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NOVIEMBRE 1938 (4.4.1- 4.4.4.)

ÍNDICE:

4.4.    NOVIEMBRE. 1

4.4.1.- Sabadell. Adiós a Denis Marion. 1

4.4.2.- Un medio avión de contrachapado. 6

4.4.3.- Visita a Azaña. Serafín. 10

4.4.4.- Gracias por haber venido. 14

4.4.    NOVIEMBRE.

4.4.1.- Sabadell. Adiós a Denis Marion.

Noviembre se inicia con negros nubarrones de desánimo. A pesar de la parafernalia que ha rodeado la despedida de las Brigadas Internacionales, a la que algunos del equipo de rodaje han asistido, el hecho imprime una sensación de final de etapa, de concesión de Negrín a las presiones de Moscú frente a la arrogante permanencia de las fuerzas alemanas y a la simple y poco efectiva retirada de algunas tropas italianas. Para Malraux ha sido un golpe duro, muchos de los mandos presentes habían ya estado en contacto con él durante la estancia de su escuadrilla en Albacete.

Desfile de despedida de las B.I.

Al día siguiente del desfile de las Brigadas Internacionales en Barcelona, el 29 de octubre, se ha celebrado en el castillo de Vic una comida de despedida, con asistencia de altos mandatarios militares y políticos. El escritor francés no ha sido invitado pero, como veremos, habrá aprovechado la ocasión.

Por su parte, ya de noche, Negrín ha pronunciado un discurso por la radio, intentando reflejar la conveniencia de la decisión tomada ya meses antes. Ha dicho[i]: “Yo no engaño a nadie y digo que si el enemigo no se aviene a reconocer y suscribir nuestros principios de tolerancia recíproca, de reconciliación y de convivencia sobre la base de una entrega completa al servicio de España, la guerra será muy dura y larga”. Algunos lo han escuchado en la sede de Laya Films. Un jovencito que actúa de chico de los recados, López Marín[ii], que está comiendo un bocadillo con los cámaras auxiliares Ramírez y Piquer[iii], ha exclamado:

—Pues ya me dirá cómo va a ser larga, si los soldados se marchan.

También se marchan algunos extranjeros del equipo de rodaje. El miércoles día 2, Miravitlles ha invitado a todos a una

La Puñalada en aquella época

comida en el restaurante La Puñalada, cercano a la sede del Comissariat[iv]. Son una veintena de comensales, distribuidos en dos mesas. En una de ellas, el anfitrión, Jaume Miravitlles con Malraux, a su derecha, y Josette, Max Aub, Fernando Gómez Mantilla, Denis Marion, Louis Page y André Thomas con su esposa Paula Boutault, Manuel Berenguer, y también el actor Andrés Mejuto, de uniforme. En la otra, otros cámaras, Federico Ramírez y Jaime Piquer, Mari Luz Morales con las secretarias Elvira Farreras y Marta Santaolalla, uno de los hermanos Miró a cargo del atrezo, Reiguera, Vicente Petit, eufórico tras finalizar su medio Potez de contrachapado y el chaval López-Marín. Han excusado su presencia José Santpere, Julio Peña, Pedro Codina y José Lado, así como la tercera secretaria Zoé Ramírez.

El día anterior ha habido un fuerte bombardeo, pero el miércoles 2 de noviembre se anuncia tranquilo debido al tiempo de perros que hace. Han dejado los paraguas en la entrada y se sientan todos con un sentimiento a la vez de camaradería y de preocupación. ¿Se podrá terminar la película?

Como casi siempre, tras algunas palabras de rigor de Malraux y la aparición de unos entrantes más generosos que lo habitual, Aub abre la conversación:

—A Sánchez Arcas[v] tendríamos que darle las gracias —mira a Malraux que asiente—. Os voy a contar lo que consiguió el sábado, en la comida de Vic con los internacionales.

Miravitlles interrumpe:

— No había nadie de la Generalitat, solo militares y gobierno español. ¡Ni Companys!

—Tampoco Azaña —corta Max, que no quiere una deriva independentista. Y sigue: —Se conversaba, claro, de los internacionales. Pero le dije a Arcas que sacara a relucir la película. Había hablado con él largo y tendido los días anteriores, primordialmente de los fondos que nos llegan con retraso y recortados, pero también de lo que necesitamos. No hemos conseguido casi nada de Aviación, y yo saqué el tema del Potez para el despegue. Ya sabéis que es imprescindible rodar un Potez despegando en la secuencia XXXIII. ¡Estaría bueno que ahora que tenemos la maqueta del interior —y levanta su copa de vino hacia la otra mesa, donde Petit y un Miró le corresponden el saludo— no tuviéramos ni tan siquiera unos segundos de despegue!

Malraux escucha con atención. Josette, a su lado, cuchichea con Paule: lo podríamos rodar en Francia, así iríamos allí unos días también nosotros. Aub continúa:

—En la comida de Vic, como dice Met, no estaban ni Companys ni Azaña —dice mirando a Miravitlles— pero sí Hidalgo de Cisneros, Méndez Aspe y Hernández Sarabia[vi]. Y Sánchez Arcas se movió entre ellos, en especial este último, para conseguir material.

—Sí, leí lo de Vic en el periódico —apunta Mantilla por no quedarse atrás—, junto con el incendio de Marsella[vii]. Terrible.

—Bueno, al grano —Max, saboreando un trozo de salchichón—, el caso es que habló con Hernández Sarabia, mucho mejor que si lo hubiera hecho con el siempre escéptico Hidalgo de Cisneros, y después de mucho lloriquear, según me dijo él, consiguió que nos cedieran el único, ¡el único!, Potez que les queda para rodar algún exterior del aparato y un breve despegue. Está en Sabadell[viii] —concluye a la vez que toma la copa de vino.

—¡Bravo! —dicen al unísono Malraux y Thomas.

Todos aplauden.

Han retirado el plato de los entrantes, y antes de que asome la inevitable paella, Miravitlles a lo suyo:

—Pasan muchas cosas, muchas, demasiadas. Por ejemplo, la sentencia a los del POUM que se dictó la semana pasada.

El tema levanta ampollas entre los presentes de ascendencia comunista como Mantilla. Miravitlles acaba de firmar una carta de petición de amnistía[ix] por parte de varios políticos, esencialmente de Esquerra, como el propio Companys o Tarradellas, o de la CNT como Federica Montseny o Juan Peiró. Aparecerá en la prensa el día 6, así que de momento se lo calla, pero insiste para sondear el posicionamiento de los presentes, con palabras cogidas de la misiva.

