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PRIMEROS DÍAS EN PARÍS

Publicada el 31 julio, 202611 agosto, 2026

Parte 4.7. de La verdadera historia del rodaje de Sierra de Teruel 

Esta es la última parte de nuestra narración del rodaje de Sierra de Teruel, la que tiene menos referencias personales y bibliográficas que las anteriores. Se intentará en lo posible seguir los pasos de André Malraux, Max Aub y algún otro protagonista de este relato, pero se deberá también utilizar el recurso a la conjetura, a la presunción de que algunos hechos sucedieron a la luz de otros de los que sí se posee base documental. Más allá de la finalización de la película que protagoniza estos escritos, nuestros personajes tenían numerosos frentes abiertos, en su vida personal y social, cuyo análisis excede el objetivo de este estudio.

4.7.1.- Primeros días en París.

Max Aub ha llegado a París ya en la segunda semana de febrero, después de un viaje muy accidentado. Tras haber salido de Barcelona en la madrugada del 25 de enero, víspera de la entrada de las fuerzas rebeldes en la ciudad, todo el equipo se dirigió a la frontera francesa donde, como se ha visto, una oleada de gente estaba esperando la autorización francesa para pasar al exilio. Unos 200.000 soldados y muchos civiles —mujeres, niños y ancianos entre ellos—, se agolpaban en todos los pasos fronterizos, ateridos de frío, de hambre, de cansancio, de ausencia de perspectiva de futuro. Un total de unos 450.000 fugitivos pasaron la línea en quince días. No sabían que les esperaba, pero quién pudo leer L’Independant[i] vio que, en un solo día, habían atravesado por uno de los menos frecuentados pasos, Prats-de-Molló: 121 carabineros, 255 guardias de asalto, 121 oficiales, 98 milicianos, 81 brigadistas, 234 civiles, 3 profesores, 4 médicos y 1 judío, además de numerosas cabezas de ganado. Toda una premonición. Por su parte, el grupo de Malraux fue hasta Figueras, donde pudieron asistir a la última sesión de las Cortes republicanas el 1 de febrero. Leamos como se lo cuenta Max Aub a su esposa, que le esperaba ansiosamente en París.

Después de haber acompañado al camión con el medio-avión de contrachapado hasta Joinville-le-pont, y de que Roland Tual, que le esperaba ansioso, le haya indicado la nave donde quedará guardado para futuros rodajes, se ha dirigido a la calle Capitaine Ferber, donde en su número 7 le espera su esposa Perpetua, que acaba de mudarse allí gracias a las gestiones de su amigo Roland Simon y su esposa[ii].

—Peua, cómo te he echado de menos. ¿las niñas están bien?

—Sí, claro. En casas distintas, pero bien acogidas. Elena está con una familia humilde que la adora, creo que son de origen italiano[iii]. En cuanto podamos las vamos a ver. ¿Cómo tardaste tanto?

—¿Y tú? Esto no es el boulevard Souchet, ni tan siquiera la rue Pelleport.

—De momento es lo único que nos podemos permitir. Hago trabajos de costura para algunas casas, me ayudan esporádicamente algunos amigos… Necesitaba tanto que volvieras.

—Sí yo te contara…

Y, después de darse una ducha y devorar un par de huevos fritos, se dispone a hacerlo.

—En el camión iban el medio avión con las cámaras y el resto del material; en otros tres coches, los actores y los técnicos. Llegamos a Figueras con la intención de seguir trabajando. Había quedado olvidado el trípode de la cámara. Quisimos volver, pero Barcelona estaba ya en manos de los fascistas. Los carpinteros se pusieron a fabricar uno[iv]. No puedes imaginar qué días:

El paso de frontera

avanzando lentamente con coches y el camión con la maqueta del avión, a la que todos miraban con recelo. No era muy apropiado ocupar la caja de un vehículo para una tontería así, mientras la gente huía a pie, en carros, en coches que atascaban las carreteras. Y encima, siendo bombardeados por los italianos. ¡Dantesco!

