dicho al Presidente[iii].
—No seas modesto. Has hecho mucho en pro de la República.
—No te digo que no. Pero fíjate: entre los ascensos figura Carlos Núñez Maza, de Aviación. Aviación: ¡un verdadero caos! ¿No me pide Núñez que haga los reglamentos de servicio que ¡aún no existen!? E Hidalgo de Cisneros fuera, ¡en Moscú implorando más material![iv]
—¿Dónde si no?
—Pero fíjate que han dejado al mando de Aviación a un subsecretario. ¡Y los reglamentos por hacer! ¿Alguien piensa que así podemos ganar una guerra? Pero no hablemos de mí. ¿A qué debo tu visita?
—Acudo a ti precisamente a causa de la película. De la Generalitat no puedo fiarme, y si corro la voz por la policía, el remedio puede ser peor que la enfermedad.
—Dime, dime. Pero ya sabes que la influencia del Presidente, ¡y no digamos la mía! es muy limitada.
—Se trata de un actor.
El rostro de Riaño muestra a la vez prevención y asombro.
—La película va avanzando a trancas y barrancas. Muchas secuencias aún no se han podido rodar, especialmente las que requieren material militar. ¡Imagina que hemos tenido que construir un medio avión de contrachapado para rodar como si fuera el interior de un Potez! Pero, al menos, fragmentos muy importantes han podido ya ser filmados, como por ejemplo el final de la película, que rodamos en Montserrat.
—¡Ah! Vaya, Montserrat.

—Bueno, en Collbató. Pero el caso es que nos ha desaparecido uno de los actores principales: Julio Peña[v].
—El nombre me suena. Pero poco tiempo tengo de ir al cine.
—Quizá te suene de Las cinco advertencias de Satanás[vi], que se rodó el año pasado. También intervenía otro que tenemos en el equipo, José María Lado[vii]. Pero este cumple. No, el que nos preocupa es el tal Julio, un guaperas pero muy de derechas. Seguro que está escondido en alguna parte. Y es ahí donde te pido tu ayuda.
—Max, lo siento. Si no quieres dirigirte al SIM, no veo como pueda ayudarte yo.
—Pero si lo coge el SIM, si lo agarra escondido, lo encerrarán… o algo peor.
—Veré lo que pueda hacer, pero no te prometo nada. Ya pensaré.
De repente se levanta.
—Mira, ahí va el presidente. Tiene tantas visitas, cada una con sus problemas, que entremedias siempre da unos pasos por el jardín. ¿Le quieres saludar?
—¡Como no! Lo admiro y siento el menosprecio que intuyo recibe por parte de las autoridades, tanto republicanas como las de Cataluña.
Los dos se dirigen hasta el hombre que, cargado de hombros, con un pesado abrigo, anda despacio mirando al suelo.
—Presidente: estaba charlando con un amigo: Max Aub. Le encantaría saludarle.
Aub tiene una opinión dividida de don Manuel. Por un lado le admira como escritor, por sus discursos. Pero la distancia que toma, o que le empujan a tomar, respecto a la guerra, sus desastres y su crudeza, le desazonan[viii].
—¡Ah! Aub, he leído cosas suyas en La Vanguardia. ¿Dónde anda ahora, sigue con lo del teatro?
—Salud, Presidente. Bueno, lo tengo algo dejado. Ahora estoy con André Malraux rodando una película de apoyo a la República. Está basada en fragmentos de su novela L’espoir.
Azaña ríe, con gran satisfacción de Riaño. El presidente ha leído la novela de Malraux.
—¡Ah, Esos franceses! ¡Mira que hacer que un comandante de la Guardia Civil hable de filosofía…![ix] No creo que muchos escritores, novelistas o pintores, sean tan inteligentes como Malraux. No siempre es fácil seguir sus razonamientos.
—Malraux le admira mucho, Presidente.
—Bueno, sí, le conocí en el 36, cuando vino a Madrid comisionado por el gobierno francés. Qué torbellino de hombre. Pero brillante, eso sí.
—No sabe don Manuel como lamento lo que debe estar pasando. Una guerra como ésta. ¿Cree usted que hay alguna vía hacia la paz?
Aub sabe el posicionamiento de Azaña respecto a una posible paz, también que ello es causa de un enfrentamiento constante con Negrín, partidario de continuar la lucha para implicarla en la guerra mundial que se presiente. El presidente se abrocha el abrigo; está incómodo.