—No sé si habéis seguido el tema, pero se dictaron unas sentencias a mi entender desproporcionadas contra Gorkin y otros cuatro miembros del POUM[x], injustas en especial teniendo en cuenta que el propio acto reconoce la calidad de antifascistas de los condenados, su constante participación en la batalla y que, recalco, no organizaron ni provocaron los acontecimientos de mayo del año pasado. Como catalanista, en absoluto trotskista, creo que se han de respetar las opciones de cada cual, siempre que no caigan en delito tipificado. Y mucho menos que ello se deba a presiones de enemigos políticos.

Malraux se remueve incómodo en su silla. Se le acentúa el tic de la crencha. Josette, que sabe de su evolución respecto a la figura de Trotsky, en especial desde su diatriba durante su viaje a Estados Unidos[xi], le coge firme y cariñosamente del brazo. Le frena. Conoce la crítica de Malraux al exiliado ruso aparecida en la prensa local[xii].

Aub, prudente con quien les acoge en sus locales y aún puede suministrarles película virgen, intenta contemporizar:

—La persecución con saña no debería tener lugar, y llevan más de un año encarcelados. Bastante han tenido con la desaparición misteriosa de su líder, Nin. No entremos en política localista. Bastante tenemos con Franco[xiii].

No simpatiza con los miembros ni los planteamientos del POUM, y menos con la efervescencia independentista de Miravitlles, pero no quiere que la charla derive hacia temas espinosos y que no están a su alcance solucionar. Solo dispondrán del Potez durante unos pocos días, según le ha dicho Sánchez Arcas. Met vuelve a lo suyo:

—En Valencia, hace un tiempo, un oficial me dijo que tenía documentos reveladores de que Nin era un espía[xiv], incluso que estaban firmados por él y que se los daría a Companys. Por descontado, nunca han venido aquí, además: ¡qué espía firma sus documentos con sus iniciales! ¡Ridículo!

Con gran disgusto de Miravitlles, Aub corta:

—¿Quién viene conmigo a Sabadell a ver el Potez?, el único que queda. Según dijo Hernández Sarabia, es muy posible que lo trasladen a algún aeropuerto más cercano al Ebro, y entonces habremos perdido la oportunidad de filmarlo.

Malraux, como jefe, prescindiendo ya de los franceses:

—Mañana mismo. Usted Berenguer, y también Ramírez y Piquer que a partir de ahora le ayudarán en todo.

—De acuerdo. Luego llamo a García Larrea[xv]. No creo que tenga inconveniente.

No, no lo tuvo. Salvo que la operación debía hacerse de noche por seguridad. Berenguer recordó que tenían algunos rollos de película ultrarrápida Agfa[xvi] que servirían. Pero insistió que debían comprar más, no por defecto sino porque era de prever que cada vez deberían rodar más de noche. El estudio se hará imprescindible, y en especial cuando cada vez se aleja más la posibilidad de rodar los exteriores de Cervera dados los constantes ataques a la zona[xvii].

Quedaron para el martes 8. Desde el mediodía, el equipo de rodaje, con dos cámaras Debrie Super-Parvo, los focos y demás enseres, habían ido preparando la filmación. Pero surge un inconveniente: José Lado no podrá asistir, ha alegado un fuerte resfriado.

Secuencia XXXIII

No pueden posponerlo; irán de todas formas. Las tropas rebeldes han iniciado una fuerte ofensiva en el Ebro, y corren rumores de que algunas tropas, además de los internacionales, se han retirado a la orilla norte. Ya han rodado, de noche, a los aviadores en el momento de subir al aparato, cuidando de que quien toma el papel de José, el campesino, de altura similar y vestido con la chaqueta y la boina que guardaba atrezo, no ofrezca su cara a la cámara. Incluso en un momento determinado, hace el gesto de aguantarse la boina, tapando así su rostro.

Tienen la oportunidad de rodar también una carga de espoleta de una bomba y otros detalles del aeródromo. Como colofón, filman el avión saliendo del hangar empujado por soldados, con sus bombas cargadas y finalmente, su despegue.

Después de levantarse unos doscientos metros del suelo, dará media vuelta y aterrizará.

—Pero faltarán los faros. Aún no las hemos rodado —explica Aub a García Larrea— pero hay una serie de secuencias muy significativas, en las que el comandante recorre diversos pueblos de la zona pidiendo colaboración para iluminar los límites del campo en el despegue. Es relevante porque demuestra la solidaridad: necesitan los coches para otros menesteres, pero al final se reúne una docena en el campo de aviación.

De momento no se puede rodar. No se pueden improvisar los coches. Después de mucho pensar, deciden dejarlo para el jueves, en el que, con algunos coches oficiales y otros que puedan dejarles los sindicatos, se apañarán. Larrea indica:

—Volver a despegar con el Potez ni pensarlo. Pero… recordáis el Latécoère que utilizasteis para filmar nubes —dice con un tono ligeramente sarcástico—, pues ese sí. Y además ya sabéis donde colocar la cámara.

Se emplazan pues para al cabo de dos días, con los principales actores, para terminar el rodaje y también rodar el despegue desde un avión en el aire. Son ya las doce de la noche cuando, satisfechos, llegan a su hotel.

Jueves, día 10. A media tarde, en la furgoneta de Producciones Malraux, llegan a Sabadell todos los del equipo de rodaje. Lado sigue indispuesto y Peña hace días que no aparece por el plató. Así que deciden dar por bueno lo rodado el martes, y se disponen a rodar el despegue con el Latécoère que indicó Larrea. El disponer ya de la maqueta del medio avión les da cierta tranquilidad.

Secuencia XXXIII, los faros

Doce coches alineados en el borde de la pista. A una señal, encienden progresivamente sus faros. El avión despega con Berenguer al mando de la cámara. Lo repiten dos veces, todo un lujo dada la precariedad de cinta. Pero aunque sea solo un detalle, para Malraux es una toma imprescindible y no puede fallar luego en el revelado o el montaje. Ruedan la frontal de los coches, luego, ya en tierra, la cara asustada de los chóferes.

El sábado 12 de noviembre, Malraux, Josette, Gómez Mantilla y Aub acompañan a Denis Marion al aeropuerto. Regresa a Bruselas, aunque seguirá de cerca la evolución del rodaje y ayudará en lo posible en la consecución de película virgen. Entran en el somero edificio de terminal de la línea de Air France que cubre la ruta Dakar-Toulouse. En una mesilla, ejemplares atrasados de la prensa francesa. En una portada: “Lerida menacée”[xviii]. Malraux comenta amargamente a Aub: —Olvidémonos de Cervera. Desde abril que la ciudad está en manos rebeldes, pero Cervera estaba relativamente tranquila. Ahora no. Esto se acaba.

