4.5.5.- Bastará ponerles mecha. 3
4.5.4.- Necesitamos coches.
Finalmente se ha optado por la sala de los campesinos de El Prat de Llobregat. Han ido los cámaras, Aub, Santpere y el actor que representará al delegado local.
Con la cámara Debrie Super-Parvo en un rincón, Berenguer cubre la mitad del recinto. Lo ensayan un par de veces. Salvo el presidente, de unos cuarenta años, la mayoría de los presentes son viejos, cubiertos con la típica barretina y algunos enfajados al estilo payés.
En un rincón han hecho que un reloj de pared marque las dos y media. Lo indica el guion. Aub no sabe por qué, pero Malraux le indica que, si el despegue ha de ser de madrugada, es lógico pensar que andarán por los pueblos en busca de ayuda durante la tarde. Max se encoge de hombros, no muy convencido. Piensa que los planos que están rodando habrán de estar precedidos de un recorrido en coche, y que este deberá rodarse casi seguro de noche. Pero no insiste.
La cámara enfoca a Peña, apoyado en la mesa. Lentamente el zum va ampliando el foco, mientras se oye la voz del responsable del Frente Popular:
DELEGADO 1ª: Si te entiendo muy bien, pero prometer es prometer, y no puedo. Como los otros: se hará lo que se pueda.
Ante la inexperiencia del eventual actor, evidente después de los ensayos, se decide rodarlo con un plano general, evitando su rostro mientras lo dice.
PEÑA: Tres coches.
Una voz en off, apenas perceptible se opone:
DELAGADO 2º: Uno.
Cambian la posición de la cámara. Ahora, detrás del responsable, se aprecia al comandante Peña y detrás suyo a varios lugareños. Uno ha insistido en que quería salir en la película con su nieto. Aub ha accedido con una breve sonrisa. El aviador dice:
PEÑA: Sois los últimos que podemos ver.
Ya saliendo, oye la respuesta: “Se hará lo que se pueda”.
El rodaje ha salido bien, teniendo en cuenta las circunstancias y la inexperiencia de los figurantes. Ha valido la pena el desplazamiento.
Cuando van a dejar el material en las dependencias de la avenida 14 de abril, hallan un mensaje escrito con letra inexperta. Es de uno de los cabecillas de los refugiados en Montjuich.
“Cuando quieran pueden venir. Hemos hablado con los nuestros y lo tendríamos todo preparado”.
Con el papel en la mano, Aub pregunta a Berenguer:
—¿Tenemos película?
—Sí, no mucha pero suficiente para una secuencia como la de los utensilios de la dinamita.
—Y Telmo, ¿está disponible?
—Le pregunto mañana.
—Si dice que sí, podemos rodar el 23. Seguro que los refugiados querrán celebrar las navidades, es un decir, por muy ateos que sean. Quedan dos días. Vamos.
De regreso al hotel, llegarán hasta el Ritz donde Malraux está cenando con Josette, cada vez más alicaída. En un rincón, la revista Regards que André a tirado airado al ver la fotografía del presidente Daladier dando la mano al barón von Ribbentrop[i]. Ha gritado: ¡pronto, ni en Francia podremos rodar1 Solo la noticia de poder avanzar una secuencia más antes de final de año les devuelve un cierto ánimo.
4.5.5.- Bastará ponerles mecha.
El viernes 23 de diciembre, a media mañana, la camioneta de rodaje, con Malraux y Josette, Aub, Telmo, Berenguer y dos ayudantes, está ya en la puerta del estadio, donde les esperan los dos autoproclamados responsables del colectivo.
De la furgoneta sacan un tonel de vino vacío y una caja de caudales. El resto de los cachivaches los piensan tener de los propios utensilios que allí hay. Pero aún no han descargado todo el material cuando se produce una alarma. Dura pocos minutos, pero va a alterar todo el día. Uno de los responsables se dirige a Malraux. Habla precipitadamente y con marcado acento andaluz. El francés no le entiende y mira a Aub en busca de auxilio.
—Dice que aquí no se puede rodar. Que es demasiado peligroso. Hay muchos niños. Que están dispuestos a colaborar, pero no en el mismo recinto donde hay tanta gente inocente.
Malraux se desespera. ¡Está todo listo! Josette lloriquea. Aub coge por el brazo al andaluz.