—Que lejos queda su deseo que es el mío, querido Aub. Pero no crea que estoy a favor de una paz a cualquier precio. A estas alturas, la única probabilidad de obtener una solución medianamente aceptable consiste en que la capacidad de resistencia sea tan poderosa y duradera, que los enemigos y sus protectores hallen también ventajoso poner término al conflicto por una negociación[x]. Y ahora, si me permite…
Tras los saludos protocolarios, Riaño y Aub toman un café y el segundo se despide. No ha conseguido nada, lo sabe. Pero sí, ha visto a don Manuel Azaña y ha percibido su pesimismo, su desaliento. Max sabe que la guerra no puede durar después de haber caído el frente del Ebro. Por eso, se propone incrementar aún más, si cabe, sus esfuerzos para que la película llegue a buen fin, aunque sin Peña…
Seguirán toda la semana con cortos planos en el interior del avión. Algunos repetidos, otros no incluidos en el guion, pero que quizá puedan aprovechar durante el montaje, que no cabe duda de que deberá hacerse en París.
Aub lo ha hablado con Malraux en privado, en una noche de Pernod y Calvados. Ha querido evitar la presencia de Mantilla o cualquiera que pudiera luego informar al SIM. Si Peña fuera detenido y encarcelado, quedarían sin utilidad todas las secuencias ya rodadas, como las de Sabadell, El Prat de Llobregat o las iniciales en estudio. Sería el fin del proyecto. Quizá por la vía del ejército, o mejor aún, ha sugerido Aub, veamos que nos dice Mejuto.
Andrés Mejuto, ya con el grado de capitán y ferviente republicano, es un buen amigo de Julio Peña[xi]. El podrá averiguar en qué estado están los llamamientos a filas del actor, sin tener que recurrir a la policía. Quedan que Max hablará con él durante el fin de semana.
Pero el tiempo corre y las noticias que se reciben desde el Ebro cada vez son más preocupantes. Si por un lado, retirado el ejército republicano de la margen derecha del río, se ha producido una cierta calma en el frente, por el otro cada vez se ven más soldados en Barcelona, y se han incrementado los controles ante la avalancha de deserciones, que ningún medio reconoce. Además, cada vez es más remota una posible acción pacificadora de parte de las naciones que aplican injusta y desequilibradamente la No Intervención. Hasta Chamberlain, después de la vergüenza de Múnich, va a entrevistarse con Mussolini en Roma[xii].
Así que Aub le ha dicho a Severiano Andrés Mejuto:

—Hazlo como quieras y con quien quieras, pero tráeme a Peña. La película se irá al traste sin él, hemos rodado demasiado confiando en tu amigo, que a mi me resulta cada vez más sospechoso. Tráelo, por favor. Indaga en el ejército. Yo no puedo ir a la policía; sería demasiado arriesgado para el proyecto. Esta semana habéis rodado casi todo lo necesario en el interior del avión. No hay nada más imprescindible que esto. Por favor, haz lo que sea… y no lo cuentes a nadie. El ambiente está muy tenso. ¡Ah!, y ya puestos, recuerdo que me dijiste que también habías conocido a aquel Serafín que escribía en Hora de España y del que nos habló Altolaguirre en Montserrat.
—Sí, de la época del grupo Anfistora[xiii]. Es un amante del teatro. Estaba en el frente. Lo último que supe es que le habían herido. Lo buscaré, no será difícil.
Con los técnicos franceses idos, los españoles que doblaban su puesto se han visto en la tesitura de tener que trabajar intensamente, mayormente de noche. Solo Berenguer mantiene el mismo interés y buen hacer de siempre. Los demás rezongan constantemente, para irritación de Malraux y Aub.
Acabarán el mes con otras secuencias de interior de avión. Cuando no piensan en Peña, el ánimo es elevado. Hasta en un momento entre dos tomas del interior de la torreta de ametrallador, Malraux se ha hecho una foto. La mayoría de planos no requieren de retroproyector, lo que facilita la tarea.
Otro factor importante es la disponibilidad de película virgen. Aunque era de esperar lo contrario, han conseguido bastantes metros pidiéndolos a los reporteros extranjeros que van abandonando la ciudad. Les preocupa, sin embargo, la película de alta sensibilidad, ante la previsión de tener que rodar bastantes planos en interiores y durante la noche, para evitar bombardeos. Malraux prevé tener que ir a París para conseguir algunos metros adicionales.
El 23[xiv] de noviembre Barcelona ha sufrido uno de sus peores bombardeos, lo que ha impedido seguir con el rodaje. Lado y Santpere, que habían acudido a primera hora, han estado refugiados en un sótano casi todo el día. En esos dos días, la aviación italiana ha realizado más de una docena de incursiones, La fatiga psicológica de la población es enorme. Los continuados ataques durarán toda la semana, causando decenas de muertos y heridos[xv]. El alcalde de Barcelona, Hilari Salvadó, publicará en La Humanitat[xvi] una carta a sus conciudadanos: “La ciudad de Barcelona ha sido bombardeada diez veces durante los días 23 y 24 y ha ocasionado 25 muertos y 75 heridos. Estos actos criminales, sin embargo, no disminuyen en nada la moral del pueblo de Cataluña. Saludos”.
