4.4.1.- Sabadell. Adiós a Denis Marion.
Noviembre se inicia con sombríos nubarrones de desánimo. A pesar de la parafernalia que ha rodeado la despedida de las Brigadas Internacionales, a la que algunos del equipo de rodaje han asistido, el hecho imprime una sensación de final de etapa, de concesión de Negrín a las presiones de Moscú frente a la arrogante permanencia de las fuerzas alemanas y una simple y poco efectiva retirada de algunas tropas italianas. Para Malraux ha sido un golpe duro, muchos de los mandos presentes ya habían estado en contacto con él durante la estancia de su escuadrilla en Albacete.

Al día siguiente del desfile de las Brigadas Internacionales en Barcelona, el 29 de octubre, se ha celebrado en el castillo de Vic una comida de despedida, con asistencia de altos mandatarios militares y políticos. El escritor francés no ha sido invitado, pero como veremos, sabrá aprovechar la ocasión.
Por su parte, ya de noche, Negrín ha pronunciado un discurso por la radio, intentando justificar la conveniencia de la decisión tomada ya meses antes. Ha dicho[i]: “Yo no engaño a nadie y digo que si el enemigo no se aviene a reconocer y suscribir nuestros principios de tolerancia recíproca, de reconciliación y de convivencia sobre la base de una entrega completa al servicio de España, la guerra será muy dura y larga”. Algunos lo han escuchado en la sede de Laya Films. Un jovencito que trabaja de chico de los recados, López Marín[ii], que está comiendo un bocadillo con los cámaras auxiliares Ramírez y Piquer[iii], ha exclamado: Pues ya me dirá cómo va a ser larga si los soldados se marchan.
También se marchan algunos extranjeros del equipo de rodaje. El miércoles día 2, Miravitlles ha invitado a todos a una comida en el restaurante La Puñalada, cercano a la sede del Comissariat[iv]. Son una veintena de comensales, distribuidos en dos mesas. En una de ellas, el anfitrión, Jaume Miravitlles con Malraux, a su derecha, y Josette, Max Aub, Fernando Gómez Mantilla, Denis Marion, Louis Page y André Thomas con su esposa Paula Boutault, Manuel Berenguer, con el actor Andrés Mejuto, de uniforme. En la otra, otros cámaras, Federico Ramírez y Jaime Piquer, Mari Luz Morales con las secretarias Elvira Farreras y Marta Santaolalla, uno de los hermanos Miró a cargo del atrezo, Reiguera, Vicente Petit, eufórico tras finalizar su medio Potez de contrachapado y el chaval López-Marín. Han excusado su presencia José Santpere, Julio Peña, Pedro Codina y José Lado, así como la tercera secretaria Zoé.
El día anterior ha habido un fuerte bombardeo, pero el miércoles 2 de noviembre se anuncia tranquilo debido al tiempo de perros que hace. Han dejado los paraguas en la entrada y se sientan todos con un sentimiento a la vez de camaradería y de preocupación. ¿Se podrá terminar la película?
Como casi siempre, tras algunas palabras de rigor de Malraux y la aparición de unos entrantes más generosos que los habituales, Aub abre la conversación:
—A Sánchez Arcas[v] hay que darle las gracias —mira a Malraux que asiente—. Os voy a contar lo que consiguió el sábado, en la comida de Vic con los internacionales.
Miravitlles interrumpe:
— No había nadie de la Generalitat, solo militares y gobierno español. ¡Ni Companys!
—Tampoco Azaña —corta Max, que no quiere una deriva independentista.
Se habla de los internacionales y, siempre como tema prioritario, la película. Aub había hablado con él largo y tendido los días anteriores, primordialmente de los fondos que nos llegan con retraso y recortados, pero también de lo que necesitamos. No hemos conseguido casi nada de Aviación, y yo saqué el tema del Potez para el despegue. Ya sabéis que es imprescindible rodar un Potez despegando en la secuencia XXXIII. ¡Estaría bueno que ahora que tenemos la maqueta del interior —y levanta su copa de vino hacia la otra mesa, donde Petit y un Miró le corresponden el saludo— no tuviéramos ni tan siquiera unos segundos de despegue.