¡Ah!, pero lo peor fue que no pudo pasar el camión. Acababan de abrir la frontera a los soldados, a los que obligaban a dejar todo el armamento — fusiles, cañones, incluso tanques—, en manos de los gendarmes franceses. No podíamos dejarlo allí para que nos lo requisaran; creemos que lo necesitaremos para rodar algún plano en Joinville, donde lo he llevado antes de venir a casa. Pasé unos días en Perpiñán hasta conseguir un permiso de las autoridades francesas. Luego, con un chófer francés, regresé a España y recogí el camión con el armatoste y después de pasar la frontera por Cerbère —papeles y mil papeles—, nos hemos venido a París.

Besa a Peua, la mira, está más delgada. Los problemas solo han empezado. Los papeles…

—Mi pasaporte va a caducar en unas semanas, lo conseguí en Barcelona pocos días antes de salir pitando. Lo primero que he de hacer es asegurar nuestra situación aquí. En Joinville me han dicho que son muy estrictos con los permisos de residencia, y más en París. Pero si quiero seguir con un mínimo de apoyo es aquí donde debemos permanecer. Aquí tengo amigos, está Malraux y la película —Peua hace un gesto de incomodidad, ¡la dichosa película! —. En cuanto haya descansado un poco me pongo en marcha. Mañana mismo empiezo a incordiar a los amigos. A saber dónde estará Malraux, en su casa de la rue du Bac, con Clara, o en algún hotel con Josette (piensa, pero no lo dice: “quizá Suzanne lo sepa”[v]). Y el lunes iré a la embajada a ver qué puedo conseguir… si aún están ahí. Seguro que Pascua estará desbordado, pero lo he de intentar. Lo probé por un momento en el consulado de Perpiñán, con Bernal[vi], pero apenas le vi, comprendí que no conseguiría nada. Está enfermo y además con el consulado desbordado. No puedes imaginarte la situación en el sur.

Pero un pasaporte español no le bastará, dado que ahora se exige un permiso de residencia, de tiempo limitado y con algunas cortapisas. Ya en abril, gracias a sus amigos André Chamson y Léo Lagrange[vii], conseguirá entrevistarse con el ministro del Interior de Francia, Albert Sarraut, que lo remitirá a un subalterno. Este, harto de españoles en busca de soporte documental, se limitará a dar una autorización de estancia en la región del Sena mientras dure la investigación sobre su perfil político.

De momento su prioridad, además de los documentos, es la supervivencia. Necesita algún ingreso, por modesto que sea, para Peua y para él. Su proyecto de editar las obras de Azaña, para lo que ha solicitado el permiso por carta, solo puede pasar por Gallimard, o sea por Malraux. A los pocos días, irá a Joinville-le-pont, donde dejó el medio avión y donde espera encontrar a su amigo.

Malraux, al llegar a París, se ha puesto de inmediato manos a la obra para acabar la película. Denise y Roland Tual, con los rollos que tenían más los que han traído de España, han comenzado ya a mirar posibilidades de montaje. Con la incorporación de André y del montador que ha contratado, George Grace[viii], antigua pareja de Suzanne Chantal, la amiga íntima de Josette, se inician unas jornadas frenéticas, aunque de desánimo por el poco material disponible. Sólo a veces aflora el entusiasmo al ver en la moviola secuencias que consideran magistrales. Además, George aporta pequeños detalles —el vuelo de las palomas después de la muerte de Carral, por ejemplo— hallados en la filmoteca Pathé, de la que había sido fundador[ix].

A. MALRAUX, S. CHANTAL et G. GRACE à La pomme d’api

—Han salido a comer —le dice un conserje a Aub, dándole indicaciones de donde están.

La Pomme d’Api, bordeando el Marne, es un lugar acogedor y tranquilo, a unos diez minutos de los estudios. Aunque ellos —Malraux y Josette, los Tual y George—, ya están tomando café, a Max le sirven un entrecot que le sabe a gloria. Suzanne no ha venido hoy.

