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DICIEMBRE 1938 (4-5-1 – 4-5-6)

ÍNDICE

4.5.    DICIEMBRE.. 1

4.5.1.- Los comités. 1

4.5.2.- Con dinamita podemos. 3

4.5.3.- Los dos cabecillas. 5

4.5.4.- Necesitamos coches. 8

4.5.5.- Bastará ponerles mecha. 10

4.5.6.- Navidades. Aparece Julio Peña. 12

 

4.5.    DICIEMBRE

4.5.1.- Los comités.

La situación es cada vez más caótica. La asistencia de Peña es cada vez más errática, Mejuto está pendiente cada día de las llamadas del Ejército del Este, al que fue a parar su antigua 72ª División del fallecido comandante Enciso[i],  al quedar diezmada en marzo. También preocupan los constantes bombardeos, aunque al haber decidido rodar en interiores y a menudo de noche, el inconveniente se ha convertido casi en una rutina.

Malraux está también preocupado por Josette. Los días que va con él al Comissariat de Propaganda o a los estudios Orphea se anima: charla con Elvira o Zoé, e incluso ha ido a tomar algo con María Luz Morales. Pero los días que, a causa de las alarmas, se ha quedado en el hotel, se ha incrementado su desánimo y pesimismo. La pareja se está planteando una escapada a París, aunque sin fecha, a la espera de los acontecimientos.

Para el rodaje, dan prácticamente por perdidas las tomas del avión acabado de estrellar entre la nieve. No pueden desplazarse al Pirineo, no hay gasolina ni disponibilidad para trasladar a la docena de personas requeridas, y mucho menos los restos de un avión, fuera o no un Potez. Quizá en Francia sugiere Aub, intentando que no trasluzca su impresión de que más pronto que tarde acabarán allí y con Franco en Barcelona.

Como la situación empeora por momentos en Barcelona, han decidido desplazarse el lunes 5 de diciembre a la orilla del rio Llobregat para visitar Montserrat, subiendo al monasterio por el funicular aéreo que utilizó Berenguer en octubre para rodar el choque del avión. Por consejo de Berenguer, cada día más en su puesto, lo han repetido durante dos viajes. Después de la segunda subida, han entrado en el monasterio, pero no han sido bien recibidos. En la enfermería, agoniza la esposa del comisario Gerhard[ii], que morirá dos días después. Tampoco está Altolaguirre. Así que deciden bajar en el aéreo y, con la furgoneta que los ha llevado hasta la estación, acercarse a Collbató donde los recuerdos animan la jornada. Josette ha ido a ver a la niña a la que se indicó que encogiera las piernas al paso del féretro de Saïdi; Malraux ha saludado a las viejas que permitieron un trávelin que será de lo mejor de la película. Entretanto, Berenguer y su ayudante Piquer, después de tomar algunas panorámicas de la montaña —que para algo servirán—, se han agenciado un conejo en salsa que ha sabido a gloria a todo el grupo.

Dos días después sigue la imposibilidad de juntar los actores que encarnan aviadores, por la ausencia de Peña y el miedo cerval cada vez más acentuado de Pedro Codina a desplazarse de Lloret a Barcelona. Así que se decide avanzar rodando las secuencias del comité de Linás. Lado está muy bien dispuesto, también José Telmo y algunos de los extras que participaron en el rodaje de Tarragona y que no cortan su relación con el rodaje, ya que les protege de posibles redadas.

La actividad en el Pueblo Español se ha visto algo reducida, y Aub ha conseguido que les presten una sala espaciosa de la reproducción del ayuntamiento de Valderrobres, desde sus ventanas se ven casas rústicas de la plaza Mayor, lo que evitará que se necesite retroproyector. Se intentará, por una vez, seguir el orden de las secuencias en la medida de lo posible. Para las dos primeras (XII y XIII) además de Lado y Telmo, se necesitarán algunos actores secundarios que deberán ejercer de Gustavo, el presidente del Comité de Linás y el maestro, además del que ya colaboró con Lado en el papel de Pío cuando rodaron por primera vez en el Pueblo Español la secuencia de la taberna (XX).

Secuencia XII. Linás

Tres mesas en semicírculo, con el presidente en el centro y diversos extras sentados a sus lados, uno de ellos Pío. Algunos más, de pie. La cámara, al fondo. José, el campesino que ha descubierto un campo de aviación rebelde, da un fuerte puñetazo en la mesa, negándose a desvelar en público su ubicación.

Simultáneamente entra Gustavo, al cargo de los heridos en el asedio que sufre el pueblo, cada vez más. El maestro ofrece la escuela como lugar para acogerlos. Sigue la discusión del presidente con José. Interviene Pío:

—José tiene razón, ya hemos hablado bastante…

Ante la tozudez de José, un grupo se levanta. El presidente sugiere que para pasar las líneas deben ser un grupo numeroso, a lo que José renuncia. Le acompañará solo Pío.

En teoría son apenas dos minutos de rodaje: algunos planos generales y también unos medios de José, Pío o el presidente. Un trávelin circular acompañará al grupo indicado por el presidente al distribuidor. Allí, el campesino rehúsa una pistola mostrando una navaja.

—No gracias. Está bien así.

Sin embargo, ha llevado todo el día. La docena y media de extras ha dificultado en gran parte el rodaje. Algunas tomas, a pesar de haberlas repetido, no servirán en el montaje final, como el comentario del Campesino tercero, que al ver la pistola rechazada dirá pesimista: “Hubiese debido tomarla… Para lo que nos ha de servir…”

Por la noche, en el Ritz, Josette espera ansiosa a André. Tiene un telegrama en la mano: su amiga Suzanne le indica que unos amigos las han invitado a un concierto en Le Puy. Una ocasión única para respirar aire puro, para dejar de oír las estridentes alarmas, para vivir.