Malraux escucha con atención. Josette, a su lado, cuchichea con Paule: lo podrían rodar en Francia, así iríamos allí unos días también nosotros. Aub sigue:
—En la comida de Vic no estaban ni Companys ni Azaña —dice mirando a Miravitlles— pero sí Hidalgo de Cisneros, Méndez Aspe y Hernández Sarabia[vi]. Y Sánchez Arcas se movió entre ellos, en especial este último, para conseguir material.
—Sí, lo leí en el periódico —apunta Mantilla por no quedarse atrás—, junto con el incendio de Marsella[vii]. Terrible.
—Bueno, al grano —Max, saboreando un trozo de salchichón—, el caso es que habló con Hernández Sarabia, mucho mejor que haberlo hecho con el siempre escéptico Hidalgo de Cisneros, y después de mucho insistir, según me dijo él, consiguió que nos cedieran el único, ¡el único!, Potez que les queda para rodar algún exterior del aparato y un breve despegue. Está en Sabadell[viii] —concluye a la vez que toma la copa de vino.
—¡Bravo! —dicen al unísono Malraux y Thomas.
Todos aplauden.
Han retirado el plato de los entrantes, y antes de que asome la inevitable paella, Miravitlles vuelve a su tema:
—Pasan muchas cosas, muchas, demasiadas. Por ejemplo, la sentencia a los del POUM que se dictó la semana pasada.
El tema levanta ampollas entre los presentes de ascendencia comunista como Mantilla. Miravitlles acaba de firmar una carta de petición de amnistía[ix] por parte de varios políticos, esencialmente de Esquerra, como el propio Companys o Tarradellas, o de la CNT como Federica Montseny o Juan Peiró. Aparecerá en la prensa el día 6, así que de momento se lo calla, pero insiste para sondear el posicionamiento de los presentes, con palabras cogidas de la misiva.
—No sé si habéis seguido el tema, pero se dictaron unas sentencias a mi entender desproporcionadas contra Gorkin y otros cuatro miembros del POUM[x], injustas en especial teniendo en cuenta que el propio acto reconoce la calidad de antifascistas de los condenados, su constante participación en la batalla y que, recalco, no organizaron ni provocaron los acontecimientos de mayo del año pasado. Como catalanista, en absoluto trotskista, creo que se han de respetar las opciones de cada cual, siempre que no caigan en delito tipificado. Y mucho menos que ello se deba a presiones de enemigos políticos.
Malraux se remueve incómodo en su silla. Se le acentúa el tic de la crencha. Josette, que sabe de su evolución respecto a la figura de Trotsky, sobre todo desde su diatriba durante el viaje de aquél a los Estados Unidos[xi], le coge firme y cariñosamente del brazo. Le frena. Conoce la crítica de Malraux al exiliado ruso aparecida en la prensa local[xii].
Aub, prudente con quien les acoge en sus locales y aún puede suministrarles película virgen, intenta contemporizar:
—La persecución encarnizada no debería tener lugar, y llevan más de un año encarcelados. Suficiente han tenido con la desaparición misteriosa de su líder, Nin. No entremos en política localista. Nos basta con Franco[xiii].
No simpatiza con los miembros ni los planteamientos del POUM, y menos con la efervescencia independentista de Miravitlles, pero no quiere que la charla derive hacia temas espinosos y que no están a su alcance solucionar. Solo dispondrán del Potez durante unos pocos días, según le ha dicho Sánchez Arcas. Met, a lo suyo:
—En Valencia, hace un tiempo, un oficial me dijo que tenía documentos reveladores de que Nin era un espía[xiv], incluso que estaban firmados por él y que se los daría a Companys. Por descontado, nunca han venido aquí, además: ¡Qué espía firma sus documentos con sus iniciales! ¡Ridículo!
Con gran disgusto de Miravitlles, Aub corta:
—¿Quién viene conmigo a Sabadell a ver el Potez?, el único que queda. Según dijo Hernández Sarabia, es muy posible que lo trasladen a algún aeropuerto más cercano al Ebro, y entonces habremos perdido la oportunidad de filmarlo.
Malraux, como jefe, prescindiendo ya de los franceses:
—Mañana mismo. Usted, Berenguer, y también Ramírez y Piquer que a partir de ahora le ayudarán en todo.
—De acuerdo. Luego llamo a García Larrea[xv]. No creo que tenga inconveniente.
