La verdadera historia del rodaje de Sierra de Teruel.
4.5. DICIEMBRE 1938-1
4.5.2.- Con dinamita podemos. 4
4.5.1.- Los comités.
La situación es cada vez más caótica. La asistencia de Peña es cada vez más errática, Mejuto está pendiente cada día de las llamadas del Ejército del Este, al que fue a parar su antigua 72ª División del fallecido comandante Enciso[i], al quedar diezmada en marzo. También preocupan los constantes bombardeos, aunque al haber decidido rodar en interiores y a menudo de noche, el inconveniente se ha convertido casi en una rutina.
Malraux está también preocupado por Josette. Los días que va con él al Comissariat de Propaganda o a los estudios Orphea se anima: charla con Elvira o Zoé, e incluso ha ido a tomar algo con María Luz Morales. Pero los días que, a causa de las alarmas, se ha quedado en el hotel, se ha incrementado su desánimo y pesimismo. La pareja se está planteando una escapada a París, aunque sin fecha, a la espera de los acontecimientos.
Para el rodaje, dan prácticamente por perdidas las tomas del avión acabado de estrellar entre la nieve. No pueden desplazarse al Pirineo, no hay gasolina ni disponibilidad para trasladar a la docena de personas requeridas, y mucho menos los restos de un avión, fuera o no un Potez. Quizá en Francia sugiere Aub, intentando que no trasluzca su impresión de que más pronto que tarde acabarán allí y con Franco en Barcelona.
Como la situación empeora por momentos en Barcelona, han decidido desplazarse el lunes 5 de diciembre a la orilla del rio Llobregat para visitar Montserrat, subiendo al monasterio por el funicular aéreo que utilizó Berenguer en octubre para rodar el choque del avión. Por consejo de Berenguer, cada día más en su puesto, lo han repetido durante dos viajes. Después de la segunda subida, han entrado en el monasterio, pero no han sido bien recibidos. En la enfermería, agoniza la esposa del comisario Gerhard[ii], que morirá dos días después. Tampoco está Altolaguirre. Así que deciden bajar en el aéreo y, con la furgoneta que los ha llevado hasta la estación, acercarse a Collbató donde los recuerdos animan la jornada. Josette ha ido a ver a la niña a la que se indicó que recogiera las piernas al paso del féretro de Saïdi; Malraux ha saludado a las viejas que permitieron un trávelin que será de lo mejor de la película. Entretanto, Berenguer y su ayudante Piquer, después de tomar algunas panorámicas de la montaña —que para algo servirán—, se han agenciado un conejo en salsa que ha sabido a gloria a todo el grupo.
Dos días después, sigue la imposibilidad de juntar los actores que encarnan aviadores, por la ausencia de Peña y el miedo cerval cada vez más acentuado de Pedro Codina a desplazarse de Lloret a Barcelona. Así que se decide avanzar rodando las secuencias del comité de Linás. Lado está muy bien dispuesto, también José Telmo y algunos de los extras que participaron en el rodaje de Tarragona y que no cortan su relación con el rodaje, ya que les protege de posibles redadas.
La actividad en el Pueblo Español se ha visto algo reducida, y Aub ha conseguido que les presten una sala espaciosa de la reproducción del ayuntamiento de Valderrobres, desde sus ventanas se ven casas rústicas de la plaza Mayor, lo que evitará que se necesite retroproyector. Se intentará, por una vez, seguir el orden de las secuencias en la medida de lo posible. Para las dos primeras (XII y XIII) además de Lado y Telmo, se necesitarán algunos actores secundarios que deberán ejercer de Gustavo, el presidente del Comité de Linás y el maestro, además del que ya colaboró con Lado en el papel de Pío cuando rodaron por primera vez en el Pueblo Español la secuencia de la taberna (XX).
Tres mesas en semicírculo, con el presidente en el centro y diversos extras sentados a sus lados, uno de ellos Pío. Algunos más, de pie. La cámara, al fondo. José, el campesino que ha descubierto un campo de aviación rebelde, da un fuerte puñetazo en la mesa, negándose a desvelar en público su ubicación.
Simultáneamente entra Gustavo, al cargo de los heridos en el asedio que sufre el pueblo, cada vez más. El maestro ofrece la escuela como lugar para acogerlos. Sigue la discusión del presidente con José. Interviene Pío:
—José tiene razón, ya hemos hablado bastante…
Ante la tozudez de José, un grupo se levanta. El presidente sugiere que para pasar las líneas deben ser un grupo numeroso, a lo que José renuncia. Le acompañará solo Pío.
