El fin de semana se ha tomado de asueto. La experiencia en el palacio de las Misiones ha sido positiva y quizá puedan rodar algo más con figurantes surgidos del estadio, o utilizando alguna estancia de allí.
Estamos en Navidades. Lo comentan en el Comissariat, donde han ido Berenguer y otros a tomar una copa. Uno muestra el Noticiero Universal del día: “Franco solemniza el nacimiento de Jesús desencadenando su ofensiva”[i]. En la misma página da constancia del inicio de la campaña de Cataluña; “Las fuerzas rebeldes han iniciado un movimiento de ofensiva en todos los frentes de Cataluña”. El principio del fin. El vino sabe agrio. Caras largas. ¿Qué hacer si llegan a Barcelona?
Berenguer coge el periódico y lee atentamente. Entiende que en el castillo de Montjuich no les acogieran como esperaban. En la página 2, ve la noticia del fusilamiento de cinco atracadores. Lo deja en un rincón y se va a casa. Al menos estos días los pasará tranquilo con su esposa e hijo. El domingo 25, acudirá al hotel Majestic donde sabe

que están reunidos Aub y Malraux. Tomará la cámara Eyemo que le regaló Karmen[ii] al irse de la ciudad, un tesoro para él, y les dirá, con gran excitación:
—Aquí tengo otra cámara por si puede ser útil. Esto se acaba y tenemos que terminar la película. Y luego nos vamos a Francia. Cada vez va a ser más difícil. ¿Han visto las normas dictadas por el Gobierno? Toda la ciudad a oscuras[iii]. Aunque rodemos en interiores, va a ser difícil que no trasluzcan los focos.
Abrazándole el hombro, Aub le dice:
—Gracias Manuel, gracias. Pero, si al final pudieran romper nuestras defensas y entrar en Barcelona, tú deberías quedarte. Tienes familia y, al fin y al cabo, no has hecho nada malo. ¿Qué documentales has hecho? ¿La toma de Teruel o El desembarco de Mallorca? Puro reportaje, por eso no matan a nadie[iv]. Ya hablaremos.
—Pero tenemos que terminar lo que hemos hecho. No puede ser que no sirva en el futuro.
—Lo primero —dice un excitado Malraux— es encontrar al dichoso Julio. Luego, ¡a rodar como posesos!
Por la noche, los hogares oyen a Juan Negrín:” Hemos considerado como prisioneros de guerra los militares profesionales capturados en la lucha. No sancionamos con pena de muerte los delitos meramente políticos o de opinión. Hemos suavizado en lo posible el rigor del Código en los delitos de guerra. Hemos corregido los errores de un procedimiento sumario acrecentando las garantías de los enjuiciados. Hemos renunciado al bombardeo injustificado de las poblaciones civiles. Hacemos la guerra, maestro—dijo dirigiéndose a la memoria de Macià— porque hemos sido agredidos y porque nos quieren esclavizar. Hacemos la guerra a la guerra”[v].
Es una súplica a que el bando rebelde tenga consideración la festividad y evite llevar a cabo las penas de muerte anunciadas. Sin éxito: el lunes siguiente se reanudarán los bombardeos después de unos días algo más tranquilos.
El lunes, día 26, temprano, entra en el hotel Majestic Andrés Mejuto, vestido de uniforme. Algunos soldados del vestíbulo se cuadran ante el capitán. Sin preguntar, sube directamente a la habitación de Max Aub.
—Lo tengo, lo tengo.
Aun somnoliento, rascándose los ojos, Max se pone las gafas y pregunta:
—¿Qué tienes?
—A Peña. A Peña. Le conozco bien y sabía lo que haría.
Sentado en el borde de la cama, le explica que sospechaba donde podría estar la Nochebuena. Por amigos que no declara quienes son, supo de un par de lugares donde se celebraría una misa. Se vistió de paisano e, interpretando un temeroso y devoto fiel, fue a los dos. Al fin y al cabo, le habían dicho que desde hacía unos días era legal.
Desde la proclamación de los Trece Puntos para la paz de Juan Negrín del 30 de abril, se había estado trabajando para legalizar la práctica religiosa, en especial por el interés del gobierno vasco y su ministro Irujo. Su dimisión en agosto no fue óbice para que, finalmente, el 8 de diciembre se constituyera el Comisariado General de Cultos, nombrándose comisario a Jesús María Bellido[vi]. Se había dado bastante difusión al hecho, en especial en el diario afín a Negrín, La Vanguardia[vii]. La intención era, textualmente: “tender la mano, no al faccioso de la religión, sino a la confesión que nunca debió enajenarse”. Aunque se estaría vigilante para que las Iglesias no se inmiscuyan de nuevo en la política y se permita así que los países extranjeros se den cuenta del espíritu liberal que anima a la República[viii].
—¿Lo has traído?, ¿dónde está?
—No, solo le seguí. Sé dónde está y estará. Pero si le asustamos se volverá a escabullir. En cuanto podamos rodar, lo traeré, a la fuerza si es preciso.
