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4.1.- AGOSTO 1938 -2. (4.1.7-4.1.12)

Índice:

4.1.- AGOSTO 1938 -2. 1

4.1.7. Siguen los problemas. Descubriendo el Pueblo Español. 1

4.1.8.- Una secuencia no prevista. 4

4.1.9.- Calle Santa Ana. 10

4.1.10.- Sabadell. 16

4.1.11. Ni pensar en salir, Muñoz. 18

4.1.12.- En la calle Montcada. 25

 

4.1.- AGOSTO 1938 -2.

 

4.1.7. Siguen los problemas. Descubriendo el Pueblo Español.

 

El problema con las pilas del camión de sonido parece fruto de una maldición. Así se lo dice la supersticiosa Josette a André. Él no cree en esto, pero sí en el destino, y el destino le dice que su misión es terminar la película. ¡Como sea!

Los últimos días han sido terribles, forzando a la inactividad. El intensísimo bombardeo del viernes 19 causó veinticuatro muertos y más de 80 heridos. Algunas de las bombas lanzadas por los Savoia S79 cayeron muy cerca de donde han estado rodando solo pocos días después: en las Ramblas, a la altura del mercado de la Boquería. Otras en la Barceloneta y el Puerto, algunas en el Pueblo Nuevo y el parque de la Ciudadela[i]. El comunicado del ministerio de Defensa indica: “Los aparatos de la invasión, pretendiendo quizás vengarse del duro castigo infligido días antes en el frente del Ebro, han lanzado una gran cantidad de explosivos…”[ii] Ha sido así. Entre los días 19 y 25, habrá encarnizados combates alrededor de Villalba dels Arcs, en especial en el Vértice Gaeta[iii]. Es ya la tercera contraofensiva franquista, que no consigue grandes avances pero sí causa un gran número de bajas entre las fuerzas republicanas.

El hecho ha coincidido con la visita a la ciudad condal de la comisión parlamentaria británica para ver los efectos de los bombardeos sobre la población civil. La Humanitat, lo ha comentado: “La estancia de comisionados ingleses sobre bombardeos de ciudades ha coincidido con una nueva agresión extranjera contra la población civil…”[iv], a lo que añadirá al día siguiente: “Toda la prensa inglesa destaca con grandes titulares el último ataque sobre Barcelona, en la madrugada del viernes, y realza que haya sido uno de los peores que ha habido en Barcelona desde el mes de marzo”[v]. La comisión británica ha seguido hasta Alicante, donde ha podido contemplar varios buques ingleses hundidos por los ataques de la aviación rebelde[vi].

El factor internacional es uno de los temas de los que están hablando Malraux, Marion, Aub, Page, Thomas, su esposa Paula y Josette, invitados por Jaime Miravitlles para almorzar en La Puñalada, el restaurante del paseo de Gracia, frecuentado por los miembros del Comissariat de Propaganda, lejos de los habituales puntos de bombardeo, más cercanos al puerto.

—Parece que Franco ha respondido a las propuestas británicas de retirada de las fuerzas internacionales de la contienda. Lo he leído no sé dónde.

—Si hace el mismo caso que a los llamados de la No Intervención… —apunta Malraux.

—Aún no tenemos la película que esperábamos hace una semana. Aunque hayamos decidido rodar interiores, sin pelicula no hay nada que hacer. ¿Tu, Met, no tendrías en Laya algunos metros?

—Pregunta en Instrucción. Ahora son ellos los que mandan —Met Miravitlles, nacionalista catalán hasta la médula, está indignado con los recientes hechos que han llevado a Ayguadé e Irujo a dimitir del gobierno de Negrín: El gobierno de la República ha incautado todas las industrias de guerra sitas en Cataluña.

—Bueno, las industrias de guerra eran de la República desde el principio, o al menos desde el año pasado. Solo ha afectado a las montadas por la Generalitat, quince, creo[vii], de las que no todas están en funcionamiento —Aub es partidario del socialismo negrinista.

Es difícil precisar cómo pudieron influir en el rodaje de Sierra de Teruel, las tensiones entre el gobierno de la República y el de la Generalitat, que por aquellos días estaban en un momento de gran beligerancia. A ello cabría sumar las discrepancias entre sindicatos.

Si por un lado la financiación venía en su totalidad del ministerio español, también es cierto que la Generalitat prestó el local para Producciones Malraux.

—Ya. No es solo por las instalaciones. Es una ofensa tras otra. ¡Pues que hagan la guerra ellos! Viendo como vamos…, no me extraña. Hace solo una semana, Negrín firmó cincuenta penas de muerte a las que nosotros (nosotros: la Generalitat, los catalanes…) nos oponíamos. El mismo día que los fusilaban, el gordo presidente firmaba el decreto. ¡Menudo chulo! Ayudado por los comunistas, está lanzando una gran ofensiva contra el espíritu democrático de nuestro país[viii].

Miravitlles se excita, bebe, se levanta para seguir perorando, se siente el eje de la reunión. Para evitar el mitin, Thomas, cogiendo de la mano a su esposa, corta:

—Bien, pero ¿y la película? Al menos unos rollos de virgen. Encontré unos pocos en Lepanto, pero son de alta sensibilidad, para nocturnos, que por ahora, sin aviones, no podemos utilizar.

—Yo sé que en el ministerio tienen algo que guardaban para ¡No quiero, no quiero! Pero ahora, con el aumento del control y la rigidez administrativa… Quizá opten por dejárosla a vosotros en lugar de a Elías y sus amigos de la CNT[ix]. Menudo cabreo se cogerá. Pero probad vosotros. Yo no quiero tratar con ellos.

Aub, a lo práctico. Detesta las fricciones entre los catalanes y la República, que tanto perjudican la evolución de la contienda.

—Bueno. Algo de película quedará. Si son planos cortos, de interior, podemos ir avanzando, por poco que sea.

—Lo primero: acabar la dichosa droguería. Tenemos que devolver los utensilios. Luego, podríamos empezar con algún interior del comité de Linás.

—Aún no tengo traducido el guion de estas secuencias. Pensaba que iríamos por orden.

—Pues espabile —dice Malraux esforzándose por no parecer demasiado duro.

—Mañana hablaré con las chicas. Elvira me está ayudando mucho.

Las tres secretarias son jóvenes y simpáticas, pero no necesariamente adaptadas al ritmo febril de Malraux y Aub. Elvira Farreras, recomendada a Max Aub por el director del Museo de Arte Moderno de Madrid que estaba refugiado en Barcelona[x]: Marta Santaolalla, sobrina del actor Pedro Codina[xi] y Zoé Ramírez, sobrina a su vez de Mari Luz Morales[xii]. Esta última también colabora en el rodaje de Sierra de Teruel, siendo crítica de cine y teatro en La Vanguardia, rotativo del que ha sido directora durante unos meses lo que le acarreará ser juzgada al entrar las tropas rebeldes en Barcelona.

—¿Has dado una vuelta por el Pueblo Español?, ¿concretamos ya los puntos de rodaje? —pregunta Marion.

—No, ¡caramba!, no doy el abasto. Además, nos quedan flecos en La Volatería. Según cómo evolucione lo del Ebro, puede ser más difícil que nos presten un avión para las tomas aéreas. Si se cargan el Latécoère o el De Havilland, no podremos tomar las vistas y dudo que recogiendo trozos de archivo nos baste. Y el diálogo entre Peña y Muñoz aún no está acabado[xiii].

Pero Marion quiere mantener el control que cree que Malraux le ha confiado:

—Ya lo veremos. Aún no tenemos el revelado de París. Cuando lo recibamos sabremos si hay que repetir algo, o como terminar lo pendiente. Mañana vamos los dos al Pueblo Español. Creo que, aunque haya los del SIM y sus prisioneros[xiv], podemos encontrar alguna sala grande que nos sirva de Linás y, ¿por qué no?, algún exterior que nos ahorre desplazamientos largos, ahora que están restringidos. Orphea, mejor dejarlo para las dependencias de la escuadrilla.

Por la mañana, Denis y Max han ido al Pueblo Español. Solo llegar ya han visto detalles y situaciones que les anuncian dificultades de todo tipo. El “Campo de trabajo nº 1”[xv], como así se llama ahora, depende del Ministerio de Defensa, tal como les ha dicho el Jefe del Servicio Interior, un chusquero poco empático. El campo sirve de regulador de los otros campos, acogiendo las nuevas incorporaciones y dirigiéndolos a otros destinos, ya sea en Barcelona o en el territorio catalán aún controlado por la República. Ello ocasiona, les ha dicho, momentos de gran barullo, en lo que no se puede ni pensar en montar el tinglado de la película, aunque —aclara ante la cara decaída de Marion— a veces se vacía y existen momentos de asueto hasta que entra una nueva remesa de “residentes” —remarca con ironía.