No, no lo tuvo. Salvo que la operación debía hacerse de noche por seguridad. Berenguer recordó que tenían algunos rollos de película ultrarrápida Agfa[xvi] que servirían. Pero insistió que debían comprar más, pues era de prever que cada vez deberían rodar más de noche. El estudio se hará imprescindible, y sobre todo cuando cada vez se aleja más la posibilidad de rodar los exteriores de Cervera debido a los constantes ataques a la zona[xvii].
Quedaron para el martes 8. Desde el mediodía, el equipo de rodaje, con dos cámaras Debrie Super-Parvo, los focos y demás enseres, habían ido preparando la filmación. Pero surge un inconveniente: José Lado no podrá asistir, ha alegado un fuerte resfriado.

No pueden posponerlo. Las tropas rebeldes han iniciado una fuerte ofensiva en el Ebro, y corren rumores de que algunas tropas, además de los internacionales, han regresado a la orilla norte. Ya han rodado, de noche, a los aviadores en el momento de subir al aparato, cuidando de que quien toma el papel de José, el campesino, de altura similar y vestido con la chaqueta y la boina que guardaba el atrezo, no ofrezca su cara a la cámara. Incluso en un momento determinado, hace el gesto de aguantarse la boina, tapando así su rostro.
Tienen la oportunidad de rodar también una carga de espoleta de una bomba, otros detalles del aeródromo. Como colofón, filman el avión saliendo del hangar empujado por soldados, con sus bombas cargadas y finalmente, su despegue.
Después de levantarse unos doscientos metros del suelo, dará media vuelta y aterrizará.
—Pero faltarán los faros. Aun no lo hemos filmado —explica Aub a García Larrea— pero hay una serie de secuencias muy significativas, en las que el comandante recorre diversos pueblos de la zona pidiendo colaboración para iluminar los límites del campo para el despegue. Es relevante porque demuestra la solidaridad: necesitan los coches para otros menesteres, pero al final se reúne una docena en el campo de aviación.
De momento no se puede rodar. No se pueden improvisar los coches. Después de mucho pensar, deciden dejarlo para el jueves, en que con algunos coches oficiales y otros que puedan dejarles los sindicatos, se apañarán. Larrea indica:
—Volver a despegar con el Potez ni pensarlo. Pero… recordáis el Latécoère que utilizasteis para filmar nubes —dice con un tono ligeramente sarcástico—, pues ese sí. Y además ya sabéis donde colocar la cámara.
Se emplazan, pues, para al cabo de dos días, con los principales actores, para terminar el rodaje y también rodar el despegue desde un avión en el aire. Son ya las doce de la noche cuando, satisfechos, llegan a su hotel.
Jueves, día 10. A media tarde, en la furgoneta de Producciones Malraux, llegan a Sabadell todos los del equipo de rodaje. Lado sigue indispuesto y Peña hace días que no aparece por el plató. Así que deciden dar por bueno lo rodado el martes, y se disponen a rodar el despegue con el Latécoère que indicó Larrea. Disponer ya de la maqueta del medio avión les da cierta tranquilidad.

Doce coches alineados en el borde de la pista. A una señal, encienden progresivamente sus faros. El avión despega con Berenguer al mando de la cámara. Lo repiten dos veces, todo un lujo dada la precariedad de la película. Pero aunque sea un detalle, para Malraux es una toma imprescindible y no puede fallar luego en el revelado o el montaje. Ruedan la frontal de los coches, luego, ya en tierra, la cara asustada de los chóferes.
El sábado 12 de noviembre, Malraux, Josette, Gómez Mantilla y Aub acompañan a Denis Marion al aeropuerto. Regresa a Bruselas, aunque seguirá de cerca la evolución del rodaje y ayudará en la medida de lo posible en la consecución de película virgen. Entran en el sencillo edificio de terminal de la línea de Air France que cubre la ruta Dakar-Toulouse. En una mesilla, ejemplares atrasados de la prensa francesa. En una portada: “Lerida menacée”[xviii]. Malraux comenta amargamente a Aub: olvidémonos de Cervera. La ciudad estaba en manos rebeldes desde abril, pero Cervera se había mantenido relativamente tranquila. Ahora no. Esto se acaba.
Denis entrega su documentación a un funcionario de fronteras, cuando este le devuelve el papel y echa a correr. Al cabo de un instante, se halla acurrucado en el refugio antiaéreo de la base[xix]. Malraux, que se ha quedado fuera, impertérrito, indica:
—Savoia-Marchetti —él es un experto en aviación.