André no está por la labor. No tiene el dinero que sabe que Josette necesitará. Es incapaz de asistir a un acto público sin un vestido de estreno. Y la peluquería, los complementos, por no hablar de los billetes de avión.

Una semana después, la compañera de Malraux responderá a su amiga[iii]:

“He preguntado a André por la cantidad que puedo disponer para ello. Me ha contestado: Nada. Comprenderá usted que en Le Puy sin dinero en el bolsillo, sin peluquería… Me he calmado y escribo esta carta que no le gustará recibir y que termino tristemente”.

Quizá pueda ser en enero. Ella seguirá insistiendo. O quizá venga su amiga a Barcelona, aun a pesar del peligro y la escasez.

SABER +:

Linás asediado.

4.5.2.- Con dinamita podemos.

Durante los siguientes días dispondrán de los mismos extras que durante el rodaje en la calle Santa Ana —parece que hace siglos—, voluntarios de la ciudad ayudando al pueblo sitiado. Ello asegura la continuidad de la secuencia XII con la XIII, en la que, idos ya José y Pío, llegará González a Linás con algunas armas y unas cajas con dinamita, expedición que se refleja en la salida de la ciudad en la secuencias IX y X. José Telmo va entrando en el papel. Ha perdido algo de su hieratismo inicial durante el rodaje en la droguería[iv]. Asume su papel de dinamitero asturiano.

La situación en Barcelona es caótica, a pesar de algunos intentos de pacificar, al menos, la política interna. El día 8, Companys ha invitado a almorzar a Negrín, acompañados de los responsables de finanzas de las dos entidades: Méndez Aspe por la República y Tarradellas por la Generalitat. Ninguno lo mencionará, pero en el interior de cada uno bulle la idea de la caída de esta zona en manos rebeldes y, con ella, el destino de los fondos existentes. Mandarlos a Madrid para continuar la resistencia sería suicida, pero la gestión de su paso a Francia tampoco será fácil, en especial si se decide por separado. De todas formas, en la prensa se vende la idea de una cierta concordia[v]. Otra acción en el mismo sentido ha sido el viaje de parlamentarios catalanes a Madrid llevando una carta del propio Companys[vi] al alcalde de esta ciudad, señor Henche. Miravitlles los acompaña. Pero no todo es tan plácido. Met, quizá molesto por la tendencia de Aub a buscar apoyo en las autoridades republicanas y no en las catalanas, está cada vez más distante.

Secuencia XIV

En la sala del edificio reproducción del ayuntamiento de Valderrobres, en la Plaza Mayor del Pueblo Español, con el mismo elenco de la semana anterior y algunos figurantes más, algunos conseguidos en el sindicato del espectáculo y otros entre los refugiados en el estadio de Montjuic, se rueda la llegada de González con el escaso material de apoyo. Excitados, de pie en el centro de la estancia,

PRESIDENTE: ¿Cuántos fusiles?

GONZÁLEZ: Doscientos kilos de dinamita. Y nuestras tropas han llegado al río.

PRESIDENTE: ¿Cuántos fusiles?

Las caras se van agriando. Sigue la conversación hasta que el presidente del Comité de Linás se dirige a los allí presentes:

PRESIDENTE: No tienen fusiles. Nosotros y los que no tengan familia resistiremos en el desfiladero lo que podamos, con las escopetas. Más no podemos hacer.

Se muestra la escasez de material, el ahogo al que la No Intervención somete a la legítima República, y también el heroísmo del pueblo que, a pesar de ello, sigue resistiendo más allá de cualquier lógica militar.

Malraux y Aub se miran complacidos. Berenguer está haciendo una buena labor —lo han constatado en las primeras bobinas de su época como cámara que han llegado reveladas desde París—, y los actores se lo toman con interés, salvo aquel desdichado de Peña, el “guaperas”. La secuencia va quedando bien, aunque faltarán los exteriores, en este caso dos: el de la llegada de los voluntarios de la ciudad en un coche y la visión de los heridos portados en angarillas que se llevan a la escuela del pueblo. Lo irán posponiendo, quizá mañana, quizá mañana, hasta que se precipiten los acontecimientos y deban rodarlo ya en Francia.

El actor que encarna a Gustavo habla de la dificultad de traer a los heridos por el talud del monte. González le pregunta si la subida es dura. Sí, responde el lugareño.

GONZÁLEZ: No preocuparse todavía. No estamos enterrados. Ni los del puente tampoco.

Secuencia XIV

Ordenará que se convoque a todo el pueblo para que aporten tantos recipientes como puedan. Servirán para colocar la dinamita en su interior y poder así arrojarla contra la caballería y los blindados franquistas.

El resultado ha sido bueno, salvo la declamación dubitativa de quien encarna al maestro. Al final lo dejarán como está y será doblada antes del montaje. Dos días provechosos a pesar de estar obligados a rodar en la oscuridad o en interiores no siempre adecuados.

Aub, que desde que marchó Denis Marion asume prácticamente todo el seguimiento del guion, tratando de evitar que queden lagunas por rodar, le indica a André:

—Ahora que estamos con los interiores del Pueblo Español, podríamos rodar las visitas que el comandante realiza a varios pueblos del entorno para pedir coches que puedan iluminar el despegue de los aviones.

—Aviones —Malraux, con una sonrisa amarga—. Un Potez y apenas unos minutos. Pero sí, tienes razón, aunque si no encuentras a Peña, va a ser difícil.

—Santpere puede hacerlo. Al menos una de las secuencias. Imaginemos: están fatigados, al borde del fracaso. ¿Y si Attignies está en el coche y sólo el comandante entra en los consejos municipales? Al límite, podría conducir el coche otro personaje. Probemos, André, probemos al menos un encuentro.

—De acuerdo. Pero que no quede por hacer la recogida de recipientes. Es una muestra de solidaridad del pueblo de la que no podemos prescindir.