Denis entrega su documentación a un funcionario de fronteras, cuando este le devuelve el papel y echa a correr. Al cabo de un instante, se halla acurrucado en el refugio antiaéreo de la base[xix].  Malraux, que se ha quedado fuera, impertérrito, indica:
—Savoia-Marchetti —él entiende de aviación.

Las bombas caen a menos de un kilómetro. Poco después un único chato despega de la cercana Volatería. Los que van saliendo del refugio aplauden su vano intento.

Marion, acompañado de Malraux, se dirige a la aduana. El día antes, a raíz de lo filmado en Sabadell, han planeado ya el rodaje en el interior del medio Potez en contrachapado que les aguarda en Orphea. Ahora, temen que los esquemas trazados en un papel puedan despertar las sospechas de algún policía tarugo[xx].

Entre los papeles examinados, un dibujo de un Potez y un visor de ametralladora (que servirá para filmar una hormiga que lo rodea). Para entonces, Malraux ya se ha marchado. Marion, atemorizado, que no habla español, se esfuerza para explicar:

—Película; gran película con aviones…

Al final, el policía le señala con un dedo mientras masculla sonriendo:

—¡Ah! ¡Usted es ametrallador en el avión!

Y le deja pasar. El avión aún tardará más de una hora en despegar. Los pasajeros y quienes les han venido a despedir pasean tranquilamente por la pista, pudiendo entonces hacer todos los intercambios de divisas y documentos que el control previo no hubiera dejado pasar.

SABER +:

Una perla de papel; Denis Marion.

Los brigadistas y el cine. (Pepe Gutiérrez)

 

4.4.2.- Un medio avión de contrachapado.

La despedida de Marion ha sacudido a Malraux y su optimismo habitual. Los preparativos, el traspaso de ideas y métodos, los ha llevado algunos días que difícilmente recuperarán. Josette, viéndolo abatido, le ha sugerido ir a pasar un día o dos a Perpiñán, a pasear por Colliure, a comer decentemente. Él ha aceptado de inmediato. Los acompañará Max Aub, que no puede dejar pasar la ocasión de evitar las eternas lentejas, aunque los dejará a su aire. Se irá a pasear y a escribir cartas a sus amigos de Francia, sin los impedimentos y retrasos que impone la guerra en Barcelona.

El día 15,[xxi] ante un humeante plato de pequeñas perdices a la catalana, con su salsa de ajo y coñac, ella le coge la mano con la intención de abrir la compuerta a sus inquietudes. Malraux se adelanta:

—Esto se acaba, ma cherie, esto se acaba. No vamos a poder terminar la película. ¿Para eso tanto esfuerzo? ¿Y qué hace usted en Barcelona, encerrada en el Ritz, con riesgo de su vida?

—Estoy con usted. Estamos juntos, es lo que importa.

Hace ya cinco años que están juntos, y tres, desde antes del inicio de la guerra, que él no convive ya con Clara. Pero la presencia de ésta siempre planea sobre su relación. Él se ha negado siempre en redondo al divorcio, aunque de hecho lo practica. Pero Josette intenta mantenerse airosa, animada, es lo que él necesita y espera de ella. Mirando fijamente su copa de vino de Banyuls, él sigue:

—No vamos a poder rodar en Cervera, habrá que apañarnos en el Pueblo Español si nos dejan, o si no en Orphea. En cuanto regresemos empezaremos con la maqueta del Potez en el estudio, pero quedarán pendientes tomas imprescindibles de los consejos de los pueblos: Linás, los de petición de coches para iluminar el despegue…, tantas cosas aún, mientras el Ebro ya no aguanta[xxii].

—Podremos terminarla en París. Ya sabe que Tual nos ayudará en todo.

—Pero están los actores. A Peña no le vemos desde hace días y es preciso para los comités, acompañando a Santpere. Y ya veremos si Lado cumple con su palabra, aún no hemos rodado su encuentro con el comandante al llegar de pasar las líneas enemigas. Tantas, tantas cosas… Debería regresar a París.

Besa a su compañera. Huele bien, se ha puesto el perfume que él le regaló en los duros días de la herida en el pie. La ama.

—Amor mío, en Barcelona, o donde fuera, a su lado es donde estoy tranquila, donde soy feliz. Ahora que el pie va mejor, procuraré ir más a menudo al estudio. Me gustará ver cómo se las apañan con el medio avión.

Pasearán luego por la orilla del río que baja caudaloso. La calle se llama Barcelona ¡qué ironía!

Secuencia XXXIV interior del Potez

A su regreso, Aub, con la inestimable ayuda de los Miró y Vicente Petit, tiene ya todo a punto para rodar fragmentos del interior del medio Potez. Ahora es él quien debe pensar en cada toma, en cada plano de los indicados en el guion o surgidos al albur de una conversación. Estamos ya a 17 de noviembre.

—Sugiero que rodemos primero los fragmentos que encajan con lo rodado la semana pasada en Sabadell, con el Potez de verdad.

Aub asiente. La ausencia de Marion aún planea sobre su ánimo. Es consciente de que su contribución es aún más decisiva si cabe. Por eso sugiere:

—He pensado un breve inciso inicial en la secuencia en la que suben al avión. Parece lógico oír las dudas de los responsables, Peña y Muñoz, respecto a la verosimilitud de la información dada por el campesino[xxiii]. Así que pergeñé unas líneas —dice tendiéndole un par de folios—. Ya hablé con Berenguer para los planos.

—¡Cómo no!

Malraux aceptaría lo que fuera con tal de avanzar en la película.

Previendo su beneplácito, el valenciano ha convocado ya a Santpere, Mejuto (que deberá regresar por la noche al cuartel) y a José María Lado, que están charlando en un plató contiguo a la gran sala donde se erige el avión de contrachapado, rodeado de dos plataformas donde se han colocado las dos Debrie Super-Parvo. Berenguer tiene a mano también una pequeña Eyemo. Max les llama.

—A la puerta.

Van entrando la tripulación, algunos extras vestidos de aviadores. El recinto, un espacio interior sin ventanas, está totalmente oscuro. Un foco lateral ilumina la escena. Detrás de ellos, Lado entra a continuación, con cara de asustado, mirando a ambos lados.

Después sube Santpere, situándose de forma que permite la visión de la puerta. Mejuto se queda en la puerta (él pilotará el teórico segundo avión) para concretar los detalles con su comandante.