En teoría son apenas dos minutos de rodaje: algunos planos generales y también unos medios de José, Pío o el presidente. Un trávelin circular acompañará al grupo indicado por el presidente al distribuidor. Allí, el campesino rehúsa una pistola mostrando una navaja.
—No gracias. Está bien así.
Sin embargo, ha llevado todo el día. La docena y media de extras ha dificultado en gran parte el rodaje. Algunas tomas, a pesar de haberlas repetido, no servirán en el montaje final, como el comentario del Campesino tercero, que al ver la pistola rechazada dirá pesimista: “Hubiese debido tomarla… Para lo que nos ha de servir…”
Por la noche, en el Ritz, Josette espera ansiosa a André. Tiene un telegrama en la mano: su amiga Suzanne le indica que unos amigos las han invitado a un concierto en Le Puy. Una ocasión única para respirar aire puro, para dejar de oír las estridentes alarmas, para vivir.
André no está por la labor. No tiene el dinero que sabe que Josette necesitará. Es incapaz de asistir a un acto público sin un vestido de estreno. Y la peluquería, los complementos, por no hablar de los billetes de avión.
Una semana después, la compañera de Malraux responderá a su amiga[iii]:
“He preguntado a André por la cantidad que puedo disponer para ello. Me ha contestado: Nada. Comprenderá usted que en Le Puy sin dinero en el bolsillo, sin peluquería… Me he calmado y escribo esta carta que no le gustará recibir y que termino tristemente”.
Quizá en enero. Ella seguirá insistiendo. O quizá venga su amiga a Barcelona, aun a pesar del peligro y la escasez.
SABER +:
4.5.2.- Con dinamita podemos.
Durante los siguientes días dispondrán de los mismos extras que durante el rodaje en la calle Santa Ana —parece que hace siglos—, voluntarios de la ciudad ayudando al pueblo sitiado. Ello asegura la continuidad de la secuencia XII con la XIII, en la que, idos ya José y Pío, llegará González a Linás con algunas armas y unas cajas con dinamita, expedición que se refleja en la salida de la ciudad en la secuencias IX y X. José Telmo va entrando en el papel. Ha perdido algo de su hieratismo inicial durante el rodaje en la droguería[iv]. Asume su papel de dinamitero asturiano.
La situación en Barcelona es caótica, a pesar de algunos intentos de pacificar, al menos, la política interna. El día 8, Companys a invitado a almorzar a Negrín, acompañados de los responsables de finanzas de las dos entidades: Méndez Aspe por la República, Tarradellas por la Generalitat. Ninguno lo mencionará, pero en el interior de cada uno bulle la idea de la caída de esta zona en manos rebeldes y, con ella, el destino de los fondos existentes. Mandarlos a Madrid para continuar la resistencia sería suicida, pero la gestión de su paso a Francia tampoco será fácil, en especial si se decide por separado. De todas formas, en la prensa se vende la idea de una cierta concordia[v]. Otra acción en el mismo sentido ha sido el viaje de parlamentarios catalanes a Madrid llevando una carta del propio Companys[vi] al alcalde de esta ciudad, señor Henche. Miravitlles los acompaña. Pero no todo es tan plácido. Met, quizá molesto por la tendencia de Aub a buscar apoyo en las autoridades republicanas y no las catalanas, está cada vez más distante.
En la sala del edificio reproducción del ayuntamiento de Valderrobres, en la Plaza Mayor del Pueblo Español, con el mismo elenco de la semana anterior y algunos figurantes más, algunos conseguidos en el sindicato del espectáculo y otros entre los refugiados en el estadio de Montjuic, se rueda la llegada de González con el escaso material de apoyo. Excitados, de pie en el centro de la estancia,
PRESIDENTE: ¿Cuántos fusiles?
GONZÁLEZ: Doscientos kilos de dinamita. Y nuestras tropas han llegado al río.
PRESIDENTE: ¿Cuántos fusiles?
Las caras se van agriando. Sigue la conversación hasta que el presidente del Comité de Linás se dirige a los allí presentes:
PRESIDENTE: No tienen fusiles. Nosotros y los que no tengan familia resistiremos en el desfiladero lo que podamos, con las escopetas. Más no podemos hacer.
La escasez de material, el ahogo al que la No Intervención somete a la legítima República. Y el heroísmo del pueblo que, a pesar de ello, sigue resistiendo más allá de cualquier lógica militar.