Max lo comenta con Elvira, que ha venido al hotel Majestic para mecanografiar de nuevo alguna secuencia del guion[vii] que, como tantas, ha sufrido alteraciones de última hora a tenor de los acontecimientos.

—Lo tenemos todo a medias. Por un lado vamos rodando interiores, eso aún; pero quedan exteriores clave que ya no se podrán rodar, al menos en España. ¡Dónde voy yo a conseguir tanques o caballería para atacarlos con la dinamita de González! Tampoco hemos rodado nada de cuando los habitantes de Linás, empujados por este, arrojan la campana de la iglesia desde lo alto, para llenarla de dinamita. Miré el campanario mudéjar de Utebo en el Pueblo Español, pero no tiene campana y subir una para después arrojarla… También deberían aparecer unas vacas a las que unos voluntarios les quitarían los cencerros para llenarlos de dinamita. ¿Has visto alguna vaca por aquí? No sé cómo va a acabar todo esto. Pero no podemos dejar de seguir como si nada, como si no nos bombardearan, como si no nos faltaran actores, como si no tuviéramos ni un avión en una película de aviones. Hasta nos cuesta conseguir campesinos en El Prat, en una obra que va de pueblos rurales.

—¿Has probado en el estadio? Allí hay cientos de refugiados de Málaga y otras partes que quizá pudieran servir. Bueno, es una idea.

—Y buena, Elvira, y buena. Hemos mirado entre los internos del Pueblo Español, pero es muy difícil que nos los dejen. Buena idea. En cuanto pueda, iré a darme una vuelta por allí. Y quizá me alargue hasta el castillo. Con sus defensas, podría ser un buen lugar para rodar tranquilos, siempre que no precisemos sonido. Ya veré, pero sí, Elvira, muchas gracias. Eres fantástica.

 

 

 

4.5.3.- Los dos cabecillas.

El buen hacer no solo de José Telmo, sino también de los figurantes, con o sin papel, les ha animado a rodar —no hay otra— más interiores. Sin embargo, la ausencia de Julio Peña, cuyo Attignies debería acompañar a su comandante por los pueblos circundantes para que le presten vehículos cuyos faros puedan orientar el despegue del Potez, supone un impedimento grave.

Aub ha sugerido rodar, al menos, una de las secuencias (la XXXII) sin Peña. Ante la reticencia de Malraux, le ha dicho:

—Bueno, parece que están muy cansados, así que como Attignies es quién conduce, podemos simular que se ha quedado fuera, en el coche. Cuando encontremos a Peña, lo rodamos durmiendo. ¡Será cabrón!

—¿Y dónde rodamos?, ¿ha encontrado usted alguna sala que pueda representar el ayuntamiento de Torás?[viii]

—En estudio tenemos varias opciones. Las ha considerado Berenguer y dice que con película Agfa no hay problema. En el Pueblo Español, incluso en algún plató pequeño de Orphea. O, si quisiéramos, en lugar de ir a buscar lugareños al Prat, ir nosotros allí y rodar en alguna sala de la Unió de Rabasaires. No será problema.

—Pero sí que deberíamos incluir los exteriores. No podemos dar un seguido de imágenes de interior sin sugerir los desplazamientos que ello debió implicar.

Secuencia XXXII

—De noche, con el coche, podemos hacerlo en el Pueblo Español. Cuando los reclusos duerman. Me lo ha dicho el director del centro. Un par de vueltas por las callejuelas, tomadas desde varios ángulos o desde dentro del coche serán suficientes.

El francés no atiende en demasía las sugerencias. Peña, ese es el verdadero problema.  Aub lo entiende pero no quiere caer en el desánimo. El lunes aún podrá conseguir un coche y primero subirá a darse una vuelta por el estadio y el castillo de Montjuich, y luego bajará la ladera de la montaña hasta El Prat de Llobregat. Sabe que ha caído bien entre los campesinos, así que algún buen almuerzo podrá encontrar.

En el ambiente hay una calma tensa[ix]. Caído el Ebro, se teme ya una brutal ofensiva contra Cataluña, que aún no ha empezado. Incluso, de momento, parece que hay menos bombardeos. ¿Hasta cuándo?

En el estadio, casi un millar de refugiados, muchos de ellos de Andalucía. En situación precaria, su cercanía al castillo y sus antiaéreos hasta la fecha les han evitado ser víctimas de ningún bombardeo. Están ahí desde hace meses, algunos desde hace año y medio.

Al ver aparecer un coche de aviación, el utilizado para el rodaje, hay un cierto alboroto. De la vorágine de niños corriendo y mujeres tratando de protegerles, surgen dos hombres de mediana edad, Ambos con gorra, chaqueta y chaleco. Son más bien bajos de estatura. Aub intuye de inmediato que son algo así como los cabecillas del colectivo. El más decidido, cigarrillo en la comisura izquierda, se planta delante de él.

—¿Qué quieres, camarada?

El tono no es agresivo, pero tampoco amistoso. Su estatus le obliga a dar un aire de formalidad que Max considera fuera de lugar. No empiezan bien.

—Hace ya unos meses que estamos con un grupo de franceses y actores españoles rodando una película en el palacio de la Química que ahora son los estudios Orphea.

—Y una comisaría del SIM. Lo sabemos.

—Me preguntaba si alguien de su grupo querría participar en el rodaje de una secuencia. Es fácil.

Refugiados en el estadio de Montjuich

El silencio expectante de los dos andaluces le obliga a abrir algo el foco.

—A los que participaran, ustedes dos por ejemplo[x], les daríamos vales de comida, cigarrillos, y si fuera preciso, algo de leche para los niños.

Los dos se miran. No acaban de fiarse.

—¿Dónde tendríamos que ir? Desde luego, al SIM ni hablar.

—No crean, tampoco hay para tanto cuando están cubiertos por el gobierno de la República. La película es muy importante para ellos. Se proyectará en toda Europa e incluso en los Estados Unidos.