—Tenemos algo más de la mitad de lo necesario[x] —le comenta un agobiado André—. Perdimos alguna bobina en el camino. Pero tenemos que apañarnos. Y pensar en rodar aquí una parte de lo que falte. ¿Sabes dónde están los actores?[xi]

—Ni idea. ¿Quién te haría falta?

—Desde luego, Mejuto para los planos que quedaron pendientes del interior del avión. Y quizá aquel joven… Serafín[xii]. No sé si la secuencia del dormitorio de la escuadrilla se podrá encajar con lo que tenemos.

Interviene Grace:

—Veremos de hacer un primer montaje. Nos va a llevar algunos días. Menos mal que consiguió usted traer finalmente el avión, bueno, la maqueta.

—¿Necesita algo, Max? ¿Tiene los papeles en regla? Si podemos hacer algo. Ya sabe que el pasado 14 se dictó un decreto específico para el control de los españoles[xiii].

—Sí, y estoy haciendo lo imposible. Estoy esperando una carta de Azaña que me avale para editar sus obras completas. Cuando la tenga, le pediré que vayamos a Gallimard para hablar ya en serio. Otros amigos están ya ayudándome en los papeles.

—Se habla de que Francia reconocerá al gobierno de Franco[xiv]. Esto se acaba.

—Pero el mensaje debe permanecer. Ha de quedar un testimonio de la solidaridad, del heroísmo. Ahora es más necesaria que nunca la película, aunque no haya ya esperanza —dice Aub a quién la comida le ha dado nuevos bríos. La esperanza en peligro, tema que aflorará en varias de sus futuras obras. Malraux, cogiendo a Josette del brazo, le apunta:

—Si quiere contactar conmigo venga aquí. Para nada pase usted por la rue du Bac. Clara está imposible, el teléfono no para. Además, todos los amigos me han recomendado que no llame la atención —mira a Josette de soslayo­—. No son momentos para entrar en disputas[xv].

Sigue la conversación entreverando recuerdos de los últimos días en Barcelona con iniciativas de futuro, el corto futuro que se atisba en una Europa a punto de entrar en guerra. Aub se despedirá de ellos con unos centenares de francos en el bolsillo que le ha dado Tual. Peua se alegrará de que haya reanudado la amistad con la gente de la película, si ello significa apoyo para su precaria situación.

A finales de mes[xvi], Francia reconocerá al gobierno de Franco. Quedan pocos días para el fin de la guerra en España. Ni tan siquiera han podido esperar guardando las formas.

Aub sube jadeando las escaleras de su buhardilla. Entra con un sobre en la mano y abraza a Peua.

-¡Ya llegó! Una carta de Rivas-Chérif, su cuñado, autorizándome a editar las obras del presidente. Por eso tardó más de lo esperado. Se ha ido a la Alta Saboya. Creo que hace bien en alejarse de las disputas, egoísmos y personalismos entre exiliados. Dimitió, ¿verdad? Pues ya está. Además, estar cerca de Suiza puede permitirle refugiarse allá si las cosas empeoran, tal como parece.

Poco después, se enterará de la coincidencia, ya que la carta está fechada el mismo día de la dimisión del presidente, proclamada, tal como prometió, al saber que Francia reconocía al gobierno de Franco[xvii].

A mediados de marzo Grace habrá conseguido montar algunos grupos de secuencias. Las miran y remiran. Faltan rácords por todas partes; algunas secuencias aún no rodadas ya no podrán serlo, como todas las que implican material bélico. Las secuencias XVI a XXIII[xviii], que suceden en el puesto de mando de Jiménez, quién intenta romper el asedio de Linás, ya no podrán ser filmadas. Es impensable que Francia, en estos momentos, autorice el empleo de explosivos, tanques y caballería para una película de apoyo a una República que ella misma acaba de enterrar.