Las bombas caen a menos de un kilómetro. Poco después un único chato despega de la cercana Volatería. Los que van saliendo del refugio aplauden su vano intento.
Marion, acompañado de Malraux, se dirige a la aduana. El día antes, a raíz de lo filmado en Sabadell, han planeado ya el rodaje en el interior del medio Potez en contrachapado que les aguarda en Orphea. Ahora, temen que los esquemas trazados en un papel puedan despertar las sospechas de algún policía obtuso[xx].
Entre los papeles examinados, un dibujo de un Potez y un visor de ametralladora (que servirá para filmar una hormiga que lo rodea). Para entonces, Malraux ya se ha marchado. Marion, atemorizado, que no habla español, se esfuerza por explicar:
—Película; gran película con aviones…
Al final, el policía le señala con un dedo mientras masculla sonriendo:
—¡Ah! ¡Usted es ametrallador en el avión!
Y le deja pasar. El avión aún tardará más de una hora en despegar. Los pasajeros y quienes les han venido a despedir pasean tranquilamente por la pista, pudiendo entonces hacer todos los intercambios de divisas y documentos que el control previo no hubiera dejado pasar.
4.4.2.- Un medio avión de contrachapado.
La despedida de Marion ha sacudido a Malraux y su optimismo habitual. Los preparativos, el traspaso de ideas y métodos, le han llevado algunos días que difícilmente recuperarán. Josette, viéndolo abatido, le ha sugerido ir a pasar un día o dos a Perpiñán, a pasear por Colliure, a comer decentemente. Él ha aceptado de inmediato. Los acompañará Max Aub, que no puede dejar pasar la ocasión de evitar las eternas lentejas pero que le dejará a su aire. Se irá a pasear y a escribir cartas a sus amigos de Francia, sin los impedimentos y retrasos que impone la guerra en Barcelona.
El día 15,[xxi] ante un humeante plato de pequeñas perdices a la catalana, con su salsa de ajo y coñac, ella le coge la mano abriendo la compuerta de sus inquietudes. Malraux se adelanta:
—Esto se acaba, ma cherie, esto se acaba. No vamos a poder terminar la película. ¿Para eso tanto esfuerzo? ¿Y qué hace usted en Barcelona, encerrada en el Ritz, con riesgo de su vida?
—Estoy con usted. Estamos juntos, es lo que importa.
Hace ya cinco años que están juntos, y tres, desde antes del inicio de la guerra, que él no convive ya con Clara. Pero su presencia siempre planea sobre su relación. Él se ha negado siempre en redondo al divorcio, lo que de hecho practica. Pero ella intenta mantenerse airosa, animada, es lo que él necesita y espera de ella. Mirando fijamente su copa de vino de Bañuls, él sigue:
—No vamos a poder rodar en Cervera, habrá que apañarnos en el Pueblo Español si nos dejan, o si no en Orphea. En cuanto regresemos empezaremos con la maqueta del Potez en el estudio, pero quedarán pendientes tomas imprescindibles de los consejos de los pueblos: Linás, los de petición de coches para iluminar el despegue…, tantas cosas aún, mientras el Ebro ya no aguanta[xxii].
—Podremos terminarla en París. Ya sabe que Tual nos ayudará en todo.
—Pero están los actores. A Peña no le vemos desde hace días y es preciso para los comités, acompañando a Santpere. Y ya veremos si Lado cumple con su palabra, aún no hemos rodado su encuentro con el comandante al llegar de pasar las líneas enemigas. Tantas, tantas cosas… Debería regresar a París.
Besa a su compañera. Huele bien, se ha puesto el perfume que él le regaló en los duros días de la herida en el pie. La ama.
—Amor mío, en Barcelona, o donde fuera, a su lado es donde estoy tranquila, donde soy feliz. Ahora que el pie va mejor, procuraré ir más a menudo al estudio. Me gustará ver cómo se las apañan con el medio avión.
Pasearán luego por la orilla del río que baja caudaloso. La calle se llama Barcelona ¡qué ironía!
A su regreso, Aub, con la inestimable ayuda de los Miró y Vicente Petit, tiene ya todo a punto para rodar fragmentos del interior del medio Potez. Ahora es él quién debe pensar en cada toma, en cada plano de los indicados en el guion o surgidos al azar de una conversación. Estamos ya a 17 de noviembre.