—Pero ¿dónde van a hacerlo?

—Quizá en algún edificio del Pueblo Español —Max mira a su alrededor—, o puede que incluso pudiera hacerse aquí mismo. Lo hablaríamos. Desde luego, no haríamos nada sin su consentimiento. Si me permiten, me gustaría dar un vistazo por si hay algún rincón adecuado, que seguro que sí.

Acompañado de los dos cabecillas, a los que ha dado ya sendos paquetes de tabaco, recorren los soportales. Sí, podría ser un buen punto para rodar la recogida de recipientes que González llenará de dinamita. A falta de una campana… Incluso seguro que la mayoría son de uso diario aquí; los de atrezo no deberán esforzarse mucho. Quedan en que ya les dirá algo. Al salir, se despide con un abrazo y dos paquetes más de tabaco.

En el castillo la acogida es más fría aún. Los militares están preocupados por su futuro personal. ¿Qué pueden hacer en el castillo si las tropas rebeldes rodean Barcelona? El anterior responsable, el capitán Julio Salvador[xi], que semanas atrás les había visitado en Orphea, y se ofreció para lo que fuera, ya no está, ha sido trasladado al aeródromo de Els Monjos. Su sustituto no es tan amable. No hay indicios de que se prepare ningún tipo de resistencia. Aunque, bueno, por el bien de la República, algo podría hacerse en momentos puntuales y siempre que no se avecine ningún ataque que haya que responder.

En el Prat ha saludado a viejos conocidos, de cuando al inicio del rodaje estuvo tomando fotos de posibles figurantes, algunos de los cuales ya estuvieron presentes en alguna toma, como la de las honras fúnebres para Marcelino Rivelli[xii]. De momento, ha caído un muslo de pollo cocinado con patatas que le ha sabido a gloria. Luego, en la Unió de Rabasaires, encuentra una sala idónea para rodar el encuentro del comandante con los responsables del pueblo a quienes pedirá coches. Por la noche se lo comunica a Malraux.

—No se preocupe por los exteriores. Y tampoco, por lo que he vistoen por los figurantes. Además de El Prat, el estadio puede ser una fuente inagotable.

—Pues no digamos más. Rodemos ya un encuentro de Santpere con los pueblos. Mañana o, a lo sumo, pasado. Coja también alguno del sindicato para que haga de presidente del comité local. Vienen las Navidades y, por muy ateos que sean, seguro que menudearán las excusas para no venir. Hagámoslo durante esta semana. Y la siguiente, los cachivaches de la dinamita. Gracias, Max. No sé qué haría sin usted.

Este sorbe el resto de armagnac que le queda en la copa y sonríe afectuoso. No es muy habitual que el francés se muestre tan amable.

La amabilidad se trunca en desazón al subir a su habitación, donde encuentra a Josette llorando. Ha tenido que desistir de su viaje para el concierto al que la invitaron. Había ya previsto que Suzanne le comprara un vestido de Lanvin, de tafetán negro, para asistir, como ha dicho textualmente[xiii]: “a recepciones capitalistas, para bailar, ser suntuosamente frívola, ¡música, arte y elogios!” Pero todo se ha ido al traste. Él la abraza.

—Le prometo que iremos a París. Quizá no compremos el vestido, pero veremos a nuestros amigos: a Suzanne, a los Tual, a Corniglion… Tengo muchas cosas de las que hablar.

Evita decirle que es consciente de la situación y de que muchas de las secuencias quedarán perdidas o deberán rodarse, si se puede, en París. En cualquier caso, debe prevenir a Roland Tual para los estudios Pathé y a Corniglion, que sabe que en principio rehusará pero que acabará cediendo para el tema económico. La deposita en la cama y la cubre delicadamente, besándola en la frente.

—Y ahora duerma tranquilamente. Iremos, querida mía, iremos en unos días. Pero ahora descanse.

 

SABER +:

¡Oh, es él! (siguiendo la pista a una fotografía)

 

 

4.5.4.- Necesitamos coches.

Finalmente se ha optado por la sala de los campesinos de El Prat de Llobregat. Han ido los cámaras, Aub, Santpere y el actor que representará al delegado local.

Con la cámara Debrie Super-Parvo en un rincón, Berenguer cubre la mitad del recinto. Lo ensayan un par de veces. Salvo el presidente, de unos cuarenta años, la mayoría de los presentes son viejos, cubiertos con la típica barretina y algunos enfajados al estilo payés.

En un rincón han hecho que un reloj de pared marque las dos y media. Lo indica el guion. Aub no sabe por qué, pero Malraux le indica que, si el despegue ha de ser de madrugada, es lógico pensar que andarán por los pueblos en busca de ayuda durante la tarde. Max se encoge de hombros, no muy convencido. Piensa que los planos que están rodando habrán de estar precedidos de un recorrido en coche, y que este deberá rodarse casi seguro de noche. Pero no insiste.

La cámara enfoca a Peña, apoyado en la mesa. Lentamente el zum va ampliando el foco, mientras se oye la voz del responsable del Frente Popular:

DELEGADO 1ª: Si te entiendo muy bien, pero prometer es prometer, y no puedo. Como los otros: se hará lo que se pueda.

Ante la inexperiencia del eventual actor, evidente después de los ensayos, se decide rodarlo con un plano general, evitando su rostro mientras lo dice.

PEÑA: Tres coches.

Una voz en off, apenas perceptible se opone:

DELAGADO 2º: Uno.

Cambian la posición de la cámara. Ahora, detrás del responsable, se aprecia al comandante Peña y detrás suyo a varios lugareños. Uno ha insistido en que quería salir en la película con su nieto. Aub ha accedido con una breve sonrisa. El aviador dice:

PEÑA: Sois los últimos que podemos ver.

Ya saliendo, oye la respuesta: “Se hará lo que se pueda”.