—Entonces, comandante, ¡para la orientación no habrá control hasta Teruel?

—Luego la dirección será la carretera de Zaragoza hasta su pueblo.

Sex. XXXIIIbis Mejuto y Santpere

Muñoz asiente. Luego, mirando a su derecha, ve a José.

—Esperemos que reconocerá el terreno… En seguida, el puente. Ya será de día.

—Demasiado tarde para ellos.

Muñoz se retira y el comandante coge el mando de la puerta.

—¡Corten! ¡Perfecto! Muchas gracias a los dos. Ello empalmará perfectamente con el cierre de puerta que rodamos en Sabadell el otro día desde el exterior. Vamos a comer algo.

A pesar de las malas noticias del frente, a pesar de los bombardeos casi diarios, el haber arrancado con el medio avión ha sido una inyección de ánimo, que buena falta hacía. Los periódicos realzan el heroísmo de las tropas republicanas “en las zonas del Ebro y el Segre”[xxiv], presagio de un ataque fascista en toda regla para conquistar Cataluña. Las Cortes se resisten a declarar el estado de guerra, lo que afectaría al posicionamiento internacional, pero mantienen, lógicamente, el de alarma.

Al día siguiente, con los mismos actores más el que interpreta al piloto Pujol, siguen con algunos planos del vuelo del Potez. Les ha fallado, como tantas veces, Julio Peña, imprescindible en algunos planos que se dejan para más adelante. Aub, indignado, ha sugerido que quizá tenga que ir a buscarlo el SIM. Ha mascullado lo suficientemente alto como para que el cámara le oiga:

—Es a éste y no a Manuel a quién debieran controlar, ¡joder!

Con Pujol pilotando, los rostros de Lado y Santpere, en un plano medio. Malraux ve con satisfacción el buen hacer de quien hace de campesino. Lo indica con una mueca hacia Josette, que hoy sí ha venido. Hoy no necesitarán aún el retroproyector[xxv] para incorporar el fondo de nubes que rodaron días atrás, con riesgo de su vida. Se había intentado con un espejo, pero la prueba no funcionó[xxvi]. La cosa puede ir razonablemente rápida.

Para darle confianza, Peña coge por el hombro a José:

Secuencia XXXIV

—Dentro de un momento atravesaremos las nubes.

Ojos atónitos de José. Nunca había imaginado las nubes desde arriba.

—Aquí intercalaremos un plano de nubes —susurra André al oído de Josette.

—La tierra —señala Peña. José se vuelve hacia él.

—¿La nuestra?

—No. La de ellos.

Malraux mira a Aub que sonríe. Estas frases no estaban previstas y el francés lo ha detectado. No sabe si le gusta, podría dar indicios de pesimismo, pero por otra parte realza el factor riesgo de la expedición. Mira a su amigo y asiente. Siguen:

—¿Ahí está Teruel? —pregunta el campesino.

Los aviadores se miran. Inquietud ante el pasmo de José. Pujol, a los mandos, pregunta[xxvii]:

—¿Reconoce el sitio?

No hay respuesta. Terminan con el plano medio:

—Ahí tienes la carretera de Zaragoza.

Ante la mirada perpleja, aturdida, atemorizada de José, que se agacha desapareciendo de foco, Peña indica a Pujol:

—Vuelve a subir… Compás 274. Ese campo debe estar poco más o menos a veinte kilómetros: cinco minutos justos.

Pujol, inquieto: Si no damos con el campo enseguida, dentro de unos momentos tendremos sus cazas en las mismas narices.

—Nos tapan las nubes.

—Sí, en Teruel no nos han visto. No nos han disparado.

Pero sigue la inquietud. El actor que encarna a Pujol tiene su momento de gloria.

—Pero el tío ese qué: ¿todavía no sabe dónde es? Si no se ve, ¿qué hará?

Esta última pregunta ha sido introducida también por Max Aub, que se esfuerza en hacer inteligible el conjunto de la narración.

Aunque se ha trabajado con ahínco, el rodaje ha llevado todo el día. El hecho de que la imagen dependa de un foco, que los actores, provenientes del teatro, no tengan presente su posición frente a la cámara, y algunas dudas en el texto retocado, han requerido más esfuerzo del que hubiera sido deseable. Aun así, Malraux está contento.

Queda mucho por rodar. Pero se suspende el rodaje con actores hasta la semana siguiente. Berenguer, con sus ayudantes Ramírez y Piquer, sí seguirán rodando brevísimos fragmentos de continuidad: una brújula, un altímetro, un reloj de pulsera marcando una hora temprana…

Algunos del equipo de rodaje, los afiliados al sindicato anarquista asistirán durante el fin de semana a las conmemoraciones de la muerte de Durruti que se harán en diversos puntos de la ciudad[xxviii].

Durante el fin de semana Max Aub aprovechará un momento de asueto en el Majestic donde han acudido Malraux y Josette para almorzar juntos, para sugerir:

—Josette, te veo alicaída. ¿Te sientes sola?

Un mohín de asentimiento es su respuesta. No quiere preocupar a André.

—¿Me permites una sugerencia? Quizá podrías invitar de nuevo a Suzanne a que viniera a Barcelona. Ya sé que Elvira y las demás secretarias se preocupan por ti, pero no es lo mismo. Sin Paule… seguro que la hechas a faltar.

Josette sabe del interés de Max por su amiga Suzanne Chantal. Sabe incluso que le ha escrito alguna carta con un tono más allá del simple saludo[xxix]. Sonríe para sus adentros. Quizá sí, quizá se lo pida a su amiga, aunque con tanto bombardeo…

 

4.4.3.- Visita a Azaña. Serafín.

El día 21[xxx],  Aub ha ido a La Barata, donde reside el presidente de la República, Manuel Azaña, para visitar a su asistente, el recientemente nombrado coronel Ángel Riaño Herrero[xxxi]. Le conoce de algún encuentro en París. Se cayeron bien. Además, durante un tiempo ha ostentado un alto cargo en aviación, por lo que está seguro de que entenderá las necesidades del rodaje.

El día es soleado. Se sientan en un banco, el bosque les rodea protector.

—¿Qué tal Max? He oído que estás metido en el cine —inicia con cierta sorna.

—¿Te das cuenta? ¡Yo haciendo películas! Vivir para ver. ¿Y vosotros?, ¿Qué tal el presidente? Por cierto, enhorabuena por tu ascenso. Merecido sin duda.