Tampoco induce al optimismo la búsqueda de una banda sonora. Después de haber pensado en la Marcha fúnebre de Chopin y en la Marcha lúgubre de Gossec, de la que no se ha podido hallar una partitura, se ha concertado un encuentro con Darius Milhaud, a propuesta de la esposa del director de los estudios, Denise Tual. Se han reunido en casa del compositor, en el boulevard Clichy, acogidos por él y su esposa Madeleine. Al principio ha reinado la reticencia. Malraux no ha escondido la situación precaria del filme, pero ha subrayado que la secuencia final ha de ser solo cubierta por la música, sin los sonidos bélicos, rurales o poéticos de otras secuencias. Cierra con: “aquí, ni texto ni ruidos… La música se instalará para inundar el final de la película… de lloros y sollozos”[xix].

Finalmente, Milhaud ha aceptado ver la secuencia sugerida, que le proporcionará Grace. El resultado será una nueva composición al efecto, de casi un cuarto de hora de duración[xx]: Cortege funèbre.

En presencia de Malraux, Page, Tual, el montador Grace y esporádicamente Aub, se sigue montando el rompecabezas de planos y secuencias rodados en circunstancias precarias, con iluminación no siempre adecuada e incluso rollos de película de características técnicas distintas.

—Bueno —declara un abatido Malraux—. A menos que las que tenemos tengan el suficiente sentido. Los capítulos con la escuadrilla están bastante completos; quizá nos falte redondear las disquisiciones en su dormitorio. Por otra parte, tenemos la bajada: esa sí que está bien y, con la música que está componiendo Milhaud, quedará perfecta. Grace, tuvo usted una buena idea al pasarle la última secuencia ya editada. Dice que en unos días tendremos la partitura y una grabación. Si encontráramos a Mejuto, podríamos hacer algún plano adicional en el interior del avión que tenemos a salvo gracias a Max, y rehacer la del dormitorio de la escuadrilla, que quedó corta.

Max, con un gesto, le quita importancia al valor de haber retrocedido hasta la España franquista, habiendo pasado ya inicialmente la frontera con todo el grupo. Sí, el avión está en Joinville gracias a él. Puede seguir siendo útil.

—Como ahora, por mis dichosos papeles, estoy viendo muchas entidades de ayuda, les preguntaré por Mejuto. Estaba asignado al Estado Mayor de la Agrupación Autónoma del Ebro, dentro del XVIII Cuerpo de Ejército. Era capitán según me dijo[xxi]. Si sé algo, ya os lo diré.

El escritor dará voces. En un encuentro con su amigo, el escritor André Chamson para pedirle acceso al ministro del Interior Albert Sarraut[xxii], comentarán la buena labor que están ejerciendo los cuáqueros[xxiii] en los campamentos del sur. Si está, ellos pueden encontrarlo.

Y así será[xxiv]: Lo localizarán, obtendrán una carta de Pablo Neruda apoyando a Severino Andrés Mejuto Carvallo y lo sacarán del campo. Después de unos días en Toulouse, le conseguirán, además, un permiso temporal de residencia en París. Allí se encontrará con Malraux y Aub:

—¡Eres un aparecido!, ¡cómo te he buscado! Y te he buscado por dos razones: primero porque eres mi amigo y quería saber que te pasaba y segundo, porque te necesito, porque la película está sin terminar[xxv].

—Pues a vuestras órdenes —dice con una sonrisa y un remedo de saludo militar—. Menudos días he pasado —y con una sonrisa cáustica, añade— , hasta la armónica perdí. Pero tened en cuenta que, en cuanto pueda, me largo de aquí. Los cuáqueros no tienen barcos, pero ya me apañaré[xxvi].

—Pues el lunes te espero en Joinville. Y te traeré una nueva armónica. Vamos a celebrarlo con un banquete en La Pomme d’Api en tu honor.

—Me apunto —concluye Max Aub.

NOTAS:

[i] L’Independant, 1.2.1939. Página 3

[ii] MALGAT (2007): 82.