El rodaje ha salido bien, teniendo en cuenta las circunstancias y la inexperiencia de los figurantes. Ha valido la pena el desplazamiento.

Cuando van a dejar el material en las dependencias de la avenida 14 de abril, hallan un mensaje escrito con letra inexperta. Es de uno de los cabecillas de los refugiados en Montjuich.

“Cuando quieran pueden venir. Hemos hablado con los nuestros y lo tendríamos todo preparado”.

Con el papel en la mano, Aub pregunta a Berenguer:

—¿Tenemos película?

—Sí, no mucha pero suficiente para una secuencia como la de los utensilios de la dinamita.

—Y Telmo, ¿está disponible?

—Le pregunto mañana.

—Si dice que sí, podemos rodar el 23. Seguro que los refugiados querrán celebrar las navidades, es un decir, por muy ateos que sean. Quedan dos días. Vamos.

De regreso al hotel, llegarán hasta el Ritz donde Malraux está cenando con Josette, cada vez más alicaída. En un rincón, la revista Regards que André a tirado airado al ver la fotografía del presidente Daladier dando la mano al barón von Ribbentrop[xiv]. Ha gritado: ¡pronto, ni en Francia podremos rodar1 Solo la noticia de poder avanzar una secuencia más antes de final de año les devuelve un cierto ánimo.

 

 

4.5.5.- Bastará ponerles mecha.

El viernes 23 de diciembre, a media mañana, la camioneta de rodaje, con Malraux y Josette, Aub, Telmo, Berenguer y dos ayudantes, está ya en la puerta del estadio, donde les esperan los dos autoproclamados responsables del colectivo.

De la furgoneta sacan un tonel de vino vacío y una caja de caudales. El resto de los cachivaches los piensan tener de los propios utensilios que allí hay. Pero aún no han descargado todo el material cuando se produce una alarma. Dura pocos minutos, pero va a alterar todo el día. Uno de los responsables se dirige a Malraux. Habla precipitadamente y con marcado acento andaluz. El francés no le entiende y mira a Aub en busca de auxilio.

—Dice que aquí no se puede rodar. Que es demasiado peligroso. Hay muchos niños. Que están dispuestos a colaborar, pero no en el mismo recinto donde hay tanta gente inocente.

Malraux se desespera. ¡Está todo listo! Josette lloriquea. Aub coge por el brazo al andaluz.

—No podemos dejar de rodarlo. Es imprescindible para la película y, por lo tanto para la República. No querrá que su nombre figure en alguna lista indeseable, ¿verdad?

—Yo soy responsable de mi gente. Lo soy desde que vinimos de Almería. Aquí no.

Después de una pausa reflexiva, Max apunta:

—¿Y cerca de aquí?

—Los justos para el rodaje y el menor tiempo posible. Pero no en el estadio.

—Bueno, deme una hora.

Deja a todo el equipo en el recinto y, con Berenguer, bajan hasta el Pueblo Español. Allí encuentran a Santiago Garcés, el responsable.

—Bueno, aquí no. Estamos vaciando y hay mucho trajín. Pero quizá en el palacio de las Misiones que también depende de nosotros. Allí no queda casi nadie. Y está cerca del estadio. Pueden ir a pie, incluso las viejas —responde a la petición de Max, quien le ha descrito la secuencia XIV—. Pero mejor, si pueden, hacia el atardecer. Habrá más calma.

El dar el palacio de las Misiones como localización de rodaje es pura especulación. Sin embargo, atendiendo a la estructura parecida a un claustro de dos niveles y la situación de los focos, todo lleva a pensar que fue en algún edificio del recinto ferial de Montjuich. 

Luego regresan al estadio y, con Malraux y Josette, visitan el citado edificio. Sí, tiene buena pinta. Mientras dos ayudantes lleven el equipo allí, ellos bajarán al Pueblo Seco a comer algo. Al anochecer, si no hay más alarmas, rodarán allí con una veintena de figurantes que les proporcionarán con gusto, y más cuando han prometido al cabecilla que tendrá incluso una frase.

Al final el resultado bien. Los soportales de un patio cerrado permiten mejorar el juego de cámara que en el interior de un edificio, como inicialmente señalaba el guion. Para un rácord adecuado les faltan algunos de los extras que tuvieron en Tarragona. Algunos han sido movilizados, otros se han ido a algún pueblo donde, en casa de parientes o amigos, pueden obtener algo más de alimento y seguridad. Pero quien interpretaba a Barca sí está, lo que dada su altura, y moviéndose alrededor de los recipientes, será suficiente para enlazar las secuencias.

La cola de personajes, hombres y mujeres, cargados con todo tipo de útiles está inquieta. La presencia de los focos, laterales y en el piso superior, así como la cámara Debrie, les intimida. No callan. Serramía ha dado ya el golpe de claqueta:

—Sierra de Teruel. Secuencia 14, toma 1.

Pero no callan. Aunque ya se rueda, Telmo exclama: ¡Un poco de silencio! No figura en el guion[xv], pero se mantendrá en el montaje pues da sensación de verosimilitud, al tratarse de un pueblo sitiado al que les han hecho salir de sus casas para llevar útiles donde colocar la dinamita que ha traído el asturiano.

Del plano general se pasa al plano medio, donde el responsable andaluz va a tener su frase al ver a uno que aporta un tonel de vino:

Secuencia XIV

—¿Rueda?

GONZÁLEZ: Sí, pero no derecho.

La cola sigue aportando cachivaches hasta que quienes interpretaron al maestro y a Gustavo dejan a sus pies una caja de caudales.

—GONZÁLEZ: ¡Estupendo! ¡Formidable!

Discuten como emplearla. Llena de dinamita, con una mecha en un agujero que ya tiene y arrastrada sobre un cochecillo de niño, será un arma formidable.