Malraux y Aub se miran complacidos. Berenguer está haciendo una buena labor —lo han constatado en las primeras bobinas de su época como cámara que han llegado reveladas desde París—, y los actores se lo toman con interés, salvo aquel desdichado de Peña, el “guaperas”. La secuencia va quedando bien, aunque faltarán los exteriores, en este caso dos: el de la llegada de los voluntarios de la ciudad en un coche y la visión de los heridos portados en angarillas que se llevan a la escuela del pueblo. Lo irán posponiendo, quizá mañana, quizá mañana, hasta que se precipiten los acontecimientos y deban rodarlo ya en Francia.
El actor que encarna a Gustavo habla de la dificultad de traer a los heridos por el talud del monte. González le pregunta si la subida es dura. Sí, responde el lugareño.
GONZÁLEZ: No preocuparse todavía. No estamos enterrados. Ni los del puente tampoco.
Ordenará que se convoque a todo el pueblo para que aporten tantos recipientes como puedan. Servirán para colocar la dinamita en su interior y poder así arrojarla contra la caballería y los blindados franquistas.
El resultado ha sido bueno, salvo la declamación dubitativa de quien encarna al maestro. Al final lo dejarán como está y será doblada antes del montaje. Dos días provechosos a pesar de estar obligados a rodar en la oscuridad o en interiores no siempre adecuados.
Aub, que desde que marchó Denis Marion asume prácticamente todo el seguimiento del guion, evitando que queden lagunas por rodar, le indica a André:
—Ahora que estamos con los interiores del Pueblo Español, podríamos rodar las visitas que el comandante realiza a varios pueblos del entorno para pedir coches que puedan iluminar el despegue de los aviones.
—Aviones —Malraux, con una sonrisa amarga—. Un Potez y apenas unos minutos. Pero sí, tienes razón, aunque si no encuentras a Peña, va a ser difícil.
—Santpere puede hacerlo. Al menos una. Imaginemos: están fatigados, al borde del fracaso. ¿Y si Attignies está en el coche y sólo el comandante entra en los consejos municipales? Al límite, podría conducir el coche otro personaje. Probemos, André, probemos al menos un encuentro.
—De acuerdo. Pero que no quede por hacer la recogida de recipientes. Es una muestra de solidaridad del pueblo de la que no podemos prescindir.
Max lo comenta con Elvira, que ha venido al hotel Majestic para mecanografiar de nuevo alguna secuencia del guion[vii] que, como tantas, ha sufrido alteraciones de última hora a tenor de los acontecimientos.
—Lo tenemos todo a medias. Por un lado vamos rodando interiores, eso aún; pero quedan exteriores clave que ya no se podrán rodar, al menos en España. ¡Dónde voy yo a conseguir tanques o caballería para atacarlos con la dinamita de González! Tampoco hemos rodado nada de cuando los habitantes de Linás, empujados por este, arrojan la campana de la iglesia desde lo alto, para llenarla de dinamita. Miré el campanario mudéjar de Utebo en el Pueblo Español, pero no tiene campana y subir una para después arrojarla… También deberían aparecer unas vacas a las que unos voluntarios les quitarían los cencerros para llenarlos de dinamita. ¿Has visto alguna vaca por aquí? No sé cómo va a acabar todo esto. Pero no podemos dejar de seguir como si nada, como si no nos bombardearan, como si no nos faltaran actores, como si no tuviéramos ni un avión en una película de aviones. Hasta nos cuesta conseguir campesinos en El Prat, en una obra que va de pueblos rurales.
—¿Has probado en el estadio? Allí hay cientos de refugiados de Málaga y otras partes que quizá pudieran servir. Bueno, es una idea.
—Y buena, Elvira, y buena. Hemos mirado entre los internos del Pueblo Español, pero es muy difícil que nos los dejen. Buena idea. En cuanto pueda, iré a darme una vuelta por allí. Y quizá me alargue hasta el castillo. Con sus defensas, podría ser un buen lugar para rodar tranquilos, siempre que no precisemos sonido. Ya veré, pero sí, Elvira, muchas gracias. Eres fantástica.
4.5.3.- Los dos cabecillas.
El buen hacer no solo de José Telmo, sino también de los figurantes, con o sin papel, les ha animado a rodar —no hay otra— más interiores. Sin embargo, la ausencia de Julio Peña, cuyo Attignies acompaña a su comandante por los pueblos circundantes para que le presten vehículos cuyos faros puedan orientar el despegue del Potez, supone un impedimento grave.