Han dado una vuelta por el recinto. Tiene muchas posibilidades para los exteriores, pero el trajín de gente desaliñada, los guardias armados e infinidad de objetos por todos los rincones auguran una difícil adaptación a las necesidades del rodaje. Ya verán. Lo primero, conseguir el permiso del Ministerio de Defensa para rodar. Negrín no se negará, piensan. Ahora que se ha puesto duro con los catalanes, ha de demostrar que no es pura paranoia. Aub ha añadido que si es preciso André podrá hablar con su amigo Álvarez del Vayo, quien por fortuna se mantiene en el nuevo gobierno[xvi], o mejor con Sánchez Arcas: con lo rácano que es con el dinero, no puede negarles una ayuda así[xvii].  Su convicción sobre la necesidad de la película puede limar cualquier reticencia que tuvieran en Defensa.

De todas formas, a veces ir directamente a la cúpula puede generar rechazo en los jefes directamente implicados. El sargento que les ha atendido les ha dicho que el SIM es el responsable de los campos de trabajo, así que les ha sugerido vean primero a Santiago Garcés[xviii], responsable del organismo policíaco. Por la noche informarán a Malraux.

Los demás dedicarán el fin de semana a terminar la secuencia añadida a última hora en una de las reuniones, y que servirá para orientar al espectador sobre la acción aérea que se plantea. Algunos, como asueto, van al cine Excelsior, en la Gran Vía, a ver La reina Cristina de Suecia[xix]. La Garbo siempre es una invitación a la ensoñación. Además les dará ocasión de cenar en el cercano hotel Ritz, en la habitación de André, degustando algunas de las delicadezas que Suzanne Chantal ha traído a su amiga Josette.

 

SABER +: Rodando en el Pueblo Español. (con vídeo)

 

4.1.8.- Una secuencia no prevista.

La semana termina en El Prat de Llobregat, rodando lo pendiente de las secuencias relacionadas con la escuadrilla. Ha sido una idea de última hora, posiblemente de Marion, quien ante el desorden en el rodaje de secuencias, ha creído conveniente poner un inciso en el que se resuma la situación y los planes de ataque, antes de realizar este[xx]. Están presentes Santpere (Peña) y Mejuto (Muñoz), para un breve diálogo que facilitará al espectador la comprensión de los sucesos que seguirán: el ataque al campo enemigo, al puente cercano a Linás, el combate aéreo y el derribo de uno de los dos aviones.

El día es magnífico, ideal para rodar al aire libre. Suben a la terraza del inmueble que sirve de oficinas. Aub saca de una bolsa un bloc en el que aparece un mapa de la zona donde supuestamente suceden los hechos.

Se reproduce la casi totalidad de la secuencia XXIVbis (situada entre la XXIV y la XXIX), dado que no figura en los guiones originales. Ni en los manuscritos ni en las publicaciones posteriores (ver bibliografía), salvo en el de Gallimard, que refleja lo que realmente aparece en pantalla.

A pesar de ello, parece lógico que con la voluntad de Malraux de entrelazar tres historias (Linás y los voluntarios que la asisten, el campesino que cruza las líneas y la escuadrilla), decidiera hacer una breve secuencia que informara sobre la última y más dramática parte del filme: la expedición aérea y su trágico final.

Sin embargo sigue siendo un misterio que una secuencia tan corta y explícita, fácil de rodar, no estuviera prevista en el primer guion mecanografiado.

La cámara en un extremo. Malraux ordena: Vayan avanzando tranquilamente. Usted, Mejuto, atento, con las manos en los bolsillos. Mire lo que le va indicando su comandante. Usted -a Santpere-, cójale familiarmente por el hombro. Avancen tres o cuatro pasos. Hasta aquí -una marca en el suelo-, momento en el que se saca la libreta y el lápiz del bolsillo.

Un plano detalle muestra el mapa rudimentario donde el comandante marca la carretera y la vía del ferrocarril que coinciden cerca de Linás, en el puente señalado con dos trazos. El mismo que está en la pared de lo que, en los estudios Orphea, representa el despacho del comandante.

—Toma tu el otro avión. De noche, a pesar de todo, podemos atrevernos a dar el golpe.

—¿Pero el campesino sabe de verdad donde está el campo?

–Quizás. Pero dada la región, no hay error posible.

Con el lápiz, complementa el plano con dos cruces: la ubicación propia y la del posible aeródromo rebelde. Luego, con un trazo continuo reproduce la posible ruta de ataque: primero el campo y luego el puente.

Peña concluye el diálogo:

—Hay que atacar el campo primeramente al amanecer. Si lo volamos no pueden avisar más que a los del sur de Calamocha. Nosotros estaremos ya sobre el puente. Después…

Y con un gesto vago, deja al destino la suerte de la expedición.

Lo han ensayado un par de veces, así que con una única toma ha bastado. El ahorro de película es capital.

Malraux está satisfecho. Aunque sea sábado, podrán terminar con el conjunto a rodar en la Volatería, salvo lo que queda cuando se metan en el combate aéreo.

Mientras ruedan la conversación entre Peña y Muñoz, el resto llega a La Volatería en una camioneta. Codina ha pasado noche en Barcelona para evitar los habituales retrasos que suceden si viene de Lloret. El equipo técnico se afana instalando la cámara y los focos en el campo de tiro. Hay pocos aviones, muchos se han desplazado más al sur para actuar en el frente del Ebro. Se cumple un mes, y la situación está estancada.

Ya todos juntos, se les une el responsable de formación del aeropuerto, Andrés García Calle[xxi] que les felicita por su entusiasta labor y se pone a su disposición para lo que puedan necesitar. Malraux le apunta que, en unos días (serán dos meses) van a necesitar dos Potez. El oficial sonríe y susurra un: bueno, eso ya veremos.

Pero sí les hace un favor. Viendo la precariedad manifiesta de los voluntariosos cineastas, les recomienda otro punto de rodaje,

—¿Habéis visitado Sabadell? Allí están los aparatos que reparamos. Seguro que podréis hallar alguna imagen que os interese. Si queréis, llamo ahora mismo,

En Sabadell le han dicho que de acuerdo que cuando quieran, que sólo tienen que llamar la tarde anterior. Malraux ha saludado militarmente a García Calle con un sonoro “Merci”.

Se levantan todos de la mesa donde han tomado un sucedáneo de café, y acompañan a Codina al campo de tiro donde está ya todo preparado, para ensayar las tomas.

Al finalizar el rodaje de la secuencia, en la que un experto tirador ha ayudado para que las marcas en las dianas sean ajustadas, no han conseguido lo indicado en el guion en su secuencia XXVIII[xxii] (Los disparos de Schreiner son buenos: el cuadro del blanco se desprende pero queda colgando). Malraux y Aub ríen relajados. Los nueve planos de la secuencia han salido a la primera. El segundo comenta:

—Los tiros certeros han clavado la diana. Si, ¡lo hemos clavado! Poco importa que no se haya desprendido.

El lunes amanece con otra buena noticia: los recambios para el camión de sonido se han expedido desde París[xxiii]. En dos días, quizá tres… ha dicho Tual. Por el momento deciden no utilizarlo y dedicar la semana a rodar en estudio. O las reuniones del comité de Linás, con extras traídos del Prat de Llobregat, y la intervención de José María Lado como José, y luego con José Telmo (González). Pero lo primero no será posible al no poder localizar aún al actor. Habrá que ir por el Teatro Catalán de la Comedia (antes Poliorama), en el 9 de la rambla de los Estudios, y preguntar a Enric Borras. Él seguro que sabe donde para. Aub se encargará cuando vaya a oír el discurso de Prieto en el teatro, al día siguiente[xxiv]. Aub le había contactado ya el día 12, en el homenaje que se le dispensó a Enric Borrás, pero desde entonces no ha tenido noticias de él.

Otro elemento necesario y del que no disponen es un trípode con ruedas. Aunque quizá podrían agenciárselo, aprovechan la ocasión para mandar a Lepiani a Madrid a buscar uno que han localizado. Tardará dos meses[xxv].

Les llevará todo el día preparar una de las salas como alojamiento de la escuadrilla: literas, algún arma, y el retrato de una señora, detalle fruto de la insistencia de Malraux al recordar al entrañable Mercery de la verdadera escuadrilla, parece que siglos atrás, aunque haga solo dos años de los sucesos. Ya en Orphea, mientras atrezo prepara el dormitorio, se rodará lo que faltaba de la droguería, que se dejó pendiente días atrás[xxvi].

En un sótano de los estudios, los actores que forman el, ya con el actor que interpreta al Delegado Militar grupo de republicanos que quieren llevar armas y dinamita a Linás, los mismos, o casi, de la calle Santa Ana. Como líderes, Miguel del Castillo (Carral), que interpretará la heroica y suicida acción de destruir un cañón con un coche a costa de su vida, y José Telmo (González), el dinamitero asturiano. El espacio es estrecho, no han ganado mucho respecto a la cestería de la calle Petritxol que era la idea inicial y de la que se rodaron la entrada y salida del grupo.

Es posible que la secuencias IV y VI, en el interior de la droguería no se rodara en los estudios Orphea, ya que en una visita al archivo del Colegio de Arquitectos, en los planos no parecía que hubiera sótanos. Otra posibilidad sería en el castillo de Montjuich o alguna dependencia del Pueblo Español que no hemos encontrado.

