Saltar al contenido
Menú
VISORHISTORIA
  • AÑO/ANNÉE/ANY MALRAUX
  • BLOG (Esp-Fra-Cat)
    • FRANÇAIS
    • CATALÀ
  • SECUENCIAS
  • ANEXOS
    • Bibliografía
    • DRAMATIS PERSONAE
    • ENLACES ÚTILES
    • Imágenes
    • Vídeos
  • LA VERDADERA HISTORIA DE SIERRA DE TERUEL (Esp/Fra/Cat)
    • L’HISTOIRE VRAIE DU TOURNAGE DE SIERRA DE TERUEL
    • LA VERITABLE HISTÒRIA DEL RODATGE DE SIERRA DE TERUEL (cat)
VISORHISTORIA

GOYTISOLO NOS HABLA DE MALRAUX

Publicada el 3 marzo, 202610 marzo, 2026

La forma de los árboles  

Luis Goytisolo

(Artículo publicado en la revista DESTINO, Barcelona, 2/8-12-1976. P. 35)

No sabría decir si el fenómeno fue de ámbito local o si también en otras ciudades de la península, allá por los años 56-57, la figura de André Malrau ejerció la influencia que llegó a ejercer en los medios universitarios de Barcelona, entre los reducidos grupos de estudiantes unidos por sus comunes aficiones literarias y sus no menos actividades políticas clandestinas. Recuerdo, por ejemplo, el caso de un compañero que, a raíz de ciertas detenciones, llegó a sugerir la conveniencia de llevar pastillas de cianuro escondidas en la solapa de la chaqueta, como el previsor Kyo de La condición humana. Aficiones literarias y actividades revolucionarias contra el orden establecido, una incidencia que quizá a policía no tuvo suficientemente en cuenta, y que, no obstante, explica por si sola el influjo, la fascinación que la figura de Malraux era capaz de suscitar entre nosotros. La figura de Malraux, su figura y no únicamente su obra, en modo alguno reductible aquélla a ésta, a diferencia de tantos otros escritores cuya vida queda limitada, en apariencia, a la redacción de tal o cual obra. Una vida y una obra que en Malraux van entramadas hasta el punto de que con frecuencia resulta imposible definir dónde empieza una y dónde acaba otra, decanta la tragedia como realidad de la tragedia como visión de la realidad.

Por aquella época Malraux vivía uno de sus más largos paréntesis de inactividad política, fuera de escena todavía como a la escucha de las voces del silencio: el paréntesis que separa lo clandestino de lo oficial, lo mítico de lo histórico, con todo y se también tales conceptos difíciles de precisar tratándose de Malraux. El escritor tempranamente premiado con el Goncourt, el experto en arte oriental, el arqueólogo de las selvas de Laos y Camboya, el agente de la Komintern que participa en la guerra civil china como diez años más tarde participaría en la guerra civil española, un punto este -tal vez piedra de toque- en el que, al igual que tantos otros intelectuales venidos de todo el mundo a luchar por la libertad, algo que debió de ver -los dientes de Stalin tapados por el bigote- habría de conducirle a una ruptura completa con la

André Malraux (marzo 1945)

Tercera Internacional. Una lucha, no obstante, que pronto iba a encontrar un nuevo terreno -esta vez en la propia Francia, contra las tropas alemanas de ocupación- y un nuevo personaje, el comandante Bergère, si mal no recuerdo, de l’Armée de la Nuit. Tal vez el único personaje no escrito, la única proyección malrauxiana no recogida en obra alguna, carente del contexto propio de sus anteriores aventuras. La condition humaine, Les conquerants, L’espoir, Le temps du mepris, Les noyers d’Altenbourg. Proyecciones que, si imprecisas y diversas al principio, contradictorias, incluso, como los destellos de un poliedro que gira, se van concretando más y más en cada una de sus sucesivas novelas, más y más próximas cada vez a la imagen del propio autor. De ahí, justamente, en virtud del proceso de identificación del personaje y autor, autor y actor, que alcanza su grado máximo en la personalidad del comandante Bergère -el personaje con seguridad más apreciado por el propio Malraux- la falta de un innecesario contexto escrito. Me parece sintomático el respecto el relato que, años atrás, me hizo Vargas Llosa acerca del desarrollo de un acto de homenaje a la memoria de Jean Moulin -héroe de la Resistencia muerto en el curso de un interrogatorio practicado por la Gestapo- al que acababa de asistir; el estupor que aún le poseía al evocar las lágrimas que emborronaron sus ojos, los ojos de un incipiente novelista limeño con residencia en París contagiado sin duda por las lágrimas del resto de los asistentes, antiguos miembros de l’Armée de la Nuit en su mayoría, que escuchaban, a la sola luz de las antorchas, la palabra encendida del comandante Bergère, la semblanza por él creada del muerto, de los muertos, de la muerte.