—Sugiero que rodemos primero los fragmentos que encajan con lo rodado la semana pasada en Sabadell, con el Potez de verdad.
Aub asiente. La ausencia de Marion aun planea sobre su ánimo. Es consciente de que su contribución es aún más decisiva si cabe. Por eso sugiere:
—He pensado un breve inciso inicial en la secuencia en la que suben al avión. Parece lógico oír las dudas de los responsables, Peña y Muñoz, respecto a la verosimilitud de la información dada por el campesino[xxiii]. Así que pergeñé unas líneas —dice entregándole un par de folios—. Ya hablé con Berenguer para los planos.
—¡Cómo no!
Malraux aceptaría lo que fuera con tal de avanzar en la película.
Se describen los planos de la secuencia XXXIII, al no estar previstos en los guiones mecanografiados ni en los publicados después basados en ellos. Solo Gallimard los incluye bajo el epígrafe XXXIIIbis. En el hecho histórico, también debía ser posible cierta duda sobre la veracidad de la información de José a Peña (en su caso, del campesino a Malraux).
Previendo su beneplácito, el valenciano ha convocado ya a Santpere, Mejuto (que deberá regresar por la noche al cuartel) y a José María Lado, que están charlando en un plató contiguo a la gran sala donde se erige el avión de contrachapado, rodeado de dos plataformas donde se han colocado las dos Debrie Super-Parvo. Berenguer tiene a mano también una pequeña Eyemo. Max les llama.
—A la puerta.
Van entrando la tripulación, algunos extras vestidos de aviadores. El recinto, un espacio interior sin ventanas, está totalmente oscuro. Un foco lateral ilumina la escena. Detrás de ellos, Lado entra a continuación, con cara de asustado, mirando a ambos lados.
Después sube Santpere, situándose de forma que permite la visión de la puerta. Mejuto se queda en la puerta (él pilotará el teórico segundo avión) para concretar los detalles con su comandante.
—Entonces, comandante, ¡para la orientación no habrá control hasta Teruel?
—Luego la dirección será la carretera de Zaragoza hasta su pueblo.
Muñoz asiente. Luego, mirando a su derecha, ve a José.

—Esperemos que reconoca el terreno… En seguida, el puente. Ya será de día.
—Demasiado tarde para ellos.
Muñoz se retira y el comandante coge el mando de la puerta.
—¡Corten! ¡Perfecto! Muchas gracias a los dos. Ello empalmará perfectamente con el cierre de puerta que rodamos en Sabadell el otro día desde el exterior. Vamos a comer algo.
A pesar de las malas noticias del frente, a pesar de los bombardeos casi diarios, el haber arrancado con el medio avión ha sido una inyección de ánimo, que buena falta hacía. Los periódicos realzan el heroísmo de las tropas republicanas “en las zonas del Ebro y el Segre”[xxiv], presagio de un ataque fascista en toda regla para conquistar Cataluña. Las Cortes se resisten a declarar el estado de guerra, lo que afectaría al posicionamiento internacional, pero mantienen, lógicamente, el de alarma.
Al día siguiente, con los mismos actores más el que interpreta al piloto Pujol, siguen con algunos planos del vuelo del Potez. Les ha fallado, como tantas veces, Julio Peña, imprescindible en algunos planos que se dejan para más adelante. Aub, indignado, ha sugerido que quizá tenga que ir a buscarlo el SIM. Ha murmurado lo suficientemente alto como para que el cámara le oyera:
—Es a éste y no a Manuel a quién deberían controlar, ¡joder!
Con Pujol pilotando, los rostros de Lado y Santpere, en un plano medio. Malraux ve con satisfacción el buen hacer de quien hace de campesino. Lo indica con una mueca hacia Josette, que hoy sí ha venido. Hoy no necesitarán aún el retroproyector[xxv] para incorporar el fondo de nubes que rodaron días atrás, con riesgo de su vida. Se había intentado con un espejo, pero la prueba no funcionó[xxvi]. La cosa puede ir razonablemente rápida.
Para darle confianza, Peña coge por el hombro a José:
—Dentro de un momento atravesaremos las nubes.
Ojos atónitos de José. Nunca había imaginado las nubes desde arriba.
—Aquí intercalaremos un plano de nubes —susurra André al oído de Josette.
—La tierra —señala Peña. José se vuelve hacia él.
—¿La nuestra?
—No. La de ellos.