Será solo el 29, quizá por el mal tiempo, cuando podrán reanudar el rodaje. Se centrarán en los planos medios de Santpere y Lado, comandante y campesino, mirando por la ventana del avión en búsqueda de la ubicación del aeródromo detectado por el segundo. Caras de miedo, angustia, inquietud. Cada minuto cuenta, antes de que los cazas rebeldes les ataquen.
Malraux exaspera a Aub. Añade detalles, a su entender poéticos, restos de viejos recuerdos del tiempo de la escuadrilla. Este día toca la pajarita de papel que el ametrallador superior arroja a Schreiner, en la ametralladora inferior, que la recibe con disgusto. Ellos no lo saben, pero el plano substituirá al previsto en el guion, en el que es Pujol, segundo piloto, quien arroja una naranja a Schreiner a la vez que exclama:
PUJOL: ¡Esto, muchachos, es lo que se llama un trabajo finolis. Gracias a las mascotas.
La anécdota es histórica, según testimonios[xvii] que vieron a los aviadores que se estrellaron en Valdelinares dar naranjas a los lugareños que les auxiliaron. No es de extrañar que llevaran tal fruto al partir desde el aeropuerto de Chiva.
Han rodado también algunas tomas de ametralladores o el piloto Pujol en su puesto, Márquez mirando por una rejilla tratando de fijar el momento adecuado para el bombardeo del puente, y muchas otras, hayan de servir o no. El montaje decidirá.
Quedarán aún algunas tomas pendientes, en especial las que incluyen a Julio Peña en su personaje de Attignies, aún ilocalizable. Pero entretanto no pueden estar parados.
Al que sí ha localizado Mejuto es a Serafín Ferro. En cuanto le han hablado de la película y se ha referido a Manolo Altolaguirre que había encontrado en Montserrat, se ha puesto de inmediato a su disposición. Aub le ha traído al estudio charlando sobre sus experiencias comunes de antes de la guerra. El gallego, feliz, le ha leído alguna de sus poesías recientes.
El dormitorio de guardia no está disponible en su totalidad. Pero filmando un rincón del que cuelgan unas chaquetas y unas gafas de piloto, Serafín ha rodado el plano medio de él que faltaba a la secuencia XXVI.
SAIDI: Nosotros, en la sección socialista, nos enteramos de que los moros ayudaban a Franco y nos dijimos: ¿qué pensarán los obreros árabes? Y en cuanto pude me planté aquí.
Mientras lo ha ensayado ha tenido la idea de decirlo jugando con una pajarita de papel entre las manos[xviii]. Malraux lo ha encontrado un detalle magnífico, poético, que enlaza además con lo rodado en el interior del avión con otra pajarita. Aub le ha susurrado al oído: “es un buen poeta”.
SABER +:
Un topo en el rodaje (Julio Peña lo cuenta en su autobiografía)
El deseo truncado (Serafín y Cernuda)
NOTAS:
[i] No consta en ninguna referencia, pero sí que según sus diarios, durante la segunda quincena de noviembre Azaña recibió constantes visitas (AZAÑA (1978): 410 para el 21 de noviembre.
[ii] https://historia-hispanica.rah.es/biografias/38678-angel-riano-herrero
[iii] AZAÑA (1978): 411.
[iv] HIDALGO DE CISNEROS, Ignacio (1977): 297 y ss.
[v] En su somera autobiografía, Julio Peña manifiesta abiertamente todos los impedimentos que puso al rodaje. https://www.visorhistoria.com/un-topo-en-el-rodaje/
[vi] CAPARRÓS (1977): 214. Para verla: https://www.youtube.com/watch?v=0hZfTvcjqrg
[vii] https://www.imdb.com/es-es/title/tt0028716/
[viii] AUB (2023). En varias entradas, por ejemplo 6.7.68, página 699.
[ix] Archivos de la Filmoteca nº 3: 29.
[x] Textual en: AZAÑA, Manuel (2011). Causas de la guerra de España. Madrid, Diario Público. Página 124.
[xi] Archivos de la Filmoteca nº 3: 284.
[xii] Solidaridad obrera. 18.11.1938 Página 4. En Londres hubo fuertes manifestaciones contra dicho viaje.
[xiii] MORLA LYNCH, Carlos (2008): 467.
[xiv] ARAÑÓ y CAPDEVILA (2018): 195-199. Con planos de los puntos afectados, algunos cercanos a Montjuich.
[xv] ALBERTÍ (2004): 304.
[xvi] La Humanitat, 26.11.1938. Página 1.
[xvii] Declaraciones de Julián Calvo a Julio Javier García Mirabete: https://www.visorhistoria.com/rescate-en-valdelinares/
[xviii] El detalle de la pajarita no figura en el guión mecanografiado (IVC, Fundación Max Aub), aunque sí se plasma en la edición de Era (Saidi habla con una pajarita de papel en las manos). MALRAUX, André (1968): 93
4.4.4.