Un capítulo más de La verdadera historia del rodaje de Sierra de Teruel. Los últimos en España.
4.6.3.- ¡No vengas!
Aunque lo sospecharan, no podían prever que los acontecimientos se precipitaran de tal forma. Josette había incluso mandado un telegrama a su amiga Suzanne reiterándole la invitación hecha en París de pasar unos días con ella en Barcelona. Afortunadamente, como contará esta después, la obtención de un visado no era fácil dadas las circunstancias. Por fin la amiga le indica a Josette que podrá ir allá el fin de semana del 20 de enero.
En Barcelona se recrudecen los bombardeos. A pesar de las noticias sesgadas, todo el mundo está convencido de que es cuestión de pocas semanas o incluso días. Una muestra de ello es que incluso algunos de los miembros españoles del equipo de rodaje no acuden a las llamadas. En especial Julio Peña y la secretaria Marta Santaolalla[i].
Malraux intuye que la película no podrá montarse en su totalidad. Faltarán secuencias enteras, en especial las de la lucha de los voluntarios de Linás contra las tropas que asedian el pueblo. En el lance aéreo podrá añadir algunas tomas de los archivos, de reportajes hechos en Francia, pero todo lo concerniente al lanzamiento de recipientes con dinamita sobre los blindados y la caballería franquista será imposible.
A ratos, volviendo loco a Berenguer y su equipo, se van rodando breves planos de exteriores, tomas del interior del medio avión, algunas con extras que no corresponden al actor, tomados de espaldas. Un tablero con altímetro destruido por disparos, un reloj con la hora… Les consuela, al menos, el poder rodar en El Prat, con Santpere, el encuentro alrededor de una hoguera antes de emprender el despegue. Ha habido quejas de los militares por el peligro de bombardeo que significaba el resplandor, pero finalmente lo ha conseguido. Retazos que, en el futuro, servirán… o no. Para algunas breves secuencias se ha incorporado Casimiro Hurtado[ii], que asumirá el papel de Pujol, el piloto del avión de Márquez, el que se estrellará, y que resulta herido en el combate aéreo de la secuencia XXXIV.
A Malraux y Aub, y a muchos otros, les ha creado especial conmoción la noticia de la entrada de las tropas rebeldes en Tarragona. ¡Tantos recuerdos[iii]! Planos rodados con cierta tranquilidad, la playa, las avellanas en Constantí. Todo perdido.
En las calles se hace evidente la llegada de miles y miles de refugiados provenientes de las zonas que los rebeldes van ocupando. En la prensa se pone de manifiesto: “Hay que dar albergue a los que huyen de la invasión” dice La Vanguardia en su ejemplar del domingo día 15 [iv]. En la misma página se publica la llamada a filas del reemplazo de 1942[v]. ¡Dieciocho años y al frente! Comenta Elvira mientras come con Zoé y Mari Luz. A Marta, de esa edad, hace días que no se le ve el pelo por el Comissariat.
El presidente Azaña escribirá en su diario: “Enorme desastre. Ha desaparecido el ejército. Los del Ebro, casi sin combatir. Peor que lo de abril. Si dentro de quince días no tenemos doscientos aviones y gran refuerzo de artillería, no hay nada que hacer”[vi]. Al día siguiente, añadirá: “Por la noche vino a cenar Saravia. Detalles del desastre. Al comenzar la ofensiva teníamos 90.000 fusiles. Hoy, en el este, hay 17.000. En el Ebro, 14.000. El ejército del Ebro, 60.000 bajas. Conducta de los caudillos aficionados”.
Sin embargo, hay rumores de resistencia, como la que planifica el general Rojo dando la orden para “la defensa inmediata de Barcelona, a base de una línea en la margen izquierda del Llobregat a partir de San Feliu, la alineación montañosa del Tibidabo hasta el río Besós por Montcada”[vii] . Proclama utópica dadas las circunstancias, pero que será el último alivio para André Malraux y su equipo.
El día 20 están en el hotel Majestic. Aub, intentando ser práctico, les ha dicho que, en el caso de tener que marchar a Francia, ha guardado dos bidones de gasolina adicionales y tiene el depósito lleno en el camión. Algo es algo, ha comentado Berenguer, a lo que Malraux ha saltado:
—Usted no viene. Tiene familia. Y no ha hecho nada malo. Ha seguido mis órdenes al mando de una cámara, de una película que aún no existe. No, usted no viene con nosotros en la eventualidad de tener que huir[viii].
Se calla que la marcha es inminente. El camión de sonido y sus técnicos ya han empezado el viaje, llevándose todo lo que tenían en Laya Films. El día antes, Josette, siguiendo sus instrucciones, ha telegrafiado a su amiga Suzanne: “¡No venga!”, a pesar de que tres días antes la había llamado por teléfono diciéndole: “No haga caso de lo que dice la gente. Obtenga el visado y venga” [ix]. Los acontecimientos se precipitan.
Cada día se reúnen en el hotel de Aub, en el paseo de Gracia, acongojados. Dudan entre quedarse a la espera de una resistencia sólida que alargue las posibilidades de rodar alguna secuencia adicional, o marcharse de inmediato, salvando al menos el equipo del que disponen. En tal circunstancia, el día 21 ha entrado Mejuto, de uniforme y con cara de llevar varios días sin dormir. Muy excitado, les comunica:
—Vengo del Estado Mayor. Esto se acaba —dice bajando innecesariamente la voz—. Pero aún podrán rodar el bombardeo del puente.