—Bueno, siempre es una satisfacción. Pero me temo que no es debido a mis méritos —Aub sonríe condescendiente—. Fíjate que me atribuyen haber contribuido a sofocar la rebelión de Cuatro Vientos. Les he escrito agradeciendo el gesto pero puntualizando méritos. Me temo que ha sido una argucia para enmascarar el ascenso de un montón de militares comunistas. Así se lo he dicho al Presidente[xxxii].

—No seas modesto. Has hecho mucho en pro de la República.

—No te digo que no. Pero fíjate, entre los ascensos figura Carlos Núñez Maza, de Aviación. Aviación: ¡un verdadero caos! ¿No me pide Núñez que haga los reglamentos de servicio que ¡aún no existen!? E Hidalgo de Cisneros fuera, ¡en Moscú implorando más material![xxxiii]

—¿Dónde si no?

—Pero fíjate que han dejado al mando de Aviación a un subsecretario. ¡Y los reglamentos por hacer! ¿Alguien piensa que así podemos ganar una guerra? Pero no hablemos de mí. ¿A qué debo tu visita?

—Acudo a ti precisamente a causa de la película. De la Generalitat no puedo fiarme, y si corro la voz por la policía, el remedio puede ser peor que la enfermedad.

—Dime, dime. Pero ya sabes que la influencia del Presidente, ¡y no digamos la mía!, es muy limitada.

—Se trata de un actor.

El rostro de Riaño muestra a la vez prevención y asombro.

—La película va avanzando a trancas y barrancas. Muchas secuencias aún no se han podido rodar, especialmente las que requieren material militar. ¡Imagina que hemos tenido que construir un medio avión de contrachapado para rodar como si fuera el interior de un Potez! Pero, al menos, fragmentos muy importantes han podido ya ser filmados, como por ejemplo el final de la película, que rodamos en Montserrat.

—¡Ah! Vaya, Montserrat.

—Bueno, en Collbató. Pero el caso es que nos ha desaparecido uno de los actores principales: Julio Peña[xxxiv].

—El nombre me suena. Pero poco tiempo tengo para ir al cine.

Julio Peña en la secuencia I de Sierra de Teruel

—Quizá te suene de Las cinco advertencias de Satanás[xxxv], que se rodó el año pasado. También intervenía otro que tenemos en el equipo, José María Lado[xxxvi]. Pero este cumple. No, el que nos preocupa es el tal Julio, un guaperas pero muy de derechas. Seguro que está escondido en alguna parte. Y es ahí donde te pido tu ayuda.

—Max, lo siento. Si no quieres dirigirte al SIM, no veo como pueda ayudarte yo.

—Pero si lo coge el SIM, si lo agarra escondido, lo encerrarán… o algo peor.

—Veré lo que pueda hacer, pero no te prometo nada. Ya pensaré.

De repente se levanta.

—Mira, ahí va el presidente. Tiene tantas visitas, cada una con sus problemas, que entremedias siempre da unos pasos por el jardín. ¿Le quieres saludar?

—¡Como no! Lo admiro y siento el menosprecio que intuyo recibe por parte de las autoridades, tanto republicanas como las de Cataluña.

Los dos se dirigen hasta el qué, cargado de hombros, con un pesado abrigo, anda despacio mirando al suelo.

—Presidente: estaba charlando con un amigo: Max Aub. Le encantaría saludarle.

Aub tiene una opinión dividida de don Manuel. Por un lado le admira como escritor, por sus discursos. Pero la distancia que toma, o que le empujan a tomar, respecto a la guerra, sus desastres y su crudeza, le desazonan[xxxvii].

Azaña paseando (historia16)

—¡Ah! Aub, he leído cosas suyas en La Vanguardia. ¿Dónde anda ahora, sigue con lo del teatro?

—Salud, Presidente. Bueno, lo tengo algo dejado. Ahora estoy con André Malraux rodando una película de apoyo a la República. Está basada en fragmentos de su novela L’espoir.

Azaña ríe, con gran satisfacción de Riaño. El presidente ha leído la novela de Malraux.

—¡Ah, Esos franceses! ¡Mira que hacer que un comandante de la Guardia Civil hable de filosofía…![xxxviii] No creo que muchos escritores, novelistas o pintores, sean tan inteligentes como Malraux. No siempre es fácil seguir sus razonamientos.

—Malraux le admira mucho, Presidente.

—Bueno, sí, le conocí en el 36, cuando vino a Madrid comisionado por el gobierno francés. Qué torbellino de hombre. Pero brillante, eso sí.

—No sabe don Manuel como lamento lo que debe estar pasando. Una guerra como ésta. ¿Cree usted que hay alguna vía hacia la paz?

Aub sabe el posicionamiento de Azaña respecto a una posible paz, también que ello es causa de un enfrentamiento constante con Negrín, partidario de continuar la lucha para implicarla en la guerra mundial que se presiente. El presidente se abrocha el abrigo; está incómodo.

—Que lejos queda su deseo que es el mío, querido Aub. Pero no crea que estoy a favor de una paz a cualquier precio. A estas alturas, la única probabilidad de obtener una solución medianamente aceptable consiste en que la capacidad de resistencia sea tan poderosa y duradera, que los enemigos y sus protectores hallen también ventajoso poner término al conflicto por una negociación[xxxix].  Y ahora, si me permite…

Tras los saludos protocolarios, Riaño y Aub toman un café y el segundo se despide. No ha conseguido nada, lo sabe. Pero sí, ha visto a don Manuel Azaña y ha percibido su pesimismo, su desaliento. Max sabe que la guerra no puede durar después de haber caído el frente del Ebro. Por eso, se propone incrementar aún más, si cabe, sus esfuerzos para que la película llegue a buen fin, aunque sin Peña…

Seguirán toda la semana con cortos planos en el interior del avión. Algunos repetidos, otros no incluidos en el guion, pero que quizá puedan aprovechar durante el montaje, que no cabe duda de que deberá hacerse en París.

Aub lo ha hablado con Malraux en privado, en una noche de Pernod y Calvados. Ha querido evitar la presencia de Mantilla o cualquiera que pudiera luego informar al SIM. Si Peña fuera detenido y encarcelado, quedarían sin utilidad todas las secuencias ya rodadas, como las de Sabadell, El Prat de Llobregat o las iniciales en estudio. Sería el fin del proyecto. Quizá por la vía del ejército, o mejor aún, ha sugerido Aub, veamos que nos dice Mejuto.

Andrés Mejuto, ya con el grado de capitán y ferviente republicano, es un buen amigo de Julio Peña[xl]. El podrá averiguar en qué estado están los llamamientos a filas del actor, sin tener que recurrir a la policía. Acuerdan que Max hablará con él durante el fin de semana.