El paso del tiempo nos impide ubicar algunas localizaciones, pues muchos palacios de la exposición de 1939 fueron demolidos. Lo que sí es cierto es que se trataba de un primer sótano, pues al inicio entran al nivel del recinto, pero luego salen subiendo una escalera hasta un punto donde brilla la luz. (Ver imagen (Chantal (1967): 160).

Repiten el plano de González descartado días atrás. En un agobiante despacho, hablan comedidamente Carral y el Delegado Militar. Llaman a González. Éste les informa de las pocas armas existentes en Linás y el riesgo de que los rebeldes controlen el puente de acceso a la población. El Delegado les ordena salir de la ciudad a toda costa y llegar a Linás.

Dos veces se ha tenido que repetir la toma. Los planos medios de los dos hombres funcionaban, pero al llamar a González, a algún curioso en la droguería, al darse la vuelta, se le ha caído un recipiente de las manos, con el consiguiente estruendo. “¡Corten!, quel bordel! Ya es la segunda vez, ¡como si sobrara película!” ha gritado André. Para calmarlo, Aub pide un receso y se retira a un rincón, para ensayar con Telmo. Su forma de hablar   no casa con lo que se espera del rudo minero asturiano que interpreta. “Un poco de dinamita, les enseñé yo a servirse de ella… pero no tienen experiencia”. Lo repite cuatro veces, sin llegar a satisfacer al hombre de teatro que es Max.

Les llevará todo el día hasta altas horas de la noche. Afortunadamente, después del primer fracaso, han seguido ensayando, sin rodar, la totalidad de la secuencia IV en el despacho de gerencia de la supuesta droguería, y luego la VI, en el almacén de esta. A última hora de la mañana, se ha hecho la toma de la primera. Así han podido desmontar la cámara y los focos, y pasarlos al espacio contiguo, algo más amplio, aunque no mucho como demuestran las imágenes que va tomando Marion. Irónicamente, Aub susurra: —Bueno, al menos la damajuana no se ha roto.

Entran los personajes de Pedro y Barca, con un saco que vacían en el mostrador. No hay embutidos a pesar de que el guion lo indica. Solo unas pocas pistolas y munición.

EMILIO: ¡Vaya asco de balas! No tocamos ni a veinte.

CARRAL: Ya vendrán otras.

Y luego pasa a detallar los detalles de cómo podrán llegar a Linás. Lo harán con dos coches que encontrarán en un garaje de las afueras. La secuencia quedará sin rodar.

Se reparten las armas. Carral coge el mando ante la mirada expectante del delegado. El encargado de la calle Petritxol deambulando entre los actores. Trávelin de caras expectantes, de hombres que saben que pueden morir en el lance.

Cada uno con un arma, suben por unas escaleras hacia el exterior. Con las sacudidas de los cañonazos, en la damajuana van cayendo gotas con el ritmo inexorable del destino.

Malraux, por fin, está contento. A pesar de las limitaciones, la secuencia cree que ha quedado bien. Lo confirmará cuando, semanas después, llegue el revelado que hará Tual en París.

Ya saliendo, el delegado sindical llama en un aparte a Max Aub.

—Hoy os lo dejo pasar. Pero los actores no pueden estar doce horas en el tajo como ha sucedido hoy. Que no se repita. El cine no tiene carta blanca.

Aub le da la mano y lo despide sin responderle. “Será cretino” piensa para sus adentros cuando ve su quijotesco cuerpo saliendo hacia la oscuridad. Lepiani, que así se llama el arrogante asistente, fue recomendado por Mantilla[xxvii], que a su vez fue impuesto por el Ministerio, con el ánimo de doblar con españoles todos los posibles puestos ocupados por franceses, y a la vez cuidar por la ortodoxia de los planteamientos.Para tranquilidad de todos, al día siguiente, el cenizo partirá hacia Madrid a la búsqueda de un trípode con ruedas.

Lo comentará de camino al hotel con Elvira Farreras que le acompaña para después coger un tranvía hasta el Putxet donde vive. A ella tampoco le cae bien el claqueta cenizo, quien escudado en su posición en el sindicato de espectáculos, presume de haber participado en numerosos rodajes, cuando en realidad han sido solo unos pocos documentales.

—Más contratiempos —comenta ella. ¿Ha visto La Vanguardia de ayer[xxviii]? Van a restringir más el consumo de gasolina. Y precisamente ahora que se está preparando el rodaje en Tarragona y Cervera. ¿Podremos? Mi hermano está en Tarragona, ¡cómo me gustaría verle![xxix]

Aub se encoge de hombros.

—¿Quién lo sabe? Desde luego, Tarragona es la prioridad, y si vamos, cuenta con venir con nosotros. Luego, Cervera no solo dependerá de la gasolina, también de la situación en el frente. Lo del Ebro parece estancado. Y si los fascistas se deciden a romper por el Segre… No sé, lo veo difícil. ¿Sabes qué, Elvira? Yo, de momento, con acabar la dichosa droguería y a ser posible la calle Santa Ana, me doy con un canto en los dientes. Y todo ello si hay película, que esa es otra. Para colmo, el sábado se quemó el almacén de la casa Diamante, en la calle Bailén[xxx]. Miles de metros de película a tomar viento.

Notas de Max Aub con teléfonos de París (F..M.A.)

El hecho de que se realce la característica de inflamable piensa Aub y todo el equipo, dificultará aún más el envío por avión. Por su parte, Malraux ha reclamado pagos atrasados a Economía. También se organizan colectas en París cuyos fondos irán directamente a Tual. De todas las dificultades que van surgiendo, la falta de material fílmico es la peor. Habrá una reunión con Sánchez Arcas, el subsecretario de Propaganda, para activar los pagos prometidos. Pero no es la falta de dinero, con ser grave, sino la diversidad de material utilizado y, por encima de todo, los retrasos en los envíos a y desde París. Todo ello pone en riesgo la obtención de una película con un mínimo de calidad que pueda ser exhibida dignamente en los cines norteamericanos, posibilidad contemplada al inicio del rodaje[xxxi]. El sueño de Malraux de rodar una versión americana va quedando en el limbo, después de que ya haya sido excluida la francesa por imposición del gobierno español, y también por falta de divisas disponibles. Pero incluso el rodaje en España se hace imposible al haber de comprar la película virgen en París. Las continuas llamadas telefónicas a Francia causarán incluso una advertencia al Comissariat de Propaganda por parte de la Presidencia del Gobierno por su elevado coste.

SABER +: Mayo 1938: Max Aub se une al grupo.

  

4.1.9.- Calle Santa Ana.

 

El 24 ha sido de preparación para el rodaje en la calle Santa Ana, imprescindible para mostrar una acción que evite un seguido de demasiadas secuencias de interior con charlas interminables. André, Max, y en especial Page, se han ocupado de ver las ubicaciones idóneas, o posibles, de la cámara. Incluso han pedido las llaves a la portera

Aub, Marion y Malraux (calle Sta. Ana -Barcelona 1938)

del número 30 para subir al entresuelo, donde al parecer no reside nadie. ¡Prefecto! ha exclamado Malraux, con su cámara de mano, enfocando la reja que da entrada al recinto de la iglesia de Santa Ana, a pocos pasos de la Plaza Cataluña. También desde el portal podría ir bien, aunque para el plano inicial, con los republicanos llegando al punto donde se pararán, asustados por el paso de “los moros”, Malraux, aconsejado por el responsable de fotografía, decide poner la cámara en la bocacalle de Belltrellans.

Así, se fijan tres puntos donde ubicar la cámara Parvo: la citada bocacalle, al lado de la reja, y desde el número 30.  Los tres focos disponibles, se colocarán algo más retrasados, hacia Las Ramblas. Aub se encargará de colocar allí a los guardias de asalto que impedirán que la muchedumbre curiosa heche a perder la poca película de la que disponen. La frontera la marcará la bocacalle del callejón de San Buenaventura. El valenciano comentará: “¡Mucho santo veo yo para divulgar la causa republicana!”.

Han quedado en un rincón los rieles y la plataforma del trávelin que se piensa utilizar. No puede estar colocado al inicio, pues su ubicación es por donde pasan los guerrilleros, en su ida y vuelta precipitada, en el plano inicial.

Al tener el material tan a mano, habrán empleado la tarde, ya anocheciendo, para rodar los breves segundos de entrada y salida de la droguería pendientes. Lo han hecho en la calle Petritxol, utilizando la cestería Lledó, en el número 15. Han sido pocos segundos, en los que rodarán la persiana de entrada, con el letrero anunciador, a la que se dirige el c

Calle Petritxol

omisario político[xxxii]. De inmediato, con la cámara en su interior, se habrá rodado la salida de los voluntarios cargados con la dinamita, para lo que el encargado del establecimiento habrá subido la puerta metálica. Después, satisfechos, Page les ha hecho una foto ante la tienda, en la que han pedido al encargado que se sume la grupo.