—No podemos dejar de rodarlo. Es imprescindible para la película y, por lo tanto para la República. No querrá que su nombre figure en alguna lista indeseable, ¿verdad?
—Yo soy responsable de mi gente. Lo soy desde que vinimos de Almería. Aquí no.
Después de una pausa reflexiva, Max apunta:
—¿Y cerca de aquí?
—Los justos para el rodaje y el menor tiempo posible. Pero no en el estadio.
—Bueno, deme una hora.
Deja a todo el equipo en el recinto y, con Berenguer, bajan hasta el Pueblo Español. Allí encuentran a Santiago Garcés, el responsable.
—Bueno, aquí no. Estamos vaciando y hay mucho trajín. Pero quizá en el palacio de las Misiones que también depende de nosotros. Allí no queda casi nadie. Y está cerca del estadio. Pueden ir a pie, incluso las viejas —responde a la petición de Max, quien le ha descrito la secuencia XIV—. Pero mejor, si pueden, hacia el atardecer. Habrá más calma.
El dar el palacio de las Misiones como localización de rodaje es pura especulación. Sin embargo, atendiendo a la estructura parecida a un claustro de dos niveles y la situación de los focos, todo lleva a pensar que fue en algún edificio del recinto ferial de Montjuich.
Luego regresan al estadio y, con Malraux y Josette, visitan el citado edificio. Sí, tiene buena pinta. Mientras dos ayudantes lleven el equipo allí, ellos bajarán al Pueblo Seco a comer algo. Al anochecer, si no hay más alarmas, rodarán allí con una veintena de figurantes que les proporcionarán con gusto, y más cuando han prometido al cabecilla que tendrá incluso una frase.
Al final el resultado bien. Los soportales de un patio cerrado permiten mejorar el juego de cámara que en el interior de un edificio, como inicialmente señalaba el guion. Para un rácord adecuado les faltan algunos de los extras que tuvieron en Tarragona. Algunos han sido movilizados, otros se han ido a algún pueblo donde, en casa de parientes o amigos, pueden obtener algo más de alimento y seguridad. Pero quien interpretaba a Barca sí está, lo que dada su altura, y moviéndose alrededor de los recipientes, será suficiente para enlazar las secuencias.
La cola de personajes, hombres y mujeres, cargados con todo tipo de útiles está inquieta. La presencia de los focos, laterales y en el piso superior, así como la cámara Debrie, les intimida. No callan. Serramía ha dado ya el golpe de claqueta:
—Sierra de Teruel. Secuencia 14, toma 1.
Pero no callan. Aunque ya se rueda, Telmo exclama: ¡Un poco de silencio! No figura en el guion[ii], pero se mantendrá en el montaje pues da sensación de verosimilitud, al tratarse de un pueblo sitiado al que les han hecho salir de sus casas para llevar útiles donde colocar la dinamita que ha traído el asturiano.
Del plano general se pasa al plano medio, donde el responsable andaluz va a tener su frase al ver a uno que aporta un tonel de vino:
—¿Rueda?
GONZÁLEZ: Sí, pero no derecho.
La cola sigue aportando cachivaches hasta que quienes interpretaron al maestro y a Gustavo dejan a sus pies una caja de caudales.
—GONZÁLEZ: ¡Estupendo! ¡Formidable!
Discuten como emplearla. Llena de dinamita, con una mecha en un agujero que ya tiene y arrastrada sobre un cochecillo de niño, será un arma formidable.
Se acerca el segundo cabecilla de los del estadio con un capazo lleno de bombillas. Tiene también su momento. Ha de decir “Esto sí que está bien”, pero las entrega sin decir nada. Telmo sigue en su papel:
GONZÁLEZ: ¿Qué caracoles quieres que haga con todo esto?
A lo que el hombrecillo responde:
—Cuando explotan son muy peligrosas.
No es lo que le habían indicado (“Cuando se rompen hacen mucho ruido”). Así Telmo improvisa:
GONZÁLEZ: Ya las utilizaremos, ya.
A trancas y barrancas han terminado los planos de interior de la secuencia. Quedarán pendientes para cuando se pueda los exteriores que, aún no lo saben pero lo intuyen, rodarán en Francia, a saber dónde.
NOTAS:
[i] Regards, 15.12.1938. Página 9.
[ii] Archivos de la Filmoteca nº 3. Página 86.