Pero el tiempo corre y las noticias que se reciben desde el Ebro cada vez son más preocupantes. Si por un lado, retirado el ejército republicano de la margen derecha del río, se ha producido una cierta calma en el frente, por el otro cada vez se ven más soldados en Barcelona, y se han incrementado los controles ante la avalancha de deserciones, que ningún medio reconoce. Además, cada vez es más remota una posible acción pacificadora de parte de las naciones que aplican injusta y de forma desequilibrada la No Intervención. Hasta Chamberlain, después de la vergüenza de Múnich, va a entrevistarse con Mussolini en Roma[xli].

Así que Aub le ha dicho a Severiano Andrés Mejuto:

—Hazlo como quieras y con quien quieras, pero tráeme a Peña. La película se irá al traste sin él, hemos rodado demasiado confiando en tu amigo, que a mi me resulta cada vez más sospechoso. Tráelo, por favor. Indaga en el ejército. Yo no puedo ir a la policía; sería demasiado arriesgado para el proyecto. Esta semana habéis rodado casi todo lo necesario en el interior del avión. No hay nada más imprescindible que esto. Por favor, haz lo que sea… y no lo cuentes a nadie. El ambiente está muy tenso. ¡Ah!, y ya puestos, recuerdo que me dijiste que también habías conocido a aquel Serafín que escribía en Hora de España y del que nos habló Altolaguirre en Montserrat.

—Sí, de la época del grupo Anfistora[xlii]. Es un amante del teatro. Estaba en el frente. Lo último que supe es que le habían herido. Lo buscaré, no será difícil.

Con los técnicos franceses idos, los españoles que doblaban su puesto se han visto en la tesitura de tener que trabajar intensamente, sobre todo de noche. Solo Berenguer mantiene el mismo interés y buen hacer de siempre. Los demás rezongan constantemente, para irritación de Malraux y Aub.

Acabarán el mes con otras secuencias de interior de avión. Cuando no piensan en Peña, el ánimo es elevado. Hasta en un momento entre dos tomas del interior de la torreta de ametrallador, Malraux se ha hecho una foto. La mayoría de planos no requieren de retroproyector, lo que facilita la tarea.

Otro factor importante es la disponibilidad de película virgen. Aunque era de esperar lo contrario, han conseguido bastantes metros pidiéndolos a los reporteros extranjeros que van abandonando la ciudad. Les preocupa, sin embargo, la película de alta sensibilidad, ante la previsión de tener que rodar bastantes planos en interiores y durante la noche, para evitar bombardeos. Malraux prevé tener que ir a París para conseguir algunos metros adicionales.

José en el avión. Secuencia XXXIV

El 23[xliii] de noviembre Barcelona ha sufrido uno de sus peores bombardeos, lo que ha impedido seguir con el rodaje. Lado y Santpere, que habían acudido a primera hora, han estado refugiados en un sótano casi todo el día. En esos dos días, la aviación italiana ha realizado más de una docena de incursiones, La fatiga psicológica de la población es enorme. Los continuados ataques han durado toda la semana y causado decenas de muertos y heridos[xliv]. El alcalde de Barcelona, Hilari Salvadó, publicará en La Humanitat[xlv] una carta a sus conciudadanos: “La ciudad de Barcelona ha sido bombardeada diez veces durante los días 23 y 24 y ha ocasionado 25 muertos y 75 heridos. Estos actos criminales, sin embargo, no disminuyen en nada la moral del pueblo de Cataluña. Saludos”.

Será solo el 29, quizá por el mal tiempo, cuando podrán reanudar el rodaje. Se centrarán en los planos medios de Santpere y Lado, comandante y campesino, mirando por la ventana del avión en búsqueda de la ubicación del aeródromo detectado por el segundo. Caras de miedo, angustia, inquietud. Cada minuto cuenta, antes de que los cazas rebeldes les ataquen.

Malraux exaspera a Aub. Añade detalles, a su entender poéticos, restos de viejos recuerdos del tiempo de la escuadrilla. Este día toca la pajarita de papel que el ametrallador superior arroja a Schreiner, en la ametralladora inferior, que la recibe con disgusto. Ellos no lo saben, pero el plano substituirá al previsto en el guion, en el que es Pujol, segundo piloto, quien arroja una naranja a Schreiner a la vez que exclama:

PUJOL: ¡Esto, muchachos, es lo que se llama un trabajo finolis! Gracias a las mascotas.

La anécdota es histórica, según testimonios[xlvi] que vieron a los aviadores que se estrellaron en Valdelinares dar naranjas a los lugareños que les auxiliaron. No es de extrañar que llevaran tal fruto al partir desde el aeropuerto de Chiva.

Han rodado también algunas tomas de ametralladores o el piloto Pujol en su puesto, Márquez mirando por una rejilla tratando de fijar el momento adecuado para el bombardeo del puente, y muchas otras, hayan de servir o no. El montaje decidirá.

Quedarán aún algunas tomas pendientes, en especial las que incluyen a Julio Peña en su personaje de Attignies, aún ilocalizable. Pero entretanto no pueden estar parados.

Al que sí ha localizado Mejuto es a Serafín Ferro. En cuanto le han hablado de la película y se ha referido a Manolo Altolaguirre que había encontrado en Montserrat, se ha puesto de inmediato a su disposición. Aub le ha traído al estudio charlando sobre sus experiencias comunes de antes de la guerra. El gallego, feliz, le ha leído alguna de sus poesías recientes.

El dormitorio de guardia no está disponible en su totalidad. Pero filmando un rincón del que cuelgan unas chaquetas y unas gafas de piloto, Serafín ha rodado el plano medio de él que faltaba en la secuencia XXVI.

SAIDI: Nosotros, en la sección socialista, nos enteramos de que los moros ayudaban a Franco y nos dijimos: ¿qué pensarán los obreros árabes? Y en cuanto pude me planté aquí.

Mientras lo ha ensayado ha tenido la idea de decirlo jugando con una pajarita de papel entre las manos[xlvii]. Malraux lo ha encontrado un detalle magnífico, poético, que enlaza además con lo rodado en el interior del avión con otra pajarita. Aub le ha susurrado al oído: “es un buen poeta”.

SABER +:

Un topo en el rodaje (Julio Peña en su autobiografía)

El deseo truncado (Serafín y Cernuda)

 

4.4.4.- Gracias por haber venido.