Malraux mira a Aub que sonríe. Estas frases no estaban previstas y el francés lo ha detectado. No sabe si le gusta, podría dar indicios de pesimismo, pero por otra parte realza el factor riesgo de la expedición. Mira a su amigo y asiente. Siguen:

—¿Ahí está Teruel? —pregunta el campesino.
Los aviadores se miran. Inquietud ante el pasmo de José. Pujol, a los mandos, pregunta[xxvii]:
—¿Reconoce el sitio?
No hay respuesta. Terminan con el plano medio:
—Ahí tienes la carretera de Zaragoza.
Ante la mirada perpleja, aturdida, atemorizada de José, que se agacha desapareciendo de foco, Peña indica a Pujol:
—Vuelve a subir… Compás 274. Ese campo debe estar poco más o menos a veinte kilómetros: cinco minutos justos.
Pujol, inquieto: Si no damos con el campo enseguida, dentro de unos momentos tendremos sus cazas en las narices.
—Nos tapan las nubes.
—Sí, en Teruel no nos han visto. No nos han disparado.
Pero sigue la inquietud. El actor que encarna a Pujol tiene su momento de gloria.
—Pero el tío ese qué: ¿todavía no sabe dónde es? Si no se ve, ¿qué hará?
Esta última pregunta, introducida también por Max Aub, que se esfuerza en hacer inteligible el conjunto de la narración.
Aunque se ha narrado con continuidad, el rodaje ha llevado todo el día. El hecho de que la imagen dependa de un foco, que los actores, provenientes del teatro, no tengan presente su posición frente a la cámara, y algunas dudas en el texto retocado, han requerido más esfuerzo del que hubiera sido deseable. Pero Malraux está contento.
Queda mucho por rodar. Pero se suspende el rodaje con actores hasta la semana siguiente. Berenguer, con sus ayudantes Ramírez y Piquer, sí seguirán rodando brevísimos fragmentos de continuidad: una brújula, un altímetro, un reloj de pulsera marcando una hora matutina…
Algunos del equipo de rodaje, los afiliados al sindicato anarquista asistirán durante el fin de semana a las conmemoraciones de la muerte de Durruti que se harán en diversos puntos de la ciudad[xxviii].
Durante el fin de semana Max Aub aprovechará un momento de asueto en el Majestic donde han acudido Malraux y Josette para almorzar juntos, para sugerir:
—Josette, te veo alicaída. ¿Te sientes sola?
Un gesto de asentimiento es su respuesta. No quiere preocupar a André.
—¿Me permites una sugerencia? Quizá podrías invitar de nuevo a Suzanne a que viniera a Barcelona. Ya sé que Elvira y las demás secretarias se preocupan por ti, pero no es lo mismo. Sin Paule… seguro que la echarás de menos.
Josette sabe del interés de Max por su amiga Suzanne Chantal. Sabe incluso que le ha escrito alguna carta con un tono más allá del simple saludo[xxix]. Sonríe para sus adentros. Quizá sí, quizá se lo pida a su amiga, aunque con tanto bombardeo…
NOTAS:
[i] La Vanguardia, 30.10.1938. Página 1
[ii] Sin datos de la época, posteriormente colaborará como guionista en dos largometrajes de la primera época franquista: Un hombre de negocios (1945) y Dos cuentos para dos (1947). Aparecerá en algunos créditos (Archivos de la Filmoteca, 4: 49) como Secretario de producción.
[iii] Sin datos de Ramírez. Piquer sí siguió trabajando después de la guerra: https://www.imdb.com/es-es/name/nm0685039/
[iv] No hay constancia de esta comida, pero entra dentro de lo posible y sirve para introducir futuros pasos de la historia del rodaje.
[v] https://www.residencia.csic.es/jae/protagonistas/47.htm
[vi] En la relación de la página 3 de La Vanguardia del 30 de octubre de 1938, entre muchos otros, aparecen: Hidalgo de Cisneros, general de Aviación; Méndez Aspe, ministro de Hacienda; Sánchez Arcas, subsecretario de Propaganda y Hernández Sarabia, subsecretario del Aire.
[vii] Ce soir, 30.10.1938, página 2, artículo de Louis Aragón sobre el incendio que asoló numerosas casas de La Cannebière, zona de calles estrechas y edificios antiguos. En aquel momento se contabilizaban ya 64 muertos o desaparecidos.