—¿Estás seguro? No sería mejor encerrarlo.
—¿Y colaboraría en el rodaje? Prefiero ir a buscarle. Soy su amigo, o eso creo. ¿Cuándo es el próximo rodaje?
—Podríamos hacer los interiores de avión con él, y sobre todo la visita al Comité para que dejen coches con que iluminar el despegue. Quizá mañana, martes.
—Ya me dirás. Llámame a la comandancia.
Al rato llega Miravitlles. Curiosa aparición después de haber estado casi todo noviembre en París y luego ocupado en sus relaciones internacionales. Aub irónico:
—Qué, ¿te aceptan ya una paz separada para Cataluña?
La ironía no sienta bien a Met.
—Yo solo pasaba por aquí y quería invitarte a mi conferencia sobre Macià en el Ateneo Barcelonés[ix]. A cinco años de su muerte, debemos realzar la capacidad de lucha de nuestro pueblo.
Ante la cara escéptica de Max, insiste:
—Bueno, si no puedes venir no pasa nada. En unos días me voy con Maruja a París y Bruselas[x]. La actividad internacional es más importante que nunca.
—Pues nosotros aquí, luchando por unos segundos de película. Por cierto, antes de que te vayas, ¿no tendrás un par de bobinas de ultrasensible? Estamos rodando de noche y en interiores por los bombardeos.
Piensa, pero no dice: esos bombardeos que tú te vas a ahorrar en Francia. Que se vaya con su nueva pareja no es una buena señal, por muy enamorado que esté. Después de su divorcio con Ginette, que le acompañe Maruja parece indicar que ya no volverá. ¡Menudo el vivales! Pero sí que volverá. Después de un viaje a mediados de enero, volverá él solo a Cataluña, para pasar al exilio acompañando a Companys el 5 de febrero de 1939[xi].
Vuelve Mejuto.
—Julio Peña es amigo mío. De hecho, si está en la película es por mí. Su huida podría traerme problemas, tal como están las cosas. Max, dime dónde y cuándo vamos a rodar y lo traigo cuando y donde me digas.
Comparten un humilde plato de patatas con sardina, coloreadas con algo de pimentón en un tugurio del barrio gótico. Aub aprecia a este actor, enamorado del teatro, que conoció a Lorca, y que tanto hace por la película.

—Con él necesitamos dos cosas: algunos planos de interior del avión que rodaríamos en Orphea y la vuelta por los pueblos buscando coches, que hacemos en el Pueblo Español. La semana pasada rodamos en El Prat una secuencia con Santpere solo, pero en la otra debiera verse a Julio. No sé si podrá ser mañana martes. Cuando estés seguro de que viene me lo dices. Entretanto iremos rodando planos cortos de racord.
Pero no será así. Al igual que el lunes 26, el martes 27[xii], Barcelona sufrirá duros bombardeos con una característica hasta entonces prácticamente inédita: afectarán a las instalaciones de Montjuich, lo que escama mucho a Aub que sigue pensando que hay una intencionalidad específica de parar la película de Malraux. “Vamos al estadio y bombardean el estadio. Seguimos en Montjuich y bombardean junto al palacio de las Misiones ¡donde hemos estados horas antes!”, piensa. Cuando se lo comente a Berenguer, este dirá: “Tal como cuando fuimos al cuartel del Bruch[xiii]. Nos tienen en su punto de mira”. Sin embargo no se lo comentará a Malraux, que piensa que las paranoias y sus miedos asociados pueden retrasar aún más la película.
Por fin, visto que el 29 amanece tranquilo, aparece Mejuto con Peña en el Comissariat. En el local hay una baraúnda terrible. A pesar de los escasos recursos y el ambiente de terror, se está organizando con ilusión la Fiesta del Niño. En el vestíbulo, pasillos e incluso algún despacho, paquetes de juguetes, carteles, mesas plegables, impiden casi moverse. Llegan Aub y Berenguer y se dirigen a Orphea donde ya les espera Malraux. Este espeta al guapo actor:
—Le hemos echado en falta. Debería estar usted muy ocupado…
—Los bombardeos, tuve problemas con los inquilinos de donde vivo. Me quedé a ayudarles.
La excusa no es creíble, pero lo aceptan por el bien de la película. Aub, para más seguridad, le dice:
—Por eso no te preocupes. Te he reservado una habitación en el Majestic. Ahora han marchado casi todos los corresponsales y hay sitio.
—Sí, fíjate, Karmen me regaló su cámara portátil —dice Berenguer mientras se la enseña.
A Julio Peña no le gusta la propuesta de Aub, pero la aceptará al haber sido advertido por Mejuto de que es la única alternativa para que el SIM no se ponga a buscarle.
—¿Ha llegado Santpere?
—No. Quedamos en que rodaríamos el comité local en el Pueblo Español. En el bombardeo del lunes su puerta quedó muy dañada. Están atareados, aunque como solo les he pedido un interior y por la tarde, no creo que haya problema. Solo que…
—Solo que, qué… —inquiere André, nerviosísimo.