A la mañana siguiente, jueves 25, muy temprano, se han ido reuniendo los actores y el equipo de rodaje en el bar Nuria[xxxiii] en la parte superior de las Ramblas. Page y Thomas, con algún asistente, se han adelantado y ya están tomando posibles enfoques en la calle Santa Ana, en su parte cercana al Portal del Ángel. Hay euforia. Los primeros exteriores en ciudad, con la perspectiva de un rodaje continuado de una secuencia completa.

—Si eso sigue así, a finales de año tendremos la película lista —manifiesta Aub, con la boca aún llena.

Están desayunando, hay fondos para pagarlo.

Malraux, más inquieto, se levanta y, aplaudiendo, da prisa para que acaben la tertulia.

Atraviesan la barrera que forman media docena de guardias y numerosos curiosos, algunos subidos en una plataforma que luego servirá para los focos. Días atrás, desde Propaganda, Sánchez Arcas ha hablado con el propio ministro de Gobernación, Paulino Gómez, consiguiendo media docena de efectivos. Las relaciones con la Generalitat están tensas. Días atrás, como protesta por la toma de control de las industrias de guerra por parte del gobierno central, han dimitido dos ministros[xxxiv]: Ayguadé, de ERC y ministro de Trabajo, e Irujo, del PNV y ministro sin cartera, en solidaridad con el primero. No es pues el momento de dejar ningún resquicio al protagonismo de los mossos de escuadra.

Paula[xxxv], después de dar un beso a su marido como señal de buen agüero para el inicio, levantando la mano, dice:

—Carral, Damián, Luis, González… —han decidido llamarles por el nombre del personaje—, Ramos, Agustín…

El tal Ramos levanta la mano. A un gesto de Paula, indica:

—González no ha venido. Lo tenemos ensayado, pero ayer se encontraba mal.

Max y André se miran. “Ya empezamos”, piensa el primero. El francés, expeditivo:

—No importa. Nos saltamos su parte. Venga, hay que empezar[xxxvi].

Diligente, Mme. Boutault tacha unas líneas del guion mecanografiado que sostiene.

Calle Santa Ana. Mirones. (Picon,1970)

Todos en sus puestos, con la cámara en la bocacalle de Belltrallans. El equipo a su alrededor, con Malraux apoyando su mano en Page. Algo más atrás, Aub acabándose un bocadillo. A un mirada de Max, se adelanta y dice:

—Todos andando rápidamente, decididos. En la parte trasera del grupo, los dos con la dinamita y, el último el que cojea. Cuando lleguéis al punto marcado en el suelo, os paráis un instante, y luego retrocedéis corriendo. Probamos una vez.

Agustín con su cojera, cumplirá a la perfección su papel de rácord con la secuencia siguiente, ya en Tarragona, apareciendo siempre en la parte trasera del cortejo.

El grupo lo hace. Dos de delante corren demasiado, los que van cargados con la caja de explosivos, se retrasan.

—¡Alto! Demasiado separados. Tú, no corras tanto, ¡caramba! Venga, de nuevo.

La segunda es más satisfactoria. Se trata solo de una veintena de metros, lo que da de sí el giro de la cámara situada en la callejuela. Lo ensayan una tercera vez y ruedan.  Un sustituto de Lepiani anota en la claqueta: Sierra de Teruel, VII, plano 1, toma 1. A una indicación de Max Aub, ha borrado la tiza con la que había escrito Sang de gauche para reemplazarla por el nuevo nombre.

—¡Acción! Grita Page con marcado acento francés.

Lo hacen.

—¡Alto! Quedaros ahí.

Aub sale de detrás de la cámara y se dirige al grupo.

—Figuraros que acabáis de ver un desfile de moros que pasa por la bocacalle. Ahora no hay nadie, la policía impide que se acerque gente a esta parte del Portal del Ángel. Pero imaginaros que veis pasar una compañía de regulares. ¿Cómo reaccionaríais?

—¡Joder! —Grita una voz anónima del grupo.

—Pues eso, retrocedéis pitando. Tú, Carral, te quedas en la tienda de calcomanías; Luís y Damián, en la reja; luego González y Ramos, un portal más allá, Pedro y Manuel…

Lo filman. Algunos han pasado excesivamente cerca de la cámara, pero el día va avanzando y la intención es acabar la secuencia. Si hay tiempo, ya repetirán el plano. En el interín, ha llegado José Telmo, el González de la película, deshaciéndose en excusas[xxxvii].

Focos en la calle Sta. Ana (Picon)

Se forma un corrillo con los actores. Salvo los profesionales Castillo (Carral) y González[xxxviii], los demás tienen una corta experiencia teatral, algunos simplemente como aficionados. El participar en un rodaje les excita.

—Vamos, fuera de aquí. Vosotros, venga, colocad de una vez el trávelin.

Malraux le coge por el hombro:

—Max, son ya las doce. Dígales que vayan a comer algo. Mientras lo instalan no podemos ni tan siquiera ensayar. Que vuelvan al Nuria.

Aub sigue con las indicaciones:

—Los actores al Núria. Comed algo. Pero ojo con lo que pedís.

La puesta de los raíles, el carro con la cámara, los focos en su nueva posición les ocuparán hasta las cuatro de la tarde. Va cundiendo el nerviosismo. Aub va al Núria a llamar a los actores que siguen allí de cháchara. Atravesando las Ramblas, Telmo le dice:

—La Vanguardia dice que el domingo derribamos no sé cuántos aviones[xxxix]. Mira, he afanado el periódico. Díselo al jefe, estará contento.

Denis Marion, que hasta el momento no ha intervenido, se da cuenta de que debe tomar la iniciativa. Mira un momento el guion que sostiene Paula, y luego indica:

—Rodemos primero el trávelin, desde las calcomanías al Grand Chic Venga, todos a sus puestos. Luego filmaremos los disparos. Tú, Damián, cuidado con la bolsita de tinta.

El trávelin cruza diagonalmente la calle, en el mismo espacio reducido que se ha rodado por la mañana.

Desde el balcón de la calle Sta. Ana (Marion (1970): 128)

Aub detiene la operación con un gesto de la mano. Luego, se acerca a la casa contigua, donde unas mujeres están contemplando el espectáculo, charlando alegremente.

—O se meten en casa, o pido a los guardias que se las lleven —ellas le miran sorprendidas—. O mejor, quédense, igual les alcanza un tiro. ¡Fuera!

Ya no volverán a aparecer. Max con un gesto, indica a los operadores que procedan.

—¡Acción!

Lentamente, se va desplazando de derecha a izquierda, partiendo de la reja de la iglesia, con una cierta pausa en las parejas de republicanos indicadas en cada una de las entradas. Todos van cumpliendo, más o menos, con lo previsto en el guion.

Carral, en una tienda de calcomanías, sosteniendo un fusil ametrallador, recibe el primer impacto, pero no le hiere. Siguen, en la reja, Damián y Luís que es herido en un brazo. Luego, González, agachado, y Ramos que se agarra el vientre al ser alcanzado por una bala. Sigue avanzando la cámara hacia la izquierda, donde se halla Barca, solo en un portal de una perfumería donde se cobija. Más allá, Agustín y Manuel en un portal de piedra. Por último, en una tienda de modas, están Pedro y Salvador. Este es herido y cae, sostenido por el cojo.

Al grito de ¡corten!, Paula indica a Malraux:

—Le dije a ese que ocupara el sitio en “Ramos de Gra” para sustituir a Agustín. No sé por qué, pero Agustín estaba con Manuel en el portal contiguo a la perfumería.

La caída de Salvador, sostenido por Pedro, y el sombrero.

—Vale, muchas gracias. Es usted muy valiosa. Nadie hubiera visto el detalle. Pero la toma vale. Y no nos sobra película —cierra, con una mirada interrogante a Aub, que es quién lo había traducido. Luego se dirige a los cámaras.

—Creen que ha salido bien. La tarde va avanzando.

—Rodemos la persiana. Unos metros, luego ya cortaremos. No hay dueño, no creo que pase nada con que la perforemos y al final la partamos en dos.

Lo hacen desde el extremo más cercano a la reja al que puede llegar el carro de trávelin, que seguirá, en contrapicado, las dos ventanas del piso; en la segunda, figurando que el tirador es herido por Carral, se rajará en dos la persiana. Luego sacarán la cámara, dejando los raíles que no dificultarán el rodaje de los planos medios en la parte contraria.

—Sugiero que hagamos ahora los cortes a intercalar. Primero a nivel de calle, y luego desde el entresuelo.

Son casi fotos fijas. Carral atento, sorprendido por un disparo. No será tal, ya que no se dispone de proyectiles, tan escasos en el frente. Se utilizará una bola de rodamiento, lanzada con habilidad contra la vitrina de las calcomanías.

También se rodará el plano medio de la caída de Salvador herido, junto a un compañero[xl] y, detalle muy propio de Malraux, la rotura del escaparate que provoca la caída de un sombrero de la casa de modas, tal como el francés había ya indicado en el guion.

Ha anochecido. Se llevan ya todo el equipo de rodaje e iluminación. Tendrán que acabar al día siguiente, sin guardias. Lo harán con una cámara colocada en el interior del patio de la iglesia, con Carral agrupando a sus hombres. Algunos del equipo de atrezo impedirán que se acerquen demasiado los curiosos.