Se acerca el segundo cabecilla de los del estadio con un capazo lleno de bombillas. Tiene también su momento. Ha de decir “Esto sí que está bien”, pero las entrega sin decir nada. Telmo sigue en su papel:

GONZÁLEZ: ¿Qué caracoles quieres que haga con todo esto?

A lo que el hombrecillo responde:

—Cuando explotan son muy peligrosas.

No es lo que le habían indicado (“Cuando se rompen hacen mucho ruido”). Así Telmo improvisa:

GONZÁLEZ: Ya las utilizaremos, ya.

A trancas y barrancas han terminado los planos de interior de la secuencia. Quedarán pendientes para cuando se pueda los exteriores que, aún no lo saben pero lo intuyen, rodarán en Francia, a saber dónde.

 

 

4.5.6.- Navidades. Aparece Julio Peña.

El fin de semana se ha tomado de asueto. La experiencia en el palacio de las Misiones ha sido positiva y quizá puedan rodar algo más con figurantes surgidos del estadio, o utilizando alguna estancia de allí.

Estamos en Navidades. Lo comentan en el Comissariat, donde han ido Berenguer y otros a tomar una copa. Uno muestra el Noticiero Universal del día: “Franco solemniza el nacimiento de Jesús desencadenando su ofensiva”[xvi]. En la misma página da constancia del inicio de la campaña de Cataluña; “Las fuerzas rebeldes han iniciado un movimiento de ofensiva en todos los frentes de Cataluña”. El principio del fin. El vino sabe agrio. Caras largas. ¿Qué hacer si llegan a Barcelona?

Berenguer coge el periódico y lee atentamente. Entiende que en el castillo de Montjuich no les acogieran como esperaban. En la página 2, ve la noticia del fusilamiento de cinco

Roman Karmen

atracadores. Lo deja en un rincón y se va a casa. Al menos estos días los pasará tranquilo con su esposa e hijo. El domingo 25, acudirá al hotel Majestic donde sabe que están reunidos Aub y Malraux. Tomará la cámara Eyemo que le regaló Karmen[xvii] al irse de la ciudad, un tesoro para él, y les dirá, con gran excitación:

—Aquí tengo otra cámara por si puede ser útil. Esto se acaba y tenemos que terminar la película. Y luego nos vamos a Francia. Cada vez va a ser más difícil. ¿Han visto las normas dictadas por el Gobierno? Toda la ciudad a oscuras[xviii]. Aunque rodemos en interiores, va a ser difícil que no trasluzcan los focos.

Abrazándole el hombro, Aub le dice:

—Gracias Manuel, gracias. Pero, si al final pudieran romper nuestras defensas y entrar en Barcelona, tú deberías quedarte. Tienes familia y, al fin y al cabo, no has hecho nada malo. ¿Qué documentales has hecho? ¿La toma de Teruel o El desembarco de Mallorca? Puro reportaje, por eso no matan a nadie[xix]. Ya hablaremos.

—Pero tenemos que terminar lo que hemos hecho. No puede ser que no sirva en el futuro.

—Lo primero —dice un excitado Malraux— es encontrar al dichoso Julio. Luego, ¡a rodar como posesos!

Por la noche, los hogares oyen a Juan Negrín:” Hemos considerado como prisioneros de guerra los militares profesionales capturados en la lucha. No sancionamos con pena de muerte los delitos meramente políticos o de opinión. Hemos suavizado en lo posible el rigor del Código en los delitos de guerra. Hemos   corregido los errores de un procedimiento sumario acrecentando las garantías de los enjuiciados. Hemos renunciado al bombardeo injustificado de las poblaciones civiles. Hacemos la guerra, maestro—dijo dirigiéndose a la memoria de Macià— porque hemos sido agredidos y porque nos quieren esclavizar. Hacemos la guerra a la guerra”[xx].

Es una súplica a que el bando rebelde tenga consideración la festividad y evite llevar a cabo las penas de muerte anunciadas. Sin éxito: el lunes siguiente se reanudarán los bombardeos después de unos días algo más tranquilos.

El lunes, día 26, temprano, entra en el hotel Majestic Andrés Mejuto, vestido de uniforme. Algunos soldados del vestíbulo se cuadran ante el capitán. Sin preguntar, sube directamente a la habitación de Max Aub.

—Lo tengo, lo tengo.

Aun somnoliento, rascándose los ojos, Max se pone las gafas y pregunta:

—¿Qué tienes?

—A Peña. A Peña. Le conozco bien y sabía lo que haría.

Sentado en el borde de la cama, le explica que sospechaba donde podría estar la Nochebuena. Por amigos que no declara quienes son, supo de un par de lugares donde se celebraría una misa. Se vistió de paisano e, interpretando un temeroso y devoto fiel, fue a los dos. Al fin y al cabo, le habían dicho que desde hacía unos días era legal.

Desde la proclamación de los Trece Puntos para la paz de Juan Negrín del 30 de abril, se había estado trabajando para legalizar la práctica religiosa, en especial por el interés del gobierno vasco y su ministro Irujo. Su dimisión en agosto no fue óbice para que, finalmente, el 8 de diciembre se constituyera el Comisariado General de Cultos, nombrándose comisario a Jesús María Bellido[xxi]. Se había dado bastante difusión al hecho, en especial en el diario afín a Negrín, La Vanguardia[xxii]. La intención era, textualmente: “tender la mano, no al faccioso de la religión, sino a la confesión que nunca debió enajenarse”. Aunque se estaría vigilante para que las Iglesias no se inmiscuyan de nuevo en la política y se permita así que los países extranjeros se den cuenta del espíritu liberal que anima a la República[xxiii].

—¿Lo has traído?, ¿dónde está?

—No, solo le seguí. Sé dónde está y estará. Pero si le asustamos se volverá a escabullir. En cuanto podamos rodar, lo traeré, a la fuerza si es preciso.

—¿Estás seguro? No sería mejor encerrarlo.