Aub ha sugerido rodar, al menos, una de las secuencias (la XXXII) sin Peña. Ante la reticencia de Malraux, le ha dicho:
—Bueno, parece que están muy cansados, así que como Attignies es quién conduce, podemos simular que se ha quedado fuera, en el coche. Cuando encontremos a Peña, lo rodamos durmiendo. ¡Será cabrón!
—¿Y dónde rodamos?, ¿ha encontrado usted alguna sala que pueda representar el ayuntamiento de Torás?[viii]
—En estudio, tenemos varias opciones. Las ha considerado Berenguer y dice que con película Agfa no hay problema. En el Pueblo Español, incluso en algún plató pequeño de Orphea. O, si quisiéramos, en lugar de ir a buscar lugareños al Prat, ir nosotros allí y rodar en alguna sala de la Unió de Rabasaires. No será problema.
—Pero sí los exteriores. No podemos dar un seguido de imágenes de interior sin sugerir los desplazamientos que ello debió implicar.
—De noche, con el coche, podemos hacerlo en el Pueblo Español. Cuando los reclusos duerman. Me lo ha dicho. Un par de vueltas por las callejuelas, tomadas desde varios ángulos o desde dentro del coche serán suficientes.
El francés no atiende en demasía las sugerencias. Peña, ese es el verdadero problema. Aub lo entiende pero no quiere caer en el desánimo. El lunes aún podrá conseguir un coche y primero subirá a darse una vuelta por el estadio y el castillo de Montjuich, y luego bajará la ladera de la montaña hasta El Prat de Llobregat. Sabe que ha caído bien entre los campesinos, así que algún buen almuerzo podrá encontrar.
En el ambiente hay una calma tensa[ix]. Caído el Ebro, se teme ya una ofensiva en toda la regla contra Cataluña, que aún no ha empezado. Incluso, de momento, parece que hay menos bombardeos. ¿Hasta cuándo?

En el estadio, casi un millar de refugiados, muchos de ellos de Andalucía. En situación precaria, su cercanía al castillo y sus antiaéreos les han evitado hasta la fecha ser víctimas de ningún bombardeo. Están ahí desde hace meses, algunos desde hace año y medio.
Al ver aparecer un coche de aviación, el utilizado para el rodaje, hay un cierto alboroto. De la vorágine de niños corriendo y mujeres tratando de protegerles, surgen dos hombres de mediana edad, Ambos con gorra, chaqueta y chaleco. Son más bien bajos de estatura. Aub intuye de inmediato que son algo así como los cabecillas del colectivo. El más decidido, cigarrillo en la comisura izquierda, se planta delante de él.
—¿Qué quieres, camarada?
El tono no es agresivo, pero tampoco amistoso. Su estatus le obliga a dar un aire de formalidad que Max considera fuera de lugar. No empiezan bien.
—Hace ya unos meses que estamos con un grupo de franceses y actores españoles rodando una película en el palacio de la Química que ahora son los estudios Orphea.
—Y una comisaría del SIM. Lo sabemos.
—Me preguntaba si alguien de su grupo querría participar en el rodaje de una secuencia. Es fácil.
El silencio expectante de los dos andaluces le obliga a abrir algo el foco.
—A los que participaran, ustedes dos por ejemplo[x], les daríamos vales de comida, cigarrillos, y si fuera preciso, algo de leche para los niños.
Los dos se miran. No acaban de fiarse.
—¿Dónde tendríamos que ir? Desde luego, al SIM ni hablar.
—No crean, tampoco hay para tanto cuando están cubiertos por el gobierno de la República. La película es muy importante para ellos. Se proyectará en toda Europa e incluso en los Estados Unidos.
—Pero ¿dónde van a hacerlo?
—Quizá en algún edificio del Pueblo Español —Max mira a su alrededor—, o puede que incluso pudiera hacerse aquí mismo. Lo hablaríamos. Desde luego, no haríamos nada sin su consentimiento. Si me permiten, me gustaría dar un vistazo por si hay algún rincón adecuado, que seguro que sí.
Acompañado de los dos cabecillas, a los que ha dado ya sendos paquetes de tabaco, recorren los soportales. Sí, podría ser un buen punto para rodar la recogida de recipientes que González llenará de dinamita. A falta de una campana… Incluso seguro que la mayoría son de uso diario aquí; los de atrezo no deberán esforzarse mucho. Quedan en que ya les dirá algo. Al salir, se despide con un abrazo y dos paquetes más de tabaco.