Carral, rodeado de sus hombres, da las instrucciones:

—Tú, López y Marín[xli], quedad con los heridos, los otros, a la puerta.

A pesar de ser sólo unos instantes de rodaje, la situación por culpa de los curiosos se hace insostenible. Ya no podrán filmar al grupo dirigiéndose a la puerta.  para ser hecho en Tarragona, unos días después. Así, cambiarán la calle Santa Ana por la de las Escrivanies velles[xlii] de la ciudad del sur de Cataluña, para rodar los escasos 10 segundos finales de la secuencia VII.

SABER +:

Calle Santa Ana -Secuencia VII (con planos y ubicaciones comparando la época con la actualidad).

Video: Rodando en Barcelona y Tarragona (secuencias VII a X)

 

 

4.1.10.- Sabadell.

 

Han pasado el día, pero ha valido la pena. Incluso han rodado una secuencia que estaba prevista hacer en interior: la XXIX.

Han salido casi de madrugada. Por una vez, tanto Julio Peña como José Santpere han sido puntuales. A las ocho estaban en la puerta del campo de aviación de Sabadell, a las afueras de la población. Ya les esperaban. Mientras los cámaras situaban el equipo en el interior de un hangar de reparación de los famosos chatos, los cazas rusos Polikarpov I15, les han ofrecido un frugal desayuno con malta, leche y unas rebanadas de pan.

Sabadell es una población industrial, con numerosas fábricas reconvertidas en industrias de guerra[xliii]: paracaídas, blindados, incluso tanques en la antigua fábrica de hilados Vicenç Planas, con unos trescientos operarios. Pero el objetivo hoy es la aviación, destacar la insuficiencia de medios debida a la No-intervención, en contraste con la presencia alemana e italiana en la contienda.

Malraux ha exultado al ver los restos de un avión italiano derribado días atrás. Se aprecia claramente su origen en los neumáticos Spiga.

—Venga, rodemos.

Entran Peña (Santpere) y Attignies (Julio Peña). Improvisan con un texto que Malraux a pergeñado y Max Aub traducido durante el desayuno. Se insertará entre las secuencias XXIX y XXX, que, si pueden, también rodarán aquí, aunque la primera estaba prevista hacerla en estudio[xliv].

ATTIGNIES (mirando el avión italiano siniestrado): El que derribamos ayer.

Metros más allá, otro avión con el fuselaje destrozado:

ATTIGNIES: Han perfeccionado sus nuevos modelos.

PEÑA (dirigiéndose a un coche de Aviación: Fíjate en el mando de las ametralladoras.

ATTIGNIES (tocándolos): A pesar de todo, podemos con ellos.

PEÑA (desde el interior del coche): Ataca.

Attignies sube y arranca el motor del coche.

—¡Magnífico! —clama Malraux. Ahora vamos a por lo del guion. Empecemos por la XXIX, quedará más real si es un exterior. El despacho de Peña ya saldrá lo suficiente. A veces piensa que no podrá terminar la película tal como la había previsto, pero hoy ¡ha podido rodar unos planos adicionales, improvisados, y muy relevantes para el mensaje que pretende transmitir!

Fábrica Baygual – Sabadell

Para ello se han desplazado hasta el barrio de Can Feu, a la fábrica Baygual y Llonch[xlv]. En ella se procede al montaje de aviones rusos desde que los intensos bombardeos en Reus, en otoño de 1937, aconsejaran el traslado a esta zona algo más protegida. Rodarán el diálogo entre los dos personajes en el momento en que se aproximan a los hangares. Unos pinos cercanos dan algo de sombra.

Según el guion, el comisario político ha pedido coches o focos en diversos puntos, sin éxito. Los van a necesitar para el despegue nocturno. De otra forma, el ataque al puente de Linás sería un suicidio, pues el desequilibrio de fuerzas aéreas en apabullante. Attignies informa a su comandante. Este le pregunta:

PEÑA: ¿Están listas las dos tripulaciones?

ATTIGNIES: ¿Sólo dos?, ¿dos?

PEÑA (CON AMARGURA): Ven y verás, comisario político.

Lo dice en la puerta del hangar.

Se ha colocado la cámara en el interior, con la duda de si la iluminación será suficiente. Avanzan entre una serie de chatos con la parte del motor tapada por una lona.

Berenguer, junto a Page, les advierte.

—Va a quedar todo demasiado oscuro. Quizá una linterna dé un ambiente más misterioso, no se va a ver el resultado hasta el final.

Los dos hombres, con la linterna que les han dado, avanzan lentamente. Pasan a interpretar lo que inicialmente estaba en el guion que les habían dado para estudiar.

ATTIGNIES: ¿Estos son los que se pueden reparar?

PEÑA: Si a esto le llamas reparar…

ATTIGNIFIES: Pero ¿y la reserva?

El haz de luz ilumina un aparato nuevo, del que Peña quita lentamente la lona delantera. No hay motor. Con rabia exclama:

—No Intervención.

Devuelven la lona a su sitio y luego, cabizbajos, van saliendo. Ya en la puerta, el joven oficial introduce las siguientes secuencias, donde se irá frenéticamente a varios pueblos en busca de coches que, con sus faros, puedan orientar el despegue de la madrugada siguiente.

ATTIGNIES: Y esa noche, ¿nada de cazas?

PEÑA:  No habrán vuelto todavía. Pero lo primero no son los cazas, sino los faros. Vamos a pescar coches por los pueblos.

Solo han tenido que repetir un plano, al no soltarse la lona del motor del chato. El resto ha quedado bien a la primera, o al menos eso piensa Malraux, a expensas de verlo semanas después, cuando haya sido revelada la película en París.

Regresarán, exhaustos, ya entrada la noche. Pero se han rodado casi una veintena de planos. El día menos pensado, han conseguido la mayor cosecha. Lo celebran con una copa de coñac. El domingo, 28, descansarán todos menos Max Aub, que con la intención de rodar en el despacho de Peña que están acabando de montar en Orphea, se afanará en contactar con Mejuto y Santpere, y si puede, también verá de atar ha al futuro campesino de Linás: José, el actor José Lado.

 

4.1.11. Ni pensar en salir, Muñoz.

 

El domingo 28 será un día de asueto. Por la mañana algunos irán al fútbol, donde compiten el Español y el Júpiter, otros a la playa de la Barceloneta, de donde tendrán que irse al haber un fuerte bombardeo en la Barceloneta y en Can Tunis[xlvi], en la ladera marítima de Montjuich. La mayoría, simplemente, dormirán hasta tarde, exhaustos. Por la tarde, reunión en el despacho de la Diagonal, para revisar lo hecho hasta el momento y planificar los siguientes pasos a dar.

Aub, con Marion a su lado, resume: Están rodadas, aunque aún no reveladas, las secuencias del campo de aviación: La I, parcialmente, sin la escena del avión estrellado y Peña intentando salir de él, y todas en las que interviene Codina (en el papel de Schreiner): XXV, XXVII y XXVIII. Además, la que se ha improvisado como recuerdo de la estrategia de ataque, en una azotea. Si el revelado les satisface, podrán prescindir ya de Codina y sus retrasos hasta que lo vuelvan a necesitar para la secuencia final. Por otra parte, se ha rodado también lo relativo al grupo de republicanos que intentan salir de la ciudad para asistir a Linás: La calle Santa Ana y la dichosa droguería, así como la anécdota de las armas en casa de un fascista, rodada en estudio, o sea, las secuencias, V, VI y VII. ¡Ah! Y también la de las honras a Marcelino, la II. Han pasado tres semanas y parece un siglo. Esperan que los resultados sean positivos, el revelar en Francia es un impedimento más al no poder visionar lo realizado hasta semanas después. En total, un centenar de planos rodados[xlvii]. Los últimos saldrán para París el lunes por Air France. Roland Tual está ya informado.

Por la noche, ya en el hotel Majestic, le han entregado a Max Aub un sobre: El número XIX de Hora de España[xlviii], que incluye en la página 83 su obra de teatro: “Pedro López García -Auto”. Una notita adjunta: “Enhorabuena, espero no abandones el teatro por el cine”, firmada por José Bergamín. Al día siguiente, se lo enseñará a Malraux. ¿Te acuerdas? Nos presentó en Cruz y Raya. Esta noche, ya en la cama, pensará en Peua, allá en París, mientras lee a Gil-Albert en la página 40:

Y al final mi estancia vacía,

con la soledad sobre el lecho,

más espantosa que nunca,

como un abismo sin frondas,

quieta…

 Antes de dormirse, cederá a la tentación de leerse con autocomplacencia: “MADRE: Si los hombres no tienen redaños para deciros las cosas, a mí no se me quedarán en la boca; me dolerían las muelas y os las escupo; cuervos que vais al olor del botín, chupasangres, hijos de mala madre. (El sargento se sienta la mira, divertido.) ¿Creéis que no os conozco? Sois iguales a vuestros abuelos. No; no sois iguales, sois los mismos enemigos del pueblo. Con una vieja no os atreveríais y por eso hablo; es posible que si no también callara, por miedo. Hace cien años que andabais por aquí, con las mismas boinas rojas y el corazón negro. Matando y robando en nombre de Dios. Carlistas, traidores. Pero ya vendrán los liberales y os darán vuestro merecido. Alguna vez se tiene que acabar la mala hierba y la mala sangre”[xlix]. Sí, desde el carlismo, e incluso antes, se arrastra la misma podredumbre. El lo conoce bien, allá por los riscos del Maestrazgo. Y el sueño le vence, la revista caída.