—¿Y colaboraría en el rodaje? Prefiero ir a buscarle. Soy su amigo, o eso creo. ¿Cuándo es el próximo rodaje?

—Podríamos hacer los interiores de avión con él, y sobre todo la visita al Comité para que dejen coches con que iluminar el despegue. Quizá mañana, martes.

—Ya me dirás. Llámame a la comandancia.

Al rato llega Miravitlles. Curiosa aparición después de haber estado casi todo noviembre en París y luego ocupado en sus relaciones internacionales. Aub irónico:

—Qué, ¿te aceptan ya una paz separada para Cataluña?

La ironía no sienta bien a Met.

—Yo solo pasaba por aquí y quería invitarte a mi conferencia sobre Macià en el Ateneo Barcelonés[xxiv]. A cinco años de su muerte, debemos realzar la capacidad de lucha de nuestro pueblo.

Ante la cara escéptica de Max, insiste:

—Bueno, si no puedes venir no pasa nada. En unos días me voy con Maruja a París y Bruselas[xxv]. La actividad internacional es más importante que nunca.

—Pues nosotros aquí, luchando por unos segundos de película. Por cierto, antes de que te vayas, ¿no tendrás un par de bobinas de ultrasensible? Estamos rodando de noche y en interiores por los bombardeos.

Piensa, pero no dice: esos bombardeos que tú te vas a ahorrar en Francia. Que se vaya con su nueva pareja no es una buena señal, por muy enamorado que esté. Después de su divorcio con Ginette, que le acompañe Maruja parece indicar que ya no volverá. ¡Menudo el vivales! Pero sí que volverá. Después de un viaje a mediados de enero, volverá él solo a Cataluña, para pasar al exilio acompañando a Companys el 5 de febrero de 1939[xxvi].

Vuelve Mejuto.

—Julio Peña es amigo mío. De hecho, si está en la película es por mí. Su huida podría traerme problemas, tal como están las cosas. Max, dime dónde y cuándo vamos a rodar y lo traigo cuando y donde me digas.

Comparten un humilde plato de patatas con sardina, coloreadas con algo de pimentón en un tugurio del barrio gótico. Aub aprecia a este actor, enamorado del teatro, que conoció a Lorca, y que tanto hace por la película.

—Con él necesitamos dos cosas: algunos planos de interior del avión que rodaríamos en Orphea y la vuelta por los pueblos buscando coches, que hacemos en el Pueblo Español. La semana pasada rodamos en El Prat una secuencia con Santpere solo, pero en la otra debiera verse a Julio. No sé si podrá ser mañana martes. Cuando estés seguro de que viene me lo dices. Entretanto iremos rodando planos cortos de racord.

Bombardeo de Montjuich, 26.12.1938 (Araño)

Pero no será así. Al igual que el lunes 26, el martes 27[xxvii], Barcelona sufrirá duros bombardeos con una característica hasta entonces prácticamente inédita: afectarán a las instalaciones de Montjuich, lo que escama mucho a Aub que sigue pensando que hay una intencionalidad específica de parar la película de Malraux. “Vamos al estadio y bombardean el estadio. Seguimos en Montjuich y bombardean junto al palacio de las Misiones ¡donde hemos estados horas antes!”, piensa. Cuando se lo comente a Berenguer, este dirá: “Tal como cuando fuimos al cuartel del Bruch[xxviii]. Nos tienen en su punto de mira”. Sin embargo no se lo comentará a Malraux, que piensa que las paranoias y sus miedos asociados pueden retrasar aún más la película.

Por fin, visto que el 29 amanece tranquilo, aparece Mejuto con Peña en el Comissariat. En el local hay una baraúnda terrible. A pesar de los escasos recursos y el ambiente de terror, se está organizando con ilusión la Fiesta del Niño. En el vestíbulo, pasillos e incluso algún despacho, paquetes de juguetes, carteles, mesas plegables, impiden casi moverse. Llegan Aub y Berenguer y se dirigen a Orphea donde ya les espera Malraux. Este espeta al guapo actor:

—Le hemos echado en falta. Debería estar usted muy ocupado…

—Los bombardeos, tuve problemas con los inquilinos de donde vivo. Me quedé a ayudarles.

La excusa no es creíble, pero lo aceptan por el bien de la película. Aub, para más seguridad, le dice:

—Por eso no te preocupes. Te he reservado una habitación en el Majestic. Ahora han marchado casi todos los corresponsales y hay sitio.

—Sí, fíjate, Karmen me regaló su cámara portátil —dice Berenguer mientras se la enseña.

A Julio Peña no le gusta la propuesta de Aub, pero la aceptará al haber sido advertido por Mejuto de que es la única alternativa para que el SIM no se ponga a buscarle.

—¿Ha llegado Santpere?

—No. Quedamos en que rodaríamos el comité local en el Pueblo Español. En el bombardeo del lunes su puerta quedó muy dañada. Están atareados, aunque como solo les he pedido un interior y por la tarde, no creo que haya problema. Solo que…

—Solo que, qué… —inquiere André, nerviosísimo.

—Bueno, el coche quedó dentro. Intentamos rodar alguna calle, momentos de rácord, y no acertamos a sacarlo por la noche. Pensamos, erróneamente, que allí estaría más seguro.

—Pues entretanto, si hay extras disponibles, rodemos el interior de avión con el personaje de Julio: Attignies.

Siempre hay media docena de figurantes que, sin nada más que hacer, pululan por allí, donde intuyen que pueden comer algo mejor que en la ciudad. No habrá problema.

Secuencia XXXIV interior del Potez

Entran en la sala donde reposa el medio avión Potez de contrachapado. Julio aún no lo había visto y queda atónito. Está dispuesto a colaborar. Aunque ha hecho todo lo posible por escabullirse, se da cuenta que no tiene más remedio. Piensa acabar cuanto antes, convencido de que cuando vean que colabora le dejarán tranquilo y podrá esconderse de nuevo a esperar la entrada de los suyos, de los franquistas.