Pasados los bombardeos, ya el día 30, aprovechando que Lado y Santpere están por Orphea y que se ha conseguido, excepcionalmente, que Julio Peña se una a ellos, ruedan las secuencias XXIII y XXIV. En el despacho de Peña están Malraux y Aub con los actores y también Berenguer y un ayudante en la cámara.

Uno de los extras, que han de figurar que son parte de la escuadrilla y que están sentados en la habitación contigua, al entrar Santpere, le ha dicho:

—Me meaba de risa. Tú, como siempre, pero tu hija, ¡qué cómica tenéis en la familia!

Días atrás, Santpere y su hija Mary, veinteañera, habían interpretado el “Tenorio” de Llambrocs, versión bufa de la obra de Zorilla, en el Foment Republicà de Sants[xlviii] con gran éxito de público. El cómico responde:

—Yo ya no estoy para estos trotes, pero mi hija insistió. Llevo tantos años haciendo de don Juan que el público podría tomarme por su abuelo. Y ahora no me distraigas. Para un día que no hay bombas, aprovechemos el tiempo.

—Eso —afirma Max Aub, y dirigiéndose a Malraux: —Quería decir unas palabras, ¿verdad?

El francés coge a Santpere y Lado por los hombros.

—Fue un suceso real. Lo viví en la escuadrilla[xlix]. Salió en la prensa de aquellos días, incluso en la francesa[l]. Me llamaron de Cuatro Vientos para decirme que un campesino quería verme para informar de la ubicación de un campo clandestino franquista. Había pasado las líneas andando casi cien kilómetros[li].

Aub añade:

—Será la continuación de lo que rodamos en el Pueblo Español, que representa ser el paso de la línea del frente.

—José, usted lo hizo magníficamente bien en las tomas en el interior del avión. No me cabe duda de que seguirá igual. Usted, Santpere, ha de parecer que duda, que no está seguro de arriesgar uno de los pocos aviones que le quedan basándose en la información que le da un desconocido.

—¿Y yo? —Julio Peña nota el poco aprecio que le tienen, ganado a pulso por sus retrasos y ausencias, a pesar de ser un buen actor.

—En la siguiente. Cuando el campesino se va a descansar, entra usted y le pregunta a su comandante si se fía. Luego, le nombran comisario político de la escuadrilla.

—He leído y memorizado el guion. Debo preguntar si sabe quién es mi padre.

—Sí, figura que es un conocido fascista. Se debe tener mucho cuidado con quién se juega uno los cuartos —recalca Aub al que no le cae bien el tipo.

Sin decir nada más, Julio Peña se va a sentar con los extras. Ya está allí, no puede escabullirse.

—Vamos —dice Malraux dando unas palmadas. Berenguer, a punto, vea los planos medios y generales durante el ensayo. Solo lo haremos una vez, son profesionales. Empieza la secuencia con el campesino ya en el despacho. Pongan una ametralladora sobre la mesa, y unos planos.

Secuencia XXIIIbis

PEÑA: Gracias por haber venido…[lii]

Sigue el diálogo, en el que el comandante le pregunta sobre el viento, y sobre la ubicación, señalando un mapa.

JOSÉ: Esto no es lo mío. Pero tú me llevas en tu aparato y yo te enseño dónde es. Derecho, derecho…

El comandante le ofrece un cigarrillo y él se guarda todo el paquete.

PEÑA: ¿Has subido alguna vez en un avión?

JOSÉ: No […] Pero tú me enseñas la carretera de Zaragoza y yo te enseño el campo.

PEÑA: Bueno, anda a dormir un rato. Lo necesitarás.

Mientras José sale, Julio Peña, en su papel de Attignies, entra en el despacho.

A media mañana después de un solo ensayo, han terminado la secuencia. José Lado se ha despedido.

Malraux indica a Julio Peña que se trata de una nueva secuencia, pero que es la continuación temporal de la anteriormente filmada.

Tampoco hay mayor problema. Ha bastado un ensayo.

ATTIGNIES: ¿Es serio lo de ese campesino que mandó la Jefatura?

PEÑA: Parece que sabe dónde está el campo clandestino de los rebeldes. Telefonea a Aviación, a Guerra, a donde puedas y pide coches para el despegue nocturno. No tenemos aquí ni un faro.

Sigue un primer plano del oficial:

PEÑA: Tú tomas el puesto de Marcelino como comisario político.

Primer plano de Attignies con cara escéptica: ¿Sabe usted quién soy yo, comandante?… A lo que Peña responde: Lo sé.

ATTIGNIES: Entonces… dice cerrando el puño sobre la ametralladora.

Una vez idos los actores, Malraux coge del brazo a Berenguer y llama a Aub.

—No pensaba que fuera tan bien. Son buenos actores. Merece una paella. ¿Vamos a la Barceloneta? Con este tiempo no creo que haya bombardeos —dice no muy convencido, ya que el día anterior fueron atacados diversos barcos, entre ellos el Villa de Madrid [liii].

NOTAS:

4.4.1.

[i] La Vanguardia, 30.10.1938. Página 1

[ii] Sin datos de la época, posteriormente colaborará como guionista en dos largometrajes de la primera época franquista: Un hombre de negocios (1945) y Dos cuentos para dos (1947). Aparecerá en algunos créditos (Archivos de la Filmoteca, 4: 49) como Secretario de producción.

[iii] Sin datos de Ramírez. Piquer sí siguió trabajando después de la guerra: https://www.imdb.com/es-es/name/nm0685039/

[iv] No hay constancia de esta comida, pero entra dentro de lo posible y sirve para introducir futuros pasos de la historia del rodaje.

[v] https://www.residencia.csic.es/jae/protagonistas/47.htm

[vi] En la relación de la página 3 de La Vanguardia del 30 de octubre de 1938, entre muchos otros, aparecen: Hidalgo de Cisneros, general de Aviación; Méndez Aspe, ministro de Hacienda; Sánchez Arcas, subsecretario de Propaganda y Hernández Sarabia, subsecretario del Aire.

[vii] Ce soir, 30.10.1938, página 2, artículo de Louis Aragón sobre el incendio que asoló numerosas casas de La Cannebière, zona de calles estrechas y edificios antiguos. En aquel momento se contabilizaban ya 64 muertos o desaparecidos.

[viii] Sugerencia de David Gesalí al autor. (GESALÍ, David y IÑIGUEZ, David (2012) La guerra aèria a Catalunya (1936-1939). Barcelona, Rafael Dalmau editor.