Está concluyendo un agosto preñado de dificultades y retrasos, pero que mantiene aún viva la llama de la esperanza. Centrados en los estudios Orphea, a falta de las baterías del camión y de suficiente película virgen, el equipo técnico se ha dedicado a montar lo que será la oficina de Peña. Se trata de una estancia bastante amplia para poner la cámara y dominar el conjunto. Una mesa sobre caballetes, bajo una de las tres ventanas que iluminan la estancia, un botijo en una de ellas, Un teléfono en la pared. Hace calor. Otra mesa en un lateral, también con planos, delante de un gran mapa de la zona de Teruel ladeado por un aparato de teléfono. En la pared contraria, se tendrán que colgar unos paracaídas.

El plató es una estancia bastante espaciosa, suficiente para poner la cámara y dominar el conjunto. Una mesa sobre caballetes, bajo una de las tres ventanas que iluminan la estancia. En una hay un botijo y en la pared entre dos de ellas, un desvencijado teléfono. Hace calor. Otra mesa en un lateral, también con planos, delante de un gran mapa de la zona de Teruel. En la pared contraria, se tendrán que colgar unos paracaídas que alguien irá a buscar a La Volatería.

—¿Estará listo Mejuto?, pregunta Malraux a María Luz Morales[l], que ayuda esporádicamente, pero con más frecuencia durante las ausencias de Max Aub, ahora a punto de emprender uno de sus numerosos viajes a Francia a por material.

—Cuente con ello. Ya llegó el permiso de comandancia —afirma Paula, la esposa de Thomas, convertida en una script eficaz.

Cena Anfistora. Mejuto de pie, García Lorca sentado en el centro. (Fund. G. Lorca)

—Ya me dijo Max que era un buen actor. Que encajaba en el papel de capitán Muñoz —interviene ella, que de eso entiende—. Alto, apuesto -esboza una sonrisa-. Declama bien. En Madrid dejó una buena impresión en Liliom, una obra del húngaro Molnar, dirigido por Federico[li]. También trabajaba su hermano Enrique, pero Severiano Andrés, ¡caramba con el nombre!, era el protagonista. ¡Ah, que época!, Federico y La Barraca, el club Anfistora[lii], dónde estaría hoy España si no se hubieran alzado contra la Republica. Me dijo Bergamín que el año pasado aún actuó en Madrid, en el teatro de La Zarzuela, con un gran éxito. Era La tragedia optimista[liii] (¡eso sí que es un título!), que adaptó María Teresa León. También era el protagonista.  Sí, tiene experiencia, aunque no en el cine. Además es militar, por lo que no le costará adoptar el porte necesario.

María Luz Morales[liv] tiene criterio, conoce el arte de la interpretación, en especial a partir de su función de directora de La Vanguardia y sus escritos de teatro, cine y moda.

—Si usted lo dice… —André está algo escamado por los tics teatrales de Santpere y Codina. Es verdad que hasta ahora Mejuto lo ha hecho bien. Pero estar siempre pendientes de la autorización militar… sería un desastre que no pudiéramos rodar lo que falta con él.

—Estaba en la 72ª división, con Enciso[lv]. Cuando fue disuelta, me contó Max que había pasado al XVIII Cuerpo de Ejército. De momento está en la reserva, a la espera de lo que acabe pasando en el Ebro. Tiene el grado de capitán[lvi].

—Esto es lo que temo. Le pueden llevar al frente de un momento a otro.

—De momento, hemos avanzado bastante en las escenas de estudio. Crucemos los dedos.

—¿Y las secuencias del interior del avión?

—Bueno, cuando tengan el decorado hablamos —intercala Paula. Habrá que ver con atrezo cuando puede ser eso. Menos mal que tenemos asesores que entienden y han podido inspeccionar un Potez en el aeropuerto. Hacer medio avión con contrachapado no es cosa fácil.

Beben un sorbo de vino. Hace un calor de justicia. Barcelona se apresura entre dos alarmas. Ellos, en un bar esquinero del Ensanche, a la sombra, no lejos del Comissariat, siguen con su planificación. Acaban de llegar Denis Marion y Louis Page. Este dice:

—No ha llegado. No tenemos película suficiente para ir a Tarragona. Y tampoco podría desplazarse el camión de sonido… sin baterías…

—Ahora hablábamos de rodar en estudio. A falta de pan… —Aub intenta ser optimista.

—¡No! —Malraux se levanta airado—. Ambas cosas son imprescindibles. ¿No las habían mandado?

—Sí, hace días, pero deben estar en la frontera.

—Pues voy[lvii].

Max Aub, el hombre para todo, la mano derecha, y a veces la izquierda, del director francés.

—Ahora mismo voy y hago unas llamadas. Y si es así, coge un coche y se va en cuanto hayamos rodado el despacho de Peña —concluye André, taxativo. Mira a los dos asistentes—. Rodamos en estudio mientras podamos. Y que alguien vaya ya a Tarragona a ver exteriores. ¿El hotel estaba reservado, no?

—Por descontado. El París[lviii]. Dije que seríamos unos veinte, aunque no todos los días. Los “voluntarios” de Teruel, el equipo técnico, quizá me quede corta —apunta Paule Boutault.

—Añade a Elvira, al menos. Me lo pidió. Parece que su hermano es médico allí.

—¿Yo también he de ir? —interrumpe Petit, responsable de decorados, que ha estado ultimando el estudio y ha oído la conversación—. Dicen que se bombardea mucho.  Lo he leído en La Publicitat[lix], en primera página.

Aub asiente. Marion no quiere quedarse atrás.

—Así, el lunes, con Santpere y ese tal Mejuto, ¿no?

—Si, parece que vamos cogiendo ritmo. Y los sindicatos que callen. Si no vienen los españoles me da igual. Nos apañamos los franceses. Usted, Max, venga conmigo al hotel para repasar el guion de estas secuencias.

Y diciendo esto, se va a telefonear, seguido de Max Aub.

—Sí, las baterías y también tanta película como pueda —le dirá al cabo de una larga conferencia con Tual, y luego con un amigo de Perpiñán—. El martes, si podemos filmar la secuencia del coche con el perro, al terminar sale pitando hacia Francia. Tome el Buick[lx]. Hablaré con el ministerio para la gasolina.

Max Aub estará casi una semana en Francia tratando de pasar el material por una aduana reticente. Antes de partir, Josette le ha llamado aparte. Le dice:

—Suzanne, a quien conociste hace unos días, ha mandado ya un envío de cosas que le pedí. Los habrá recibido Jean[lxi], otro amigo, que reside en Perpiñán. A su vez tiene un amigo, un comercial que atraviesa la frontera a menudo, que le ayuda en los envíos a Barcelona. Son buena gente. Toma –le da un papel—, su dirección. Seguro que te ayudan a traer las baterías y lo que sea. ¡Y volveremos a tener paté!

A Max Josette le cae bien, pero aún mejor su amiga Suzanne: eficaz, alegre, siempre dispuesta a ayudar. Un encanto. Antigua crítica cinematográfica en Cinémonde, conoció a Josette Clotis en Marianne, la revista política y cultural surgida de Gallimard. Desde entonces son amigas íntimas. Ella le es de gran ayuda dado su conocimiento del mundo del cine. Finalmente, los suministros llegarán a Cerbère el 5 y, tras dificultades en el paso de frontera, a Barcelona el 8[lxii] de septiembre.

El lunes por la mañana, cuando André llega a Orphea, están ya en el plató Santpere y Mejuto, de pie, con un guion que les ha dado Elvira en la mano. Bisbisean el texto. Page y Thomas ajustando la cámara Debrie Super-Parvo. A su lado, un Manuel Berenguer[lxiii] expectante. Petit no ha venido, está terminando el medio avión de contrachapado en un taller de Sants. Al hilo, ha preguntado Malraux:

—¿Y las secuencias del interior del avión?

—Bueno, cuando tengan el decorado hablamos —intercala Paula. Habrá que ver con atrezo cuando puede ser eso. Menos mal que tenemos asesores que entienden y han podido inspeccionar un Potez en el aeropuerto. Hacer medio avión con contrachapado no es cosa fácil.

En el ambiente, las palabras de Indalecio Prieto en su discurso del teatro Poliorama del domingo 28: Todos los ultrajes los hemos sufrido, y no quiero hablar -¿para qué? – de ese gran escenario de todas las farsas, palacio inmenso donde el cinismo se viste de frac, que se llama la Sociedad de las Naciones[lxiv].