Por aquel entonces Malraux era ministro de la Cultura, y la reaparición en escena del comandante Bergère había sido organizada no desde la clandestinidad, sino desde el poder, igual que se organiza una representación a cargo del T.N.P.

Malraux y De Gaulle (Todd (2001), 512)

Teatro, sí. Pero teatro “verité” con héroes y lágrimas de verdad. Con muertos de verdad. Un deje de teatralidad en la

grandeza que, de hecho, impregna por entero la “rentrée” política de Malraux al lado del general De Gaulle, cuando ambos, a contra historia, parecían querer combatir, lo mismo que el ennegrecimiento de París y la contaminación, el declive de Francia. Es el Malraux de Antimemoires de Les Chênes qu’on abat.

« D’abord votre passé » dijo De Gaulle a Malraux en los comienzos de una relación que habría de adquirir para los dos una transcendencia entonces probablemente insospechada. Una cuestión que era una pregunta, una pregunta del todo inevitable respecto a Malraux, el orientalista traficante en obras de arte, el revolucionario autor de novelas doctrinalmente inaceptables, el traidor, el héroe, el aventurero. “El problema de Malraux es que no sabía volar” recuerdo que me dijo el general Hidalgo de Cisneros, jefe de la aviación republicana durante nuestra guerra civil. En las Navidades del 59 tuve ocasión de conocerle, y el tema Malraux resultaba insoslayable; por lo demás, nada que objetar. Una actitud, ciertamente, mucho más comprensiva que la que entonces se respiraba en los medios de la izquierda europea, comunista o no, en relación con Malraux, y que solo con el tiempo y la asimilación a su figura de cuantas contradicciones le conforman, ha podido ser superada Y que ahora, tras su muerte, será pura y simplemente borrada. Una muerte de la que Carl Jung hubiera sin duda descubierto una clara premonición en el hecho de que, con motivo de la guerra de Secesión del Pakistán Oriental, Malraux se ofreciese a luchar al mando de un tanque, por la libertad de Bangla Desh.

Quizás Hidalgo de Cisneros, sea por su propia peripecia personal, sea porque ya entonces sintiera que la muerte le estaba rondando, comprendió mejor que otros que cada árbol tiene su forma determinada, una forma que le es propia y que tenderá a desarrollar frente a cuantos condicionamientos sea preciso. Una forma que variará con la edad, pero siempre coherente consigo misma. Su forma, nos guste o no nos guste. Y como un árbol, como uno de sus árboles, así hay que considerar la figura de Malraux, fuese la del nogal su forma, fuese la de un roble.

 

𝙎𝙄́𝙂𝙐𝙀𝙉𝙊𝙎 𝙔 𝘾𝙊𝙉𝙎𝙀𝙂𝙐𝙄𝙍𝘼́𝙎: 𝙉𝙀𝙒𝙎𝙇𝙀𝙏𝙏𝙀𝙍 𝙈𝙀𝙉𝙎𝙐𝘼𝙇 / 𝙋𝘿𝙁𝙨 / 𝙎𝙊𝙍𝙏𝙀𝙊𝙎 𝙏𝙍𝙄𝙈𝙀𝙎𝙏𝙍𝘼𝙇𝙀𝙎

Próximos eventos

Aviso
No hay eventos programados.

Entradas recientes

  • EN DÉFENSE DE LA LIBERTÉ HUMAINE.
  • EN DEFENSA DE LA LIBERTAD HUMANA (Obituario A.Malraux).
  • EN DEFENSA DE LA LLIBERTAT HUMANA (Obituari d’A.Malraux)
  • UNE SÉQUENCE INÉDITE (XV)
  • VEIENT UNA SEQÜÈNCIA DESCONEGUDA (XV)

Categorías

Contacto

Correo para información sobre temas de este blog:

contacta@visorhistoria.com

©2026 VISORHISTORIA | Funciona con SuperbThemes