—Berenguer, tómele unos cuantos planos medios. Por ejemplo cuando mira el objetivo a bombardear a través de la mirilla. Primero tendido, luego de rodillas. Tres o cuatro posturas no repetidas. Luego cómo se levanta en el momento en que José ha visto el campo a bombardear. Ha de gritar: ¡Los cazas se ponen en marcha!

El nerviosismo del ataque real, aquel 27 de diciembre de 1936, Malraux no pudo vivirlo en directo, aunque lo había experimentado en otras ocasiones, como el ataque a la columna Yagüe en la extremeña Medellín, pero Florein, el piloto del Potez derribado, se lo había descrito con detalles durante su rescate en Valdelinares. Peña es un buen actor y no tiene inconveniente en reflejar la ansiedad.

En otro plano general, reclamará al piloto: ¡Altímetro 300!

Se dejan algunos para la tarde, cuando llegue Santpere para dar más visos de realidad al interior del avión comandando por

Peña y Attignies. Sec. XXXIV

él, como cuando ambos mirarán a lo lejos, mientras en el cielo hay un vuelo de aves migratorias. Julio Peña, como Attignies, dirá: ¡Ahora es el tiempo de la migración! Lo tendrán que repetir, pues siguiendo el guion, en el primer intento ha dicho: “Es el tiempo de emigración de las codornices”, lo cual no es cierto que suceda en diciembre, como pasó en realidad en Valdelinares, y como ha remarcado Mejuto, buen aficionado a la caza, que lo ha mirado sonriendo.

El año terminará con un bombardeo muy intenso el sábado día 31. En dos oleadas, a las 10:30 y a las 19:30, ya anochecido, causarán 61 muertos y 71 heridos. Dos días después, La Humanitat[xxix] publicará un recuadro con el siguiente texto: “Los facciosos, en su criminal incursión aérea, no persiguió ninguna finalidad concreta, como no sea la de asesinar ciudadanos barceloneses: que la gente civilizada del mundo tome buena nota y que su honradez les indique el camino a seguir”. Lo leerá Max Aub a su regreso del aeropuerto, donde habrá ido a despedir a André y Josette que se van a París por unos pocos días.

NOTAS:

4.5.1.

[i] GONZÁLEZ-TABLAS SASTRE, j. (2016): 114. Figura Severiano Andrés Mejuto como capitán de la 3ª sección de Estado Mayor de la 72 división.

[ii] GERHARD, Carles (1982) : 861.

[iii] CHANTAL (1976): 120.

4.5.2.

[iv] La verdadera historia del rodaje de Sierra de Teruel: 4.1.6.

[v] La Vanguardia, 9.12.1938 P. 1.

[vi] La Vanguardia, 8.12.1938 P. 1

[vii] Lo cuenta Elvira en el documental: Siete meses de rodaje (TV3-Tarasca 2004): https://www.visorhistoria.com/anexos/videos/

4.5.3.

[viii] En pantalla, el comandante Peña tacha el nombre de Torás después de salir de la entrevista.

[ix] La Vanguardia, 20.12.1938. Página 2: Día 18, La actividad operante registrada en los distintos frentes careció de importancia. Día 19, Sin novedad importante que consignar en los distintos frentes

xihttps://www.visorhistoria.com/secuencia-xiv-1-oh-es-el/

[xi] GESALÍ, David y ÍÑIGUEZ, David (2012). La guerra aèria a Catalunya (1936-1939). Barcelona, Rafael Dalmau editor. Página 447.

[xii] https://www.visorhistoria.com/rodando-en-estudio-agosto-1938/

[xiii] CHANTAL (1976): 120.

4.5.4.

4.5.5.

[xiv] Regards, 15.12.1938. Página 9.

[xv] Archivos de la Filmoteca nº 3. Página 86.

4.5.6.

[xvi] El Noticiero Universal, 24.12.1938. Página 1

[xvii] Archivos de la Filmoteca nº 3. Página 282.

[xviii] El Noticiero Universal, 24.12.1938 Página 3

[xix] Archivos de la Filmoteca nº 3. Página 283.

[xx] El Noticiero Universal, 26.12.1938 Página 3

[xxi] RAGUER, Hilari (2001) La pólvora y el incienso. La Iglesia y la Guerra Civil espanyola (1936-1939). Barcelona, Península. Páginas 354 y ss.

[xxii] La Vanguardia, 15.12.1938 Una pàgina entera (4) dedicada al tema.

[xxiii] GINARD FÉRON, David. “El Comisariado General de Cultos en la zona republicana en guerra (1938-1939)”. HISPANIA NOVA, 23 (2024) PP. 217 A 238 https://e-revistas.uc3m.es/index.php/HISPNOV/article/view/8350/6953

[xxiv] Dirá: “es en estos momentos en que los extranjeros invaden tierra catalana, cuando se ha de poner de relieve el espíritu de gloriosa resistencia de Cataluña en otros tiempos” (La Humanitat, 27.12.1938)

[xxv] BATALLA i GALIMANY, Ramon (2010). Jaume Miravitlles i Navarra. Intel·lectual, revolucionari i home de govern. Els anys joves, 1906-1939. Tesis doctoral dirigida por el Dr. Pere Gabriel i Sirent. Universidad Autónoma de Barcelona, junio de 2010. Página 585.

[xxvi] https://www.historiaesmemoria.com/que-paso-en-el-coll-de-lli/

[xxvii] Mientras que el 26 el bombardeo está centrado en Montjuich, el 27 es en la montaña pero también en el Pueblo Seco y el barrio gótico, con 4 víctimas mortales en la calle Argentería (ALBERTÍ (2004): 320)

[xxviii] El 4 de octubre de 1938.

[xxix] La Humanitat, Barcelona, 3.1.1939.

 

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