André Malraux, antes de dar la orden de “Acción”, en voz alta, recuerda a los presentes el objetivo de la secuencia:

—la República está ahogada por la No Intervención. No hay aparatos con los que acudir a la protección de Linás, impidiendo así que el ejército rebelde avance. Santpere, su comandante Peña, que acaba de llegar del frente, irá respondiendo a las preguntas de usted —dirigiéndose a Mejuto—. Hay un puente que es clave: pero no hay aviones para atacar con garantías, ellos tienen muchos más. Vamos a por la primera parte: Entra Muñoz, y se pone a mirar planos, lo que también está haciendo Peña. Ensayamos, rodaremos cuando estemos seguros del resultado.

Lo hacen. Entra Mejuto en su papel de capitán Muñoz y se pone a mirar los planos de la pared, cosa que también está haciendo su comandante con los de sobremesa.

—Recibieron sus nuevos aviones, ¿no?

—Éramos uno contra ocho. Peña enciende un cigarrillo mientras su capitán se le acerca.

Sigue la conversación hasta que este dice:

—Si al menos tuviéramos los nuevos visores.

—Alto, cambio de plano —indica el director.

Entre tres mueven el trípode hacia otro enfoque. Si al menos tuviéramos un trípode con ruedas, bromea Thomas en voz baja. Lepiani, dándose la gran vida en Madrid, sin tan siquiera la delicadeza de llamar diciendo que no encuentra el dichoso artilugio. Todos intuyen que no van a poder disponer de él en un largo tiempo.

Ahora la cámara enfoca un gran plano, con dos líneas que se unen en los extremos. Peña relata la revuelta de los republicanos en una serie de poblaciones hasta Linás.

—A esta hora sus refuerzos sólo pueden llegarles por la línea de Zaragoza —resume Muñoz.

Page ha accionado el zoom hasta un plano medio. Peña concluye:

—Por eso Jiménez atacará tan pronto como vuelen el puente…, pero volar el puente uno contra ocho…

Un plano más cercano es interrumpido por el timbre de un teléfono que ha accionado Berenguer a una señal de André.

—¿Diga?

El director corta bruscamente.

—¡No!, ¡no! El teléfono no ha de funcionar bien. ¡Ni teléfonos en condiciones tenemos! Lo ha de repetir mientras se enfada. Venga, con mala leche.

Lo repite hasta cuatro veces. Un primer plano de Peña hablando por teléfono y la cámara da un giro hacia la lateral donde Muñoz debe intentar aparejar uno.

—¡Corten! —Malraux aparece ante la cámara con los brazos en alto— ¿Y los paracaídas?

Nadie se había dado cuenta[lxv]. Bajan la cabeza. La escena debería consistir en Muñoz intentando preparar un paracaídas, acción que impide su comandante:

—Ni hablar de salir, Muñoz… No tenemos bastantes aviones como para darles el gustazo de que se los carguen porque sí.

Pasan unos momentos de agobio. André, andando a grandes zancadas por la estancia, todos los demás intentando pasar desapercibidos. Finalmente se para y con la cara crispada dicta:

—Sigamos con el plano final. Lo de los paracaídas lo haremos en un momento que podamos y luego lo montamos. Esos Miro… Venga.

Nuevo giro a la izquierda. Con el plano a la espalda, Peña introduce una parte importante de la película, la que introduce el grupo de secuencias rodadas en la calle Santa Ana y la que se ha de rodar en Tarragona, si todo va bien… Concluye la secuencia según el guion previsto.

PEÑA: No falta gente nuestra del otro lado.

MUÑOZ: ¿Aún en la ciudad?

PEÑA: Sobre todo en la ciudad.

—Y: corten. Ahora aparecerán los republicanos de la droguería de la secuencia IV. Gracias. Puede quedar bien. Repitamos.

Seguirán así hasta la hora de comer las habituales lentejas y un trozo de tocino. Por la tarde, rodarán lo ensayado. Los paracaídas tardarán días en llegar. Serán treinta segundos para los que Mejuto deberá recordar que llevaba la pipa en la boca. Lo harán una noche, con focos y de mala gana.

Ya de regreso al hotel, quedan para rodar la primera parte de lo que se filmará en Tarragona, en la calle Montcada, a penas un minuto pero de gran interés para el director. El coche ha de ser el mismo que luego siga allí. Tual le ha dicho a Malraux que el material llegará a Perpiñán a lo sumo el jueves o viernes. Así que en cuanto hayan rodado la salida del coche, Max saldrá pitando hacia la frontera.

 

4.1.12.- En la calle Montcada.

En el barrio antiguo de Barcelona hay gran expectación. En la calle Montcada, un camión ha ido descargando la cámara y los focos, que han introducido en el número 15, frente a la bocacalle de la calle de la Barra de Ferro. La entrada del que fuera palacio Aguilar tiene las dimensiones suficientes para rodar cómodamente. Josette está orgullosa de que hayan aceptado su propuesta, mérito sin duda de la sugerencia de Elvira Farreras.

La cámara al fondo del recinto, en cuyo centro aparece un lujosos coche descapotable. Salvo los dos cámaras, Page y Thomas, todos los demás se han ido colocando en la parte superior de la escalera lateral, fuera de las tomas. Josette, sujetando un perro con una correa, dice a Malraux:

Calle Montcada. El perro. (Marion)

—Sigo pensando que es una barbaridad que el perro aparezca decapitado al final de la secuencia. Aunque sea uno disecado, es horroroso.

—¿Y la guerra no lo es? Más allá del argumento, conviene ir trufando el relato con notas emotivas. Las mariposas, por ejemplo. Recordar al espectador que estamos vivos, sí, pero que en cualquier momento podemos dejar de estarlo, perdiendo esos pequeños detalles de vida.

—¡Silencio! —grita Page—. Están preparados Carral y Agustín?

Un “sí” se oye desde la calle Montcada.

—Pues: ¡Acción!

La cámara toma los dos hombres entrando y aproximándose al vehículo. Agustín se pone al volante y a su derecha Carral, con un fusil ametrallador en la mano.

—¡Perfecto! Ahora el diálogo.

AGUSTÍN: Aun a toda velocidad, si entras de costado contra cualquier cosa, no te matas siempre.

CARRAL: ¿Y marras el cañón? Tampoco de frente se mata uno siempre.

Malraux abraza a Josette. Aub lo mira. Recuerda como le relató el suceso, durante el primer día de guerra, en Barcelona, que le habían contado: el asalto al cuartel de Atarazanas, con una camioneta para reventar una barricada. Y también como, ya al final de su novela, André había introducido un perro, en este caso un gran perro lobo, adoptado por Manuel, uno de los principales personales, inspirado en un amigo común: el músico y militar Gustavo Durán.

Josette recuerda haber mecanografiado también un incidente similar, al pasar la novela a limpio. En ese caso, vivido Puig, personaje inspirado en el anarquista Francisco Ascaso[lxvi]: dos coches, dos Cadillac, hundiéndose contra dos cañones de 75 y uno del 35[lxvii]. Incluso el detalle final de la secuencia, el revuelo de palomas estaba en el relato.

El perro ha saltado del coche. La proximidad de la cámara le desazona.

Falta rodar la salida. Un asistente ha cogido el chucho cuando ya salía del recinto. Max, decidido, le dice a André: No te preocupes. Eso lo soluciono yo.

Max Aub sujetando al perro

El paso del coche por la puerta palaciega se ha previsto rodar desde la parte superior de la escalera. Ahora, todos los del equipo están donde antes la cámara, al fondo del patio, salvo Max que ha saltado dentro del coche y está agarrando al perro por sus patas traseras. A una indicación de Thomas, le cubrirán con una manta negra.

Y se rodará sin mayores problemas el vehículo saliendo y doblando a la derecha, en dirección a la calle Princesa. En racord encajará a la perfección con el primer plano de la calle Mayor de Tarragona.

Aplausos a la iniciativa de Max Aub, que sin tan siquiera almorzar con ellos, partirá a Francia para conseguir pasar por la frontera los envíos anunciados.

Según Denis Marion (MARION (1996):20), que lo vivió personalmente, se rodaron 106 planos en agosto, lo que coincide aproximadamente con lo narrado aquí. En septiembre fueron 67, disminuyendo el número con el aumento de las dificultades por la guerra. Este es un factor que se ha tenido en cuenta a la hora de deducir el mes en que se rodó cada escena. Algunas vienen determinadas por la bibliografía. Otras, son una hipótesis en función del vestuario u otros elementos circunstanciales

 

 NOTAS:

[i] Detalle de los impactos en: ARAÑÓ, Laia y CAPDEVILA, Mireia (2018): 176.

[ii] ALBERTÍ (2004): 284.

[iii] https://excursionsdeljoanramon.blogspot.com/2017/02/batalla-de-lebre-punta-targa-vertex.html

[iv] La Humanitat, 20.8.1938. Página 1.

[v] La Humanitat, 21.8.1938 Página 1.

[vi] La Vanguardia, 21.8.1938. Página 12.

[vii] MADARIAGA, Javier de, en la Introducción a: TARRADELLAS, Josep (2007), La industria de Guerra a Catalunya (1936-1939). Lleida, Pagès Ed. Página 12.