[viii] Sugerencia de David Gesalí al autor. (GESALÍ, David y IÑIGUEZ, David (2012) La guerra aèria a Catalunya (1936-1939). Barcelona, Rafael Dalmau editor.
[ix] https://fundanin.net/2019/09/30/por-la-revision-del-proceso-del-poum-o-la-amnistia-inmediata-1938/
[x] Un visión escueta pero acertada sobre los posicionamientos del POUM en: PAGÈS, Pelai y GUTIÉRREZ ÁLVAREZ, Pepe (Eds.) (2014) El POUM y el caso Nin, una historia abierta. Barcelona, Laertes. Página 245 y ss. (Epílogo: Nueve consideraciones sobre el lugar del POUM en la batalla de las ideas, por Pepe Gutiérrez Álvarez)
[xi] En El mono azul (10.6.1937, página 1) se recoge la siguiente declaración del ruso: “En 1926, Malraux estaba al servicio del Comintern y del Kuomintang chino; es uno de aquellos directos responsables de la estrangulación de la revolución en aquel país… … Malraux es orgánicamente incapaz de independencia moral. Es funcionario por vocación».
[xii] Malraux declaró en La Voz el 2.4.1937, en primera página: “»Las obsesiones personales de Trotski confunden sus perspectivas políticas”
[xiii] Un personaje de Max Aub, socialista convencido, de Campo del moro, novela escrita en 1962, dice: Los comunistas han hecho gastar al pueblo casi tantas energías para oponerse a sus propósitos dictatoriales como las que le ha costado enfrentarse a Franco.
[xiv] MIRAVITLLES, Jaume (1972), Episodis de la guerra civil espanyola. Barcelona, Ed. Pòrtic. Página 189.
[xv] Ver capítulo 4.2.2. de La verdadera historia del rodaje de Sierra de Teruel.
[xvi] Archivos de la Filmoteca nº 3 (1989). Página 282.
[xvii] El día 2 de noviembre hubo un bombardeo en Lérida con numerosos muertos y heridos, que quedó inmortalizado en la cámara de Centelles.
[xviii] Ce soir, 10.11.1938. Página 1.
[xix] A las 10:30m cinco aviones italianos bombardearon también la zona antigua de Barcelona y sus alrededores. El ataque causó tres muertos y dieciocho heridos. (ALBERTÍ (2004): 303).
[xx] MARION (1970): 63-66 para el conjunto de la anécdota.
4.4.2.
[xxi] CHANTAL (1976): 119.
[xxii] El mismo día 15, las tropas de Tagueña se retiran, quedando el frente igual que al inicio.
[xxiii] https://www.visorhistoria.com/secuencia-xx-pasar-las-lineas/
[xxiv] La Vanguardia, 15.11.1938. Página 1.
[xxv] Orphea disponía de equipo de retroproyección. Información del restaurador de la copia, Ferran Alberich, al autor. El guion mecanografiado (IVC, página 81) indica: PROYECCIÓN DE FONDO (sobre “Espejo”, que está tachado): Estos planos serán rodados en el estudio ante una pantalla sobre la que se proyectarán las vistas tomadas especialmente para cada caso.
[xxvi] En la versión mecanografiada de la Fundación Max Aub (AMA C.32 -14/1) se indica “ESPEJO”, siendo posteriormente corregidos algunos puntos a mano por Max Aub (IVC, Fondo Max Aub)
[xxvii] Erróneamente, en los guiones mecanografiados y los posteriormente publicados, se indica que quien hace la pregunta es Muñoz, lo que es imposible pues el personaje interpretado por Mejuto debería estar pilotando el segundo Potez de la expedición. Sin embargo, más adelante (“¡agarrótate!”), volverá a aparecer en los guiones.
[xxviii] El día grafico: Año XXVI, nº 6902 – 20 noviembre 1938. Página 1. También en Madrid : Claridad, 21.11.1938. Página 4.
[xxix] El 15 de novembre, le habrá escrito desde el hotel Victoria de Perpiñán: “Il est rare que se passe un jour sans que nous parlions de vous, Josette et moi. C’est peut-être incompréhensible là-bas en haut, à Paris, je trouve cela naturel parce que vous êtes brune et humaine et vous me plaisez naturellement“ (fotocopia de una carta manuscrita cedida gentilmente por el añorado amigo Gérard Malgat).
4.4.3.