[ix] https://fundanin.net/2019/09/30/por-la-revision-del-proceso-del-poum-o-la-amnistia-inmediata-1938/

[x] Un visión escueta pero acertada sobre los posicionamientos del POUM en: PAGÈS, Pelai y GUTIÉRREZ ÁLVAREZ, Pepe (Eds.) (2014) El POUM y el caso Nin, una historia abierta. Barcelona, Laertes. Página 245 y ss. (Epílogo: Nueve consideraciones sobre el lugar del POUM en la batalla de las ideas, por Pepe Gutiérrez Álvarez)

[xi] En El mono azul (10.6.1937, página 1) se recoge la siguiente declaración del ruso: “En 1926, Malraux estaba al servicio del Comintern y del Kuomintang chino; es uno de aquellos directos responsables de la estrangulación de la revolución en aquel país… … Malraux es orgánicamente incapaz de independencia moral. Es funcionario por vocación».

[xii] Malraux declaró en La Voz el 2.4.1937, en primera página: “»Las obsesiones personales de Trotski confunden sus perspectivas políticas”

[xiii] Un personaje de Max Aub, socialista convencido, de Campo del moro, novela escrita en 1962, dice: Los comunistas han hecho gastar al pueblo casi tantas energías para oponerse a sus propósitos dictatoriales como las que le ha costado enfrentarse a Franco.

[xiv] MIRAVITLLES, Jaume (1972), Episodis de la guerra civil espanyola. Barcelona, Ed. Pòrtic. Página 189.

[xv] Ver capítulo 4.2.2. de La verdadera historia del rodaje de Sierra de Teruel.

[xvi] Archivos de la Filmoteca nº 3 (1989). Página 282.

[xvii] El día 2 de noviembre hubo un bombardeo en Lérida con numerosos muertos y heridos, que quedó inmortalizado en la cámara de Centelles.

[xviii] Ce soir, 10.11.1938. Página 1.

[xix] A las 10:30m cinco aviones italianos bombardearon también la zona antigua de Barcelona y sus alrededores. El ataque causó tres muertos y dieciocho heridos. (ALBERTÍ (2004): 303).

[xx] MARION (1970): 63-66 para el conjunto de la anécdota.

4.4.2.

[xxi] CHANTAL (1976): 119.

[xxii] El mismo día 15, las tropas de Tagueña se retiran, quedando el frente igual que al inicio.

[xxiii] https://www.visorhistoria.com/secuencia-xx-pasar-las-lineas/

[xxiv] La Vanguardia, 15.11.1938. Página 1.

[xxv] Orphea disponía de equipo de retroproyección. Información del restaurador de la copia, Ferran Alberich, al autor. El guion mecanografiado (IVC, página 81) indica: PROYECCIÓN DE FONDO (sobre “Espejo”, que está tachado): Estos planos serán rodados en el estudio ante una pantalla sobre la que se proyectarán las vistas tomadas especialmente para cada caso.

[xxvi] En la versión mecanografiada de la Fundación Max Aub (AMA C.32 -14/1) se indica “ESPEJO”, siendo posteriormente corregidos algunos puntos a mano por Max Aub (IVC, Fondo Max Aub)

[xxvii] Erróneamente, en los guiones mecanografiados y los posteriormente publicados, se indica que quien hace la pregunta es Muñoz, lo que es imposible pues el personaje interpretado por Mejuto debería estar pilotando el segundo Potez de la expedición. Sin embargo, más adelante (“¡agarrótate!”), volverá a aparecer en los guiones.

[xxviii] El día grafico: Año XXVI, nº 6902 – 20 noviembre 1938. Página 1. También en Madrid : Claridad, 21.11.1938. Página 4.

[xxix] El 15 de novembre, le habrá escrito desde el hotel Victoria de Perpiñán: “Il est rare que se passe un jour sans que nous parlions de vous, Josette et moi. C’est peut-être incompréhensible là-bas en haut, à Paris, je trouve cela naturel parce que vous êtes brune et humaine et vous me plaisez naturellement“ (fotocopia de una carta manuscrita cedida gentilmente por el añorado amigo Gérard Malgat).

4.4.3.

[xxx] No consta en ninguna referencia, pero sí que según sus diarios, durante la segunda quincena de noviembre Azaña recibió constantes visitas (AZAÑA (1978): 410 para el 21 de noviembre.

[xxxi] https://historia-hispanica.rah.es/biografias/38678-angel-riano-herrero

[xxxii] AZAÑA (1978): 411.

[xxxiii] HIDALGO DE CISNEROS, Ignacio (1977): 297 y ss.

[xxxiv] En su somera autobiografía, Julio Peña manifiesta abiertamente todos los impedimentos que puso al rodaje. https://www.visorhistoria.com/un-topo-en-el-rodaje/

[xxxv] CAPARRÓS (1977): 214.

[xxxvi] https://www.imdb.com/es-es/title/tt0028716/

[xxxvii] AUB (2023). En varias entradas, por ejemplo 6.7.68, página 699.

[xxxviii] Archivos de la Filmoteca nº 3: 29.

[xxxix] Textual en: AZAÑA, Manuel (2011). Causas de la guerra de España. Madrid, Diario Público. Página 124.

[xl] Archivos de la Filmoteca nº 3: 284.

[xli] Solidaridad obrera. 18.11.1938 Página 4. En Londres hubo fuertes manifestaciones contra dicho viaje.

[xlii] MORLA LYNCH, Carlos (2008):  467.

[xliii] ARAÑÓ y CAPDEVILA (2018): 195-199. Con planos de los puntos afectados, algunos cercanos a Montjuich.

[xliv] ALBERTÍ (2004): 304.

[xlv] La Humanitat, 26.11.1938. Página 1.

[xlvi] Declaraciones de Julián Calvo a Julio Javier García Mirabete: https://www.visorhistoria.com/rescate-en-valdelinares/

[xlvii] El detalle de la pajarita no figura en el guión mecanografiado (IVC, Fundación Max Aub), aunque sí se plasma en la edición de Era (Saidi habla con una pajarita de papel en las manos). MALRAUX, André (1968): 93

4.4.4.

[xlviii] La Vanguardia, 13.11.1938, página 2

[xlix] Ver capítulo 1.3.

[l] Le temps, 2.9.1936.

[li] https://www.visorhistoria.com/secuencia-xx-pasar-las-lineas/

[lii] En el guion, hay una introducción en la que al teléfono, un militar ordena que lleven al campesino al cuartel de la escuadrilla, y una presentación al comandante, que no se rodaron. (MALRAUX (1968): 83. Se indica: Secuencia XXIIIbis.

[liii] ALBERTÍ (2004) 306.

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