[viii] MIRAVITLLES, Jaume (2015). Veritats sobre la guerra civil española. Barcelona, Ed. Base. Página146.

[ix] A la sazón Francesc Elías era el director artístico del Sindicat d’Industries de l’Espectacle, controlado por la CNT, La película ¡No quiero, no quiero! Solo se pudo estrenar en España en 1940, ya finalizada la guerra. SANCHEZ OLIVEIRA, Enrique (2003). Aproximación histórica al cineasta Francisco Elías Riquelme (1890-1977). Sevilla, Universidad de Sevilla. Página 122.

[x] Archivos de la Filmoteca nº 3: 288

[xi] Su autobiografía se publicó en la editorial Astros (igual que la de Julio Peña) en 1943.

[xii] https://escritoras.com/escritoras/Maria-Luz-Morales

[xiii] Secuencia que no aparece en el guion original ni en el publicado por Aub en México. Pero la falta de algunes secuencias relevantes hacía necesario presentar al público una idea de los planes de ataque.

[xiv] https://catxipanda.tothistoria.cat/blog/2020/05/19/el-pueblo-espanol-de-montjuic-una-ciudad-evocada-sin-espacio-ni-tiempo-por-soledad-bengoechea/

[xv] BADIA, Francesc (2001) Els camps de treball a Catalunya durant la guerra civil (1936-1939). Publicacions de l’Abadia de Montserrat. Página 157.

[xvi] La Vanguardia, 21.8.1938 Página 4.

[xvii] En carta de 22.7.1938, aún antes de la primera vuelta de manivela, Malraux le relata a Sáncehz Arcas las dificultades existentes, con el dinero en primer lugar. (IVC, Fondo Max Aub.)

[xviii] BADIA (2001): 42.

[xix] La reina Cristina de Suecia (Roben Mamoulian. 1933) Con Greta Garbo y John Gilbert. En el cine Excelsior, Gran Vía 544, esquina Villarroel.

4.1.8.

[xx] Se nombrará como “Secuencia XXIVbis”, en el guión publicado por Gallimard (que sigue lo que se ve en pantalla). No aparece ni en el guion mecanografiado, ni en los publicados basados en ellos (Era, Filmoteca Valenciana, Cahiers du cinéma)..

[xxi] Andrés García Calle | Real Academia de la Historia (rah.es). O Lacalle según las fuentes (en SALAS, Ramon (1973). Historia del Ejército Popular de la República. II. Páginas1502-3.

[xxii] MALRAUX, André. (1968) Sierra de Teruel. México, Ed. Era. Página 97.

[xxiii] MARION (1970): 21.

[xxiv] La Vanguardia, 30.8.1938. Página 3.

[xxv] MARION (1996): 64.

[xxvi] Capítulo 4.1.6

[xxvii] MARION (1996): 64.

[xxviii] La Vanguardia. Martes 23.8.1939. Página 8. “Artículo 1º: Para poder adquirir carburantes y lubricantes auto serà preciso que se provean previamente de una libreta de autorización expedida por la Presidencia del Gobierno”

[xxix] “Testimonios” en Sierra de Teruel, 50 años de esperanza.  Archivos de la Filmoteca, Año I, nº 3. Valencia, Filmoteca de la Generalitat Valenciana. Página 290.

[xxx] La Vanguardia, 21.8.1938 Página 15.

[xxxi] En carta de 22.7.1938, lo indica Malraux a Sánchez Arcas: “Las sociedades americanas han aceptado substituir el film francés por el español, pero podemos ser llevados a aunar todos nuestros esfuerzos (por razón de oportunidad política) para ganar tiempo e intentar substituir en todas las sales americanes la película española con subtítulos en inglés, a la película americana no terminada todavía”. (Fondo Max Aub. Institut Valencià de Cultura).

4.1.9.

[xxxii] Que no aparecerá en el montaje final.

[xxxiii] https://www.lavanguardia.com/local/barcelona/20160203/301870995556/carta-inedita-origenes-bar-nuria-rambla-90-aniversario.html

[xxxiv] PI i SUNYER, Carles (1975). La República y la guerra. México, Ed. Gases. Página 517 y siguientes.

[xxxv] Paula Boutault era la esposa de André Thomas, el camarógrafo.

[xxxvi] Según el guion, al ser atacados por un franco tirador, Ramos y González se refugian en la entrada de la tienda “Au Grand Chic”. Allí, el primero es herido en el vientre y es sostenido por González. En el plano 10, cuando pasadas las tropas franquistas, los republicanos vuelven a ponerse en movimiento, Ramos dice: —No quiero morir hasta mañana.

[xxxvii] González no aparece en los primeros instantes de la secuencia. Sí posteriormente.

[xxxviii] Ver: https://www.visorhistoria.com/el-baile-de-los-creditos-actores-2/

[xxxix] La Vanguardia, 16.08.1938. Página 1.

[xl] En el guion original mecanografiado, se menciona como compañero de Salvador a Agustín, lo cual no puede ser, como se ha indicado. Se aprecia que quien sostiene al herido no es el “cojo” que interpreta a Agustín.

[xli] El guion original indica: Gutiérrez, tu te quedas on los heridos y, ahora, nosotros, ¡a la puerta!

[xlii] Información facilitada por el amigo tarraconense Joan Cavallé.

4.1.10.

[xliii] https://www.isabadell.cat/sabadell/historia-de-sabadell-les-col%C2%B7lectivitzacions-a-la-guerra-civil-1936-1939/

[xliv] Lo que sigue no está incluido en los guiones mecanografiados iniciales, ni tampoco en los editados posteriormente.

[xlv] RIBÉ, Genís (2009). “Cinema de guerra a Sabadell” en Sabadell, 1931-1945. Una esperança desfeta. Sabadell, Ajuntament de Sabadell. Página 130.

4.1.11.

[xlvi] ALBERTÍ (2004):  284.

[xlvii] Denis Marion indica: “En agosto se habían rodado 106 planos; en septiembre, solo 76. La cifra fue disminuyendo a continuación” (MARION (1996): 20). Se ha intentado mantener en lo posible esta proporción, basándonos en el atuendo, las fechas conocidas (Tarragona y Collbató) y algo de intuición.

[xlviii] Hora de España XIX, en: https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/results?parent=d451e0df-d24c-4879-a213-f59ef46b0e88&t=alt-asc&s=10 .

[xlix] Hora de España, nº XIX. Julio de 1938. Página 88.

[l] MORALES, María Luz (2019). Alguien a quién conocí. Sevilla, Ed. Renacimiento. Cuenta su colaboración en la página 247 y siguientes.

[li] PERALTA, Rosa (2007) Manuel Fontanals, escenógrafo: teatro, cine y exilio Madrid, Ed. Fundamentos. Página 82.

[lii] MORLA LYNCH, Carlos (2008). En España con Federico García Lorca. Páginas de un diario íntimo, 1928-1936. Sevilla, Ed. Renacimiento. Página 467.

[liii] Obra de  Vsevolod Vishnievski, estrenada el 16 de octubre de 1937.  Críticas en: El mono azul. 18.11.1937, pàgina 1.

[liv] https://www.visorhistoria.com/maria-luz-morales-en-sierra-de-teruel/

[lv] GONZÁLEZ-TABLAS SASTRE, F.J. (2016) Dos sombras y una guerra. PDF en: https://www.mcu.es/ccbae//es/catalogo_imagenes/grupo.cmd?path=11564

4.1.12.

[lvi] Andrés Severiano Mejuto era capitán de Estado Mayor, de la 3ª sección de la Agrupación Autónoma del Ebro. GONZÁLEZ-TABLAS SASTRE (2016): 115. Su hermano Enrique era teniente en la 4ª sección.

[lvii] MARION (1970): 21.

[lviii] Hotel París, hoy desaparecido, sito en la plaza Verdaguer, 3

[lix] La Publicitat, 28.8.1938. Página 1. Narra la visita de las autoridades para ver los efectos de los bombardeos. Durante agosto, Tarragona fue bombardeada los días 14, 15, 16, 21 y 24, más otras incursiones cercanas para atacar vías férreas (GONZÁLEZ HUIX, Francisco J. (1990). El asedio aéreo de Tarragona 1937-1939. Tarragona, Diputación. Página 101.

[lx] MARION (1970): 72

[lxi] CHANTAL (1976): 115

[lxii] MARION (1970): 21.

[lxiii] Sierra de Teruel, 50 años de esperanza. Archivos de la Filmoteca, Año I, nº 3. Valencia, Filmoteca de la Generalitat valenciana. Página 282.

[lxiv] El Noticiero Universal. 29.8.1938. Página 1.

[lxv] La secuencia III se rodó, como mínimo, en dos ámbitos o momentos distintos, como se puede apreciar en la sombra proyectada cuando Muñoz intenta ponerse un paracaídas: no corresponde a una ventana de las que se ven en la primera parte.

[lxvi] BOCHET, Marc 1996). L’espoir de Malraux. Paris. Hahette Repères. Página 51

[lxvii] MALRAUX (1995) : 106 Y 115.

4.2.

4.2.1.

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