En el castillo la acogida es más fría aún. Los militares están preocupados por su futuro personal. ¿Qué pueden hacer en el castillo si las tropas rebeldes rodean Barcelona? El anterior responsable, el capitán Julio Salvador[xi], que semanas atrás les había visitado en Orphea, ofreciéndose para lo que fuera, ya no está, ha sido trasladado al aeródromo de Els Monjos. Su sustituto no es tan amable. No hay indicios de que se prepare ningún tipo de resistencia. Aunque, bueno, por el bien de la República, algo podría hacerse en momentos puntuales y siempre que no se avecine ningún ataque que haya que responder.

En el Prat ha saludado a viejos conocidos, de cuando al inicio del rodaje estuvo tomando fotos de posibles figurantes, algunos de los cuales ya estuvieron presentes en alguna toma, como la de las honras fúnebres para Marcelino Rivelli[xii]. De momento, ha caído un muslo de pollo cocinado con patatas que le ha sabido a gloria. Luego, en la Unió de Rabasaires, encuentra una sala idónea para rodar el encuentro del comandante con los responsables del pueblo a quienes pedirá coches. Por la noche se lo comunica a Malraux.
—No se preocupe por los exteriores. Y tampoco, por lo que he visto, por los figurantes. Además de El Prat, el estadio puede ser una fuente inagotable.
—Pues no digamos más. Rodemos ya un encuentro de Santpere con los pueblos. Mañana o, a lo sumo, pasado. Coja también alguno del sindicato para que haga de presidente del comité local. Vienen las Navidades y, por muy ateos que sean, seguro que menudearán las excusas para no venir. Hagámoslo durante esta semana. Y la siguiente, los cachivaches de la dinamita. Gracias, Max. No sé qué haría sin usted.
Este sorbe el resto de armagnac que le queda en la copa y sonríe afectuoso. No es muy habitual que el francés se muestre tan amable.
La amabilidad se trunca en desazón al subir a su habitación, donde encuentra a Josette llorando. Ha tenido que desistir de su viaje para el concierto al que la invitaron. Había ya previsto que Suzanne le comprara un vestido de Lanvin, de tafetán negro, para asistir, como ha dicho textualmente[xiii]: “a recepciones capitalistas, para bailar, ser suntuosamente frívola, ¡música, arte y elogios!” Pero todo se ha ido al traste. Él la abraza.
—Le prometo que iremos a París. Quizá no compremos el vestido, pero veremos a nuestros amigos: a Suzanne, a los Tual, a Corniglion… Tengo muchas cosas de las que hablar.
Evita decirle que es consciente de la situación y de que muchas de las secuencias quedarán perdidas o deberán rodarse, si se puede, en París. En cualquier caso, debe prevenir a Roland Tual para los estudios Pathé y a Corniglion, que sabe que rehusará pero acabará cediendo, para el tema económico. La deposita en la cama y la cubre delicadamente, besándola en la frente.
—Y ahora duerma tranquilamente. Iremos, querida mía, iremos en unos días. Pero ahora descanse.
SABER +:
¡Oh, es él! (siguiendo la pista a una fotografía)
NOTAS:
[i] GONZÁLEZ-TABLAS SASTRE, j. (2016): 114. Figura Severiano Andrés Mejuto como capitán de la 3ª sección de Estado Mayor de la 72 división.
[ii] GERHARD, Carles (1982) : 861.
[iii] CHANTAL (1976): 120.
4.5.2.
[iv] La verdadera historia del rodaje de Sierra de Teruel: 4.1.6.
[v] La Vanguardia, 9.12.1938 P. 1.
[vi] La Vanguardia, 8.12.1938 P. 1
[vii] Lo cuenta Elvira en el documental: Siete meses de rodaje (TV3-Tarasca 2004): https://www.visorhistoria.com/anexos/videos/
4.5.3.
[viii] En pantalla, el comandante Peña tacha el nombre de Torás después de salir de la entrevista.
[ix] La Vanguardia, 20.12.1938. Página 2: Día 18, La actividad operante registrada en los distintos frentes careció de importancia. Día 19, Sin novedad importante que consignar en los distintos frentes
xihttps://www.visorhistoria.com/secuencia-xiv-1-oh-es-el/
[xi] GESALÍ, David y ÍÑIGUEZ, David (2012). La guerra aèria a Catalunya (1936-1939). Barcelona, Rafael Dalmau editor. Página 447.
[xii] https://www.visorhistoria.com/rodando-en-estudio-agosto-1938/
[xiii] CHANTAL (1976): 120.