Recuerda como, al rodar en el interior del avión, Julio Peña activaba el lanzamiento de las bombas, y que Aub había comentado: Se tendría que ver el efecto, el puente destruido. Quizá en algún archivo…
Sigue Mejuto:
—Van a volar todos los puentes al sur de Barcelona. Desde Montjuich podrán rodar los de Sant Boi de Llobregat[x] . Pero han de ir ya. Se empezará esta tarde y seguirá mañana con los de Sant Feliu y otros. Y ahora tengo que regresar. No se pueden imaginar el desbarajuste. No habrá ninguna resistencia sólida, solo intentos de retrasar su avance, como la destrucción de puentes. Nos vemos en Francia.
De inmediato salen de estampida hacia los estudios Orphea. Con la cámara Debrie subirán hasta la ladera del castillo. Con un catalejo, intentan localizar los puentes que Mejuto les ha indicado. Más a lo lejos, en las estribaciones del macizo del Garraf, se otean ya algunas hogueras, sin duda de las tropas moras.
—Los persas —exclamará Malraux[xi] con un deje de melancolía, aludiendo a la tragedia de Esquilo y al asedio griego de Susa.
Horas después, con la cámara rodando a partir de las cinco de la tarde, tal como les ha indicado Mejuto, podrán captar la demolición de los puentes del “carrilet” y el de “los carros”. Servirá de colofón del ataque aéreo en la secuencia XXXVIII. Luego, ya de vuelta, Malraux ordena:
—Max, mañana a primera hora nos vamos. Recojamos todo lo que tenemos en Orphea y pongámoslo en el camión. Si puede ser, con dos chóferes. No pararemos hasta Francia.
—El avión ya está cargado —dice Aub con un deje de autocomplacencia.
Al llegar al hotel Majestic, donde Max Aub tiene ya preparado el breve equipaje, encuentran a Manuel Berenguer[xii] y a las tres secretarias, charlando con Mari Luz Morales, que se abraza llorando a Max Aub. Hay una gran preocupación, la duda en la mente de todos: ¿qué va a pasar? ¿habrá lucha en las calles? Algunas proclamas así lo afirman, aunque en el ambiente hay dudas de que se ofrezca resistencia a las tropas rebeldes, que están ya en los pueblos circundantes. La periodista le muestra un ejemplar del día anterior[xiii] del periódico que había dirigido algunos meses al inicio de la contienda: “La lucha no ofrece disyuntivas, sino un deber: resistir”.
Azaña está saliendo ya de Barcelona, Max lo sabe pero se lo calla. Ya el 21 había abandonado su residencia de La Barata, y en dos días estará en el castillo de Perelada[xiv]. Companys saldrá al día siguiente, acompañado de Miravitlles, a quien ya no verán hasta tiempo después, en Francia.
Berenguer se dirige al grupo:
—Yo creo que deberían marchar de inmediato. Viniendo, he visto un almacén de alimentos de la calle Diputación que estaba siendo saqueado[xv]. Había un centinela, pero ante la actitud de la muchedumbre ha dejado el fusil en un rincón y se ha marchado. Aquí decimos “campi qui pugui”[xvi]. La gente no roba, simplemente piensa en la familia, en subsistir unos días. Y después ya se verá. ¿Vosotras os marcháis? —dice a las secretarias.
—Yo me quedo.
Mari Luz Morales es quien más riesgo correrá quedándose. De hecho, al poco tiempo sufrirá un juicio que le llevará a la cárcel durante unos meses[xvii].
—Yo también —dice Elvira Farreras—. Mañana pasaré por Laya Films para ver que no quede nada pendiente[xviii].
Las otras seguirán su criterio.
SABER +:
Josette Clotis, in memoriam (en el aniversario de su muerte)
NOTAS:
[i] Marta Santaolalla iniciará su exitosa carrera de actriz inmediatamente después de la entrada de Franco. (SANTA-OLALLA, Marta (1943) Mi vida. Madrid, Ed, Astros), lo que no hubiera podido hacer con alguna duda sobre su adhesión al régimen. Otra colaboradora: Mari Luz Morales, fue juzgada y sufrió incluso un tiempo de prisión.
[ii] https://www.visorhistoria.com/una-nueva-perla-pujol-el-piloto/
[iii] https://www.visorhistoria.com/septiembre-1938-rodaje-en-tarragona/
[iv] Página 4.
[v] https://griegc.com/2020/06/01/cronologia-sobre-la-movilizacion-de-quintas-en-la-zona-republicana/
[vi] AZAÑA, Manuel (1978). Memorias de guerra (1936-1939). Barcelona, Grijalbo-Mondadori. Página 422, para la entrada del 15.1.1939.
[vii] ABELLA, Rafael (1992) Finales de enero, 1939. Barcelona cambia de piel. Barcelona, Ed. Planeta. Página 79.
[viii] Testimonio de M. Berenguer. Archivos de la Filmoteca nº 3 (1989). Página 283.
[ix] CHANTAL (1976): 121.
[x] https://alaguait.cat/tal-dia-com-avui-de-1939-les-tropes-franquistes-van-ocupar-el-prat/
[xi] FARRERAS (1997): 38.
[xii] Archivos de la Filmoteca (1989). Página 283
[xiii] La Vanguardia, 22.1.1939 Página 1.
[xiv] CONTRERAS, Josep (2008) Azaña y Cataluña – Historia de un desencuentro. Barcelona, Edhasa. Página 306.
[xv] TORRES, Estanislau (1978). La caiguda de Barcelona. Barcelona, Galba Ed., página 71
[xvi] ¡Sálvese quien pueda!
[xvii] SALGADO DE DIOS, Francesc y LÁZARO, Esther (2023) La persecución de periodistas durante el primer franquismo: la causa sumarísima contra María Luz Morales. https://doi.org/10.30827/arenal.v30i1.23952
[xviii] Archivos de la Filmoteca (1989). Página 292