[iii] Declaraciones de Elena Aub a Gérard Malgat. MALGAT (2007): 85

[iv] Texto íntegro de Max Aub en el Prólogo de: MALRAUX, André (1968) Sierra de Teruel. México, Ed. Era. Página 9. Sigue con el relato aunque con alguna discrepancia que se analizará en entrada aparte. Queda por saber qué actores pasaron con ellos, dado que ni Santpere, ni Julio Peña y posiblemente Lado y Telmo consta que pasaran. Quedaría por analizar a Mejuto (que pasó a un campo de internamiento con el ejército), Nicolás Rodríguez y Serafín Ferro, que fueron al exilio pero sin conocer la vía. Ello podría dar luz a saber qué secuencias se acabaron filmando en Francia.

[v] Debía conocer la dirección en la que vivía Suzanne por haberle escrito algunas cartas.

[vi] VIÑAS, Ángel (dir.) (2010) Al servicio de la República. Diplomáticos y guerra civil. Madrid, Marcial Pons. Página 372.

[vii] MALGAT (2007): 83

[viii] Solo en un libro he hallado un error, al indicarse como montadora a la compositora Marguerite Monot (1903-1961): GALANTE (1973): 133. Ninguna otra pista nos lleva a ella.

[ix] CHANTAL, (1976): 123.

[x] CATE (1994): 335.

[xi] Ver nota III.

[xii] Serafín F. Ferro pasó al exilio, pero no hay constancia de que se uniera al equipo de rodaje. Ver: https://www.visorhistoria.com/el-deseo-truncado-serafin/

[xiii] DREYFUS-ARMAND, Geneviève (1999) L’exil des républicains espagnols en France. Paris, Albin Michel. Página 60. Especificaba que solo dejarán de internarse en los campos a los que puedan certificar de que tienen algún pariente o contacto en Francia que asuma la responsabilidad sobre ellos, comprometiéndose a no solicitar ninguna ayuda del Estado.

[xiv] Lo haría el 27 de febrero.

[xv] TODD, Olivier (2002): 304. Se lo recomiendan amigos como Drieu de la Rochelle, Gide o Paulhan.

[xvi] Ce soir, 28.2.1939. Página 1. Los Comunes ingleses han hecho lo propio. Añade: que los medios “nacionalistas” españoles declaran que Franco se incorporará al eje Berlín, Roma, Tokio, Budapest

[xvii] JULIÁ, Santos (2018) Vida y tiempo de Manuel Azaña (1880-1940). Barcelona, Taurus. Página 452.

[xviii] Salvo la XX dedicada al paso de frontera de José y Pío, con la petición de información en un cafetín, donde el propietario asesinará al segundo.

[xix] TUAL, Denise (1980). Le temps devoré. Paris, Fayard. Página 154.

[xx] https://www.youtube.com/watch?v=Cg-XtMrxJwA

[xxi] GONZÁLEZ-TABLAS SASTRE, F.J. (2016) Dos sombras y una guerra. En: http://www.mcu.es/ccbae/es/catalogo_imagenes/grupo.cmd?path=11564

[xxii] MALGAT (2007): 83

[xxiii] https://revistaseug.ugr.es/index.php/dynamis/article/view/15657/13575

[xxiv] Archivos de la Filmoteca nº 3: 286.

[xxv] Textual en la cita precedente.

[xxvi] Mejuto partió al exilio en el vapor Massilia, llegando a Argentina el 5 de noviembre de 1939: https://www.visorhistoria.com/mi-visa-por-un-caballo/

4.7.2.

𝙎𝙄́𝙂𝙐𝙀𝙉𝙊𝙎 𝙔 𝘾𝙊𝙉𝙎𝙀𝙂𝙐𝙄𝙍𝘼́𝙎: 𝙉𝙀𝙒𝙎𝙇𝙀𝙏𝙏𝙀𝙍 𝙈𝙀𝙉𝙎𝙐𝘼𝙇 / 𝙋𝘿𝙁𝙨 / 𝙎𝙊𝙍𝙏𝙀𝙊𝙎 𝙏𝙍𝙄𝙈𝙀𝙎𝙏𝙍𝘼𝙇𝙀𝙎

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