—Bueno, el coche quedó dentro. Intentamos rodar alguna calle, momentos de rácord, y no acertamos a sacarlo por la noche. Pensamos, erróneamente, que allí estaría más seguro.
—Pues entretanto, si hay extras disponibles, rodemos el interior de avión con el personaje de Julio: Attignies.
Siempre hay media docena de figurantes que, sin nada más que hacer, pululan por allí, donde intuyen que pueden comer algo mejor que en la ciudad. No habrá problema.

Entran en la sala donde reposa el medio avión Potez de contrachapado. Julio aún no lo había visto y queda atónito. Está dispuesto a colaborar. Aunque ha hecho todo lo posible por escabullirse, se da cuenta que no tiene más remedio. Piensa acabar cuanto antes, convencido de que cuando vean que colabora le dejarán tranquilo y podrá esconderse de nuevo a esperar la entrada de los suyos, de los franquistas.
—Berenguer, tómele unos cuantos planos medios. Por ejemplo cuando mira el objetivo a bombardear a través de la mirilla. Primero tendido, luego de rodillas. Tres o cuatro posturas no repetidas. Luego cómo se levanta en el momento en que José ha visto el campo a bombardear. Ha de gritar: ¡Los cazas se ponen en marcha!
El nerviosismo del ataque real, aquel 27 de diciembre de 1936, Malraux no pudo vivirlo en directo, aunque lo había experimentado en otras ocasiones, como el ataque a la columna Yagüe en la extremeña Medellín, pero Florein, el piloto del Potez derribado, se lo había descrito con detalles durante su rescate en Valdelinares. Peña es un buen actor y no tiene inconveniente en reflejar la ansiedad.
En otro plano general, reclamará al piloto: ¡Altímetro 300!

Se dejan algunos para la tarde, cuando llegue Santpere para dar más visos de realidad al interior del avión comandando por él, como cuando ambos mirarán a lo lejos, mientras en el cielo hay un vuelo de aves migratorias. Julio Peña, como Attignies, dirá: ¡Ahora es el tiempo de la migración! Lo tendrán que repetir, pues siguiendo el guion, en el primer intento ha dicho: “Es el tiempo de emigración de las codornices”, lo cual no es cierto que suceda en diciembre, como pasó en realidad en Valdelinares, y como ha remarcado Mejuto, buen aficionado a la caza, que lo ha mirado sonriendo.
El año terminará con un bombardeo muy intenso el sábado día 31. En dos oleadas, a las 10:30 y a las 19:30, ya anochecido, causarán 61 muertos y 71 heridos. Dos días después, La Humanitat[xiv] publicará un recuadro con el siguiente texto: “Los facciosos, en su criminal incursión aérea, no persiguió ninguna finalidad concreta, como no sea la de asesinar ciudadanos barceloneses: que la gente civilizada del mundo tome buena nota y que su honradez les indique el camino a seguir”. Lo leerá Max Aub a su regreso del aeropuerto, donde habrá ido a despedir a André y Josette que se van a París por unos pocos días.
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NOTAS:
[i] El Noticiero Universal, 24.12.1938. Página 1
[ii] Archivos de la Filmoteca nº 3. Página 282.
[iii] El Noticiero Universal, 24.12.1938 Página 3
[iv] Archivos de la Filmoteca nº 3. Página 283.
[v] El Noticiero Universal, 26.12.1938 Página 3
[vi] RAGUER, Hilari (2001) La pólvora y el incienso. La Iglesia y la Guerra Civil espanyola (1936-1939). Barcelona, Península. Páginas 354 y ss.
[vii] La Vanguardia, 15.12.1938 Una pàgina entera (4) dedicada al tema.
[viii] GINARD FÉRON, David. “El Comisariado General de Cultos en la zona republicana en guerra (1938-1939)”. HISPANIA NOVA, 23 (2024) PP. 217 A 238 https://e-revistas.uc3m.es/index.php/HISPNOV/article/view/8350/6953
[ix] Dirá: “es en estos momentos en que los extranjeros invaden tierra catalana, cuando se ha de poner de relieve el espíritu de gloriosa resistencia de Cataluña en otros tiempos” (La Humanitat, 27.12.1938)
[x] BATALLA i GALIMANY, Ramon (2010). Jaume Miravitlles i Navarra. Intel·lectual, revolucionari i home de govern. Els anys joves, 1906-1939. Tesis doctoral dirigida por el Dr. Pere Gabriel i Sirent. Universidad Autónoma de Barcelona, junio de 2010. Página 585.
[xi] https://www.historiaesmemoria.com/que-paso-en-el-coll-de-lli/
[xii] Mientras que el 26 el bombardeo está centrado en Montjuich, el 27 es en la montaña pero también en el Pueblo Seco y el barrio gótico, con 4 víctimas mortales en la calle Argentería (ALBERTÍ (2004): 320)
[xiii] El 4 de octubre de 1938.
[xiv] La Humanitat, Barcelona